21 de noviembre de 2012

El concilio chileno del Hospital Clínico UC: “Hospes Privatus”

Por Antonio Moreno Obando

Ayer se pudo observar a simple vista en nuestra ciudad la imagen de un trabajador del Hospital Clínico de la Universidad Católica crucificado en el frontis, como manifestación performática que representa sus demandas sindicales y morales. La crucifixión en una institución de inspiración católica no es un simple cartel; por momentos parece la expresión de una eterna dualidad, o trinidad si se quiere, que ha puesto en quiebre desde sus inicios el sentido del cristianismo y su cruz.

En el concilio de Efesto del siglo V después de Cristo, la suspicacia de Nestoriano hacía explícita la incómoda posibilidad de que Jesús tuviera dos naturalezas irreconciliables: humana y divina. Si bien se condenó con horror en ese momento la posibilidad de humanidad que Nestoriano vislumbraba, a partir del siguiente concilio de Calcedonia y luego todos los demás ecuménicos en occidente se vieron en la obligación de tomar esta dualidad e incorporarlas en una unidad, de partes escindidas, pero hechas uno por el espíritu santo. Esta fusión de dos características opuestas llamada unión hipostática, nos hace pensar en una sola persona que debe conciliar dos voluntades contrapuestas que se juntan en la carne de Dios que es su hijo.

Freud también pensó el Yo enfrentado a dos fuerzas opuestas, lo que se debe hacer como requerimiento externo y las pulsiones pujantes con su incansable requerimiento de descarga desde el interior. Freud llamaba a esta incomodidad vasallaje, o luego malestar en la cultura. Desde entonces para un neurótico es posible esa contradicción y en su dialéctica poder sostener una relación transferencial con su analista que permita su cura, en el sentido clínico desde luego. Pero en la doctrina apostólica nunca ha logrado descansar este vasallaje que también sufre.

La Pontifica Universidad Católica de Chile basa su Plan de Desarrollo en la constitución apostólica redactada por Juan Pablo II a principios de los '90 Ex Corde Ecclessiae que define una institución académica católica como “una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales.”

En este mismo sentido es conocida la vocación de servicio y solidaridad que prestan algunos alumnos de pregrado, que inspirados por estos lineamientos UC desde la pastoral o desde organizaciones estudiantiles generan acción social. Pero más allá de la mística juvenil, campamentos y vida universitaria, instancias cruciales para el país como la atención en salud masiva desde un Hospital Clínico de la misma universidad no necesariamente sostiene su misión organizacional del mismo modo.

Klinike es aquello que se hace al pie de la cama, lo que se hace con aquel que esta por alguna razón inclinado, quebrado en su verticalidad bípeda. La clínica desde siempre ha conservado un sentido de hospedaje, el hospes que necesita aquel semejante que pasa por el camino acongojado de cuerpo y espíritu, el que no puede seguir, el enfermo que representa Cristo en la cruz, no importa de donde venga ni hacia donde se dirija.

Pero la inserción del Cristo crucificado en el mercado chileno, ha obligado a nuestros feligreses del capital y guardianes del magisterio a competir para liderar el mercado de los despojados. Las condiciones de la oferta en salud de este modelo nos devuelve al problema Nestoriano, hace un corte sagital a la unión hipostática para encontrar el empuje emprendedor del Cristo hombre, su liderazgo, sus habilidades blandas, su managment, su orientación hacia los resultados, su eficiencia y eficacia. Entonces los espíritus de los caminantes de nuestra urbe son demandas de mercado y sus padeceres son cuantificables en costos y mensurables en insumos y retornos de capital. El hospes se vuelve privatus, vale decir, privado, es un hospedaje que priva a los que no tienen lo suficiente, que debe poner su práctica al pie de la cama no como un fin sino como un medio para conservar su plan de negocios, para no claudicar en su estrategia de capitales, y así estar a la altura de la feroz competencia laica que asecha.

Del Ex Corde Ecclessiae a la Integración vertical económica a la que se refería esta semana Matías Goyenechea. Estrategias corporativas que sostienen sus utilidades en una cadena jerárquica de necesidades que protege al usufructo bajo su alero, con un paternalismo firme pero considerado; este modelo que tanto acomoda a la familia tradicional chilena del latifundio. Acá sí importa de dónde venga la gente que se hospeda, y por su puesto la fidelidad que tengan sus trabajadores a los intereses del dueño del capital, los cuales deben poner su honestidad y vocación al servicio del poder del amo para que los proteja con su potentado prestigio en cada currículum vitae.

La misión académica católica de la constitución apostólica no es competitiva porque está inspirada en la santidad, en esa inspiración que tiene su recompensa en el reino de los cielos. La investigación clínica, la docencia, la vocación de servicio y el involucramiento en los severos problemas de atención en salud de nuestro desigual país no constituyen un mercado suficientemente atractivo para inversiones con la marca de Jesús.

Es inquietante ver la imagen de un servidor de Cristo por ser, se quiera o no, trabajador de una institución de Cristo, crucificado por la dignidad de un reajuste salarial. Quizá si el viejo difisismo de la primera Iglesia hubiese prevalecido, tendríamos hoy la misma Iglesia pero más integrada a las ficciones de la carne y sincera con su voluntad mundana que por naturaleza no logra empalmar totalmente en el verbo divino: teniendo sexualidad, pudiendo generar emprendimientos y utilidades sin hacer penitencias, aceptando el pecado como una posibilidad. Así también podrían darles al fin su propio espacio a los que no necesitan ser líderes ni tener management para buscar su verdad lejos de lo suntuoso.

En estos tiempos queda claro que la ilusión apostólica romana de que existe una sola cruz no se sostiene y deja en evidencia a la nueva subjetividad ciudadana que la doctrina lejos de regular, funciona como un buen pretexto para dejar bajo la alfombra el exceso contra el que tanto han combatido.

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