Por Antonio Moreno Obando
En 15 días vivimos tres eventos encadenados diacrónicamente en Chile. Primero fueron las elecciones y los abstinentes, segundo las monstruosas vestiduras en pequeños cuerpos pidiendo dulces y tercero las elecciones de representantes en EEUU por televisión. Abstenciones, monstruos e invasiones extranjeras, politikones, zombies y nacionalismos contrapuestos.
Pero a pesar de que ni la democracia, ni los zombis, ni el imperialismo se inventaron en Chile, estamos atravesados de igual manera por estas imágenes; se presentan desagregadamente en cada una de nuestras pasiones ciudadanas a pesar de la habladuría universalizante que las xenofobizan.
Hace algunas semanas atrás, mucho antes de la extranjera celebración de Halloween, jóvenes chilenos zombis caminaban en plena Alameda. Los adultos vivos miraban con curiosidad desde su habitual tribuna de la vereda, como cada vez que cortan el tránsito en favor de una proclama ideológica, desconcertados preguntándose qué tipo de manifiesto esta vez interrumpía la circulación urbana. Pues ninguno, era solo un acto estético de jóvenes disfrazando sus cuerpos con la muerte, carne expuesta de pintura y plásticos que horrorizan a quien pueda o quiera ver.
Más tarde, el primer evento, nuestra elección democrática de voto voluntario y su inolvidable 60% de abstención. ¿Cuál será la razón de que los jóvenes se quejen tanto y no concurran a sufragar? ¿Será que sus espíritus ya están muertos de tanta red social o por ser simplemente mal educados?
La generación de muertos en vida que no se dejan representar, que respiran y demandan pero desde la oscuridad, no se iluminan con la luz apolínea del voto democrático y prefieren la manifestación trágica, opaca y poco racional de Dionisio. El zombi surge y acosa con un requerimiento real, no aguanta el discurso civilizado del pobre vivo trabajador padre de familia que arranca con una escopeta en la mano; el zombi tiene hambre, quiere tu cerebro, tu corazón, sin eufemismos, sin velos, voraz y deprivado del eros, triste, sediento y fatal.
Freud en su texto Duelo y Melancolía proponía una articulación metapsicológica para aproximarse desde la experiencia clínica a estos muertos en vida. Decía Freud que se identifican al objeto que perdieron y que por lo tanto retiran su amor por el mundo para vertirlo hacia el yo como objeto perdido. Los describía como sujetos de acuciante franqueza que esperan repulsión y castigo. El melancólico no puede hacer un duelo normal por lo perdido sino que debe convertirse en lo perdido y extrañarse de los objetos del mundo. Un zombi no puede ir a votar porque está muy lejos de tener relaciones significativas con los vivos, está omnubilado por una gran privación, ideantificándose con ella. Los zombis no tienen sindicato, no son organizaciones funcionales otorgadas por un municipio, no escriben manifiestos, no son ni sabios ni ignorantes, no saben si su disfraz es gringo o chileno, no son consecuentes, no son conscientes.
En la primera parte de su obra Freud diferenciaba las psiconeurosis de defensa de las neurosis de angustia. En ambas hay una retención de la líbido que no tiene una adecuada tramitación a través de la consciencia, sin embargo mientras en la primera esta detención era producto de una represión por conflicto psíquico, en la segunda solo había una abstención. Muy pronto para Freud estas neurosis actuales quedaron fuera de su elucidación clínica, pues no parece en esos sujetos surgir una genuina demanda de curación sobre el síntoma que les irrumpe. La neurosis de angustia o actual, solo se cifra como padecer en una retención de la libido.
Lo actual de esta angustia aquí parece no tener una resonancia discursiva, simplemente transita por un cuerpo y se manifiesta. Esta actualidad no elabora una representación en la cual se juegue o se tramite su posición con el resto de las representaciones del mundo, algo no alcanza a investirse en un espectro que necesite de lo que los analistas llaman el goce fálico para saber y existir.
Estas apariciones espectrales sí son muy perturbadoras para aquellos que están en plena disputa por el prestigio en medio de las representaciones del mundo lenguajero, y parece inaceptable que existan semejantes que no pretendan entrar en esa alienación discursiva. Horroriza la cercanía con lo real, angustia, moviliza; haz algo de tu vida, vive o muere, no pueden estar en la mitad, búscate un trabajo, estudia, hace algo productivo.
El segundo evento que nos ocurrió fue la noche de los muertos, y son los más pequeños los que con una enorme emoción y anhelo buscan la manera de disfrazarse de escalofriantes maneras. Pronto aparece la mirada del padre chileno despreciando el lucro de estas festividades, la lejanía con nuestras tradiciones, es que el supermercado Líder con toda su transnacionalidad a cuestas aún no ha pensado en vender un disfraz del Trauco para Halloween, quizás en el Mall de Castro...
Pero los pequeños cuerpos infantes aún no están celosos del prestigio arrebatado de sus padres endeudados con la tarjeta Presto, no se juegan la resistencia contra la invasión extranjera abusiva (o tal vez sí de otra manera), no piensan en un acto político consecuente de la ciudadanía chilena. La deuda, al menos del supermercado, aún pertenece a sus padres.
El tercer evento los chilenos lo vimos en televisión y en twitter; y vimos muchas más cosas que Obama: parlamentarios latinos y homosexuales, legalización de la marihuana y la frase más retwitteada de la historia. Todo un desfile de situaciones cotidianas para nosotros pero presentadas ya no desde la plaza pública sino que desde una pantalla. Es que todos esos también son nuestros problemas y también se ofrecen a la identificación de los vivos que mueren que tienen deudas de tarjeta y combaten contra la opresión de alguien.
Nuestro malestar hoy aparece envuelto en estos eventos, que aunque tengan una falla en la originalidad fálica que deseamos y parezcan mala copia de algo, toman lugar en nuestras producciones culturales, en nuestros discursos, en nuestras renuncias pulsionales y en nuestro deseo.
Eso también incluye a nuestros muertos en vida de caminar lento y brazos extendidos y anhelantes que empujan como representación de una cosa y que no pueden traducirse fielmente en palabras provenientes de tecnologías políticas o sociales eficientes y eficaces. Freud aconsejaba al clínico en esa época a tomarse tiempo; estos trabajos de la líbido son lentos y caprichosos, también son tiempos sincrónicos, a veces momentos o esquinas de la ciudad sin mayor justificación que se ofrecen para la irrupción irracional del mito, no siempre el pacto social fue un logos politikon tan apurado, interesado, objetivo y feroz.
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