Bachelet es presidenta por segunda vez y la plaza pública vociferante habla de ella: de su simpatía, de su ser mujer, de su popularidad, de su transversalidad, de sus capacidades presentes o ausentes, de sus evasivas, de su cuerpo, de su ropa, de sus gestos. Desde esta trama de imágenes se forma una gran matriz —madre de la cual se desprenden como retoños, diversos discursos ciudadanos llenos de esperanzas y temores.
Entonces surge la pregunta de si acaso hay o no una estratagema para impulsar la redistribución de los actuales flujos económicos y si estará debidamente pensada su relación lógica con la calidad de un proceso productivo llamado educación. Las declaraciones programáticas por estos días generan panfletos de horror que anuncian el desfalco de todos los bolsillos, sean estos grandes o chicos. Es que cualquier emprendedor visionario entiende que una planificación estratégica diseñada desde el interés del dueño, debe poner las inversiones donde el retorno esté asegurado. Esto no se ejecuta mediante una asamblea constituyente para accionistas, simplemente opera técnicamente y de facto.
La presidenta no da las respuestas técnicas específicas esperadas, al menos no en público, y deja a los mercados (editoriales) especular. Es como si Bachelet fuera acusada de seducir en base a una apariencia. Quizás esa ausencia sea precisamente el dispositivo transformador que da espacio para que tome sentido el postergado hijo de vecino y también sea la causa del horror en quien tiene una necesidad voraz por llenar. Vivimos la seducción o la apasionada aversión hacia la presidenta del género femenino, particular forma de amor en los polos que también opera en toda Latinoamerica hacia sus gobernantes, más allá de si corresponde el presidente vigente al cuerpo de un hombre o el de una mujer.
Baudrillar escribe de la seducción, estableciendo una diferencia entre la sexualidad masculina y la sexualidad femenina basándose en la condición política de esa ausencia. Es una respuesta crítica a aquellas posiciones feministas de los '60 en donde la sexualidad de la mujer no debía jamás ser en base a las apariencias sino constituirse desde una sustancia para diferenciarse de la de los hombres. En cambio Baudrillar reivindica el valor de la seducción de la apariencia como simbólico, apariencia que en ausencia de una sustancia permite un espacio para el surgimiento de algo que no estaba. Esta sexualidad de lo simbólico se opone al estatuto de facto de la política masculina con su tiranía de la presencia que llena y domina.
Desde la afirmación freudiana del destino anatómico de la sexualidad, el camino de la sexualidad de la mujer encuentra un escollo y al mismo tiempo una condición de producción para su propio género como una construcción cultural para la sexualidad, arrasando con el cuerpo biológico. Si lo anatómico es el destino, la mujer no basa su sexualidad y placer en la funcionalidad de la recepción del hombre y la fecundación. Para Baudrillar esta sexualidad femenina trasforma al cuerpo, lo metaforiza y lo disloca de su funcionalidad con su deseo.
Si acaso ese femenino queda del lado del deseo y de la dimensión simbólica de la seducción, eso que falta da un espacio para el surgimiento del pensamiento en el cuerpo. Esa falta que para el psicoanálisis es condición y posibilidad de la producción permanente, es además una respuesta subversiva a la monolítica concentración del poder, falocrática y dominante.
Volviendo desde ese femenino a nuestra realidad, podemos pensar en darle una vuelta a la falta de respuestas tras la sonrisa de Bachelet y la suposición de su incompetencia tecnocrática. Podría pensarse que en tanto seducción, más allá de la mera simpatía, al reconocer implícitamente la falta en lo dicho, su política de la apariencia oferta una posibilidad para que la ciudadanía tome sus palabras y también sus malos entendidos. La seducción de lo simbólico deja espacio para el surgimiento de un pensamiento nuevo y le pone el cuerpo a esa espacialidad para que los discursos púbicos confluyan a pesar de sus discrepancias. La reciente caída del falocratismo millonario para el advenimiento de una política de lo femenino, nos da una breve oportunidad para hacer un desplazamiento en las retenciones mortificantes de nuestra economía afectiva, material y bursátil, porque estamos en la aparición de una operatoria de la seducción y no del anhelado control del retorno. Al menos es una posibilidad de que así sea por un tiempo, hasta que las estratagemas de los intereses vuelvan a expulsar lo subjetivo, igual como ha ocurrido siempre, desde el logos griego y su conquista de la naturaleza hasta la ciencia económica que anima incluso hoy la lógica del know how y de los grandes capitales.
Esta política de la seducción no se pone en juego solo porque nuestra presidenta sea mujer, también la hemos visto en las particularidades de los actuales presidentes latinoamericanos a pesar de ser hombres. Más allá de la biología del varón-hembra, es la construcción de una sexualidad y de una política de la seducción lo que le da un nuevo marco a nuestras erogeneidades y sus relaciones. También en Chile lo vemos en los liderazgos de algunos de nuestros alcaldes, como en Providencia o en Santiago, así como los diputados recién electos que parlamentan sin corbata o quedándose sentados en el momento en que se rinde culto al poder de facto.
Mientras la presidenta entrante usa los poderosos dispositivos transformadores de la seducción, la avanzada del poder material y su reivindicación de libertad para ser propietario de todos los flujos construye complejas tramas deliroides para retomar el poder en 4 años más. Sería la esperanza de todos aquellos que asqueados de sonrisas y palabras al viento, hoy esconden sus cuerpos para evitar ser seducidos por las transformaciones y perder algo de lo que guardaban solo para su propio cuerpo.
Como siempre, su escritura fina levanta preguntas y da para pensar, superponiendo algunas ficciones interesantes que invitan a construir. Ficciones que por lo demás estructuran un sentido de lo que se ve y escucha, quizás un sentido esperanzador...
ResponderEliminarSi la verdad se estructura como ficción, ¿entonces cómo reconocerla?... ¿Será este escrito una manera (o su manera) de calmar nuestro malestar en la cultura?... Los silencios son "en plural", imposibilidad que solo exista uno, y créame que hay silencios son terroríficos. Silencios que precisamente no dan cuenta de una falta, en tanto generadorade deseo, sino de una complitud, en tanto generadora de muerte...
Le agradezco sus palabras; me hacen pensar en el silencio de la concentración eficaz del poder, es posible que la palabrería de hoy en día nos deje un espacio suficiente para seguir deseando
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