25 de septiembre de 2012

Litio Day and Chilean Trust

Por Antonio Moreno Obando

En el día en que conmemorábamos un traumático quiebre institucional, este año nuestras autoridades y empresarios prefirieron innovar celebrando en la bolsa de Londres el Chile Day. Según lo comentado por un propio miembro de la delegación en El Mercurio, el objetivo principal de la exposición era demostrar seguridad y atraer nuevamente la confianza de los inversionistas. Un 11 de Septiembre Chile invitaba a los inversionistas internacionales, mostrando postales de nuestros conflictos ciudadanos expresados en las protestas. Nuestro delegado comentarista retrataba con viveza el inicial desconcierto de la audiencia. Sin embargo la estrategia logró su cometido, the Chilean trust, no hay nada que ocultar, no se desestabiliza el modelo, puede que salga gente con afán cortoplacista a reclamar a las calles, tan típico de la gente con necesidades y sin talento, pero en Chile no hay nada que ocultar y es un país confiable.

Es curioso que se venda un país lleno de confianza mostrando imágenes de personas indignadas, violentando el orden de las calles y agrediendo a los garantes del cumplimiento de la ley. También esas postales dicen que los habitantes de esa tierra no confían. Pero en el contexto de la inversión del primer mundo eso es precisamente lo que da confianza: se puede invertir porque la poca confianza de nuestros ciudadanos es señal de necesidades insatisfechas por lo tanto augurio de nuevos mercados.

Desde la mirada de un coffee break en la bolsa de Londres, Chile es un país lleno de recursos, donde su potencial sigue siendo los recursos naturales. Parece tan obvio esto con solo mirar la forma de nuestro territorio en un mapa: mar, cordillera, desierto y glaciares, todo en un solo cuerpo territorial. Incluso, ya hay empresas y grupos económicos chilenos con el suficiente seniority o managment como para gestionar inversiones más grandes, tener responsabilidades país mayores, mirar de más cerca el cielo. Desde esta óptica cuesta entender que sean los propios chilenos, o quizás solo los inconformistas sin talento de siempre, quienes no pueden notar estas oportunidades.

A juicio de las autoridades de nuestro ejecutivo, del mismo modo como lo hace un equipo gerencial, reclaman contra aquellos furor administrandis de la contraloría, en este caso el poder judicial, quienes no tienen ni el postgrado en negocios ni la visión suficiente como para mirar más lejos, arruinando con su ceguera las oportunidades.

¿Cuál debiera ser el criterio adecuado para explotar un recurso natural? ¿Acaso será atributivo de los virtuosos leer en forma correcta el potencial de nuestro país? ¿Qué podría saber el ciudadano de a pie lo que significa al largo plazo explotar nuestra riqueza material?

Muchas veces el psicoanálisis se ha topado con dificultades similares. Desde siempre ha mantenido un dialogo difícil con la medicina de la evidencia, la que al momento de investigar o de intervenir apela al conocimiento técnico del recurso natural del cuerpo para poder producir en la experiencia del paciente la satisfacción de adaptarse funcionalmente al medio.

De esta forma, el criterio adecuado para producir en un cuerpo respuestas saludables y ponerlo a trabajar correctamente, es aquel que se ocupa de estudiar la materialidad biológica y sus reacciones químicas. La postura del psicoanálisis en esta discusión hace la eficacia material del cuerpo más relativa y pone el acento en aquel componente cultural, o si se quiere de lenguaje, que determina el valor de la materia según su orientación y anudamiento.

Para ejemplificar esta transformación que hace el sujeto en la materia, Lacan en el Seminario IV pensó en la imagen de un encargado de una hidroelécrica exaltado en su imaginación por el poderío energético del río en su estado virgen. El encargado pone el valor de su industria en tomar la oportunidad de utilizar toda esa energía acumulada en la tierra. Pero la condición material de ese recurso natural no significa nada económicamente sin aquella maquinaria industriosa, sin el artificio del hombre que a favor de un capital y de una rentabilidad pone a trabajar a esa materia. La acumulación de esa materia que se transforma en energía hidroelécrica se produce por techné que aplica el capital, produciendo desde un interés, el monto necesario para impulsar un esfuerzo de trabajo, un requerimiento de gasto energético en función de una producción.

Los conceptos de energía, acumulación y trabajo representan una parte fundamental de la teoría y la práctica psicoanalítica. La pulsión definida por Freud como el limite entre lo psíquico y lo somático también es un requerimiento de trabajo que tiene un fin, que viene desde la acumulación de una energía y que según el recorrido de esa subjetividad que opera en el cuerpo.

La analogía entre el cuerpo y los recursos naturales sólo nos sirve para poder diferenciar el valor de la materialidad como corolario de un factor cultural, porque el recurso natural tiene un valor en tanto generación de trabajo y producción, solo en función de un modo subjetivo y artificial de acumulación.

En el caso del cuerpo de una persona, los avatares de sus acumulaciones, vías de descargas, goces y usufructos por concesiones, son susceptibles de localización y tramitación en el trabajo psicoanalítico. Los intereses, márgenes, pérdidas y restos que estas operaciones productivas dejan para un sujeto, van orientando las direcciones de los tratamientos, según las propias condiciones que cada caso ponga en juego. Pero con un cuerpo como el de Chile que acoge a millones de subjetividades, cada una con diferentes formas de trabajo y producción, resulta muy difícil pensar en una economía común.

La ley juega un rol decisivo en la regulación de los goces. Más allá de su valor de interdicción, la legislación está diseñada para darle un sentido a las acumulaciones de energía y sus trabajos hechos en conjunto. A través de su efecto de sentido, esta ley posibilita la articulación de un discurso que le dé sentido a la producción, a los vehículos de los goces del cuerpo chileno y por lo tanto hacia el lazo social.

Hoy Chile dio una muestra de su confiabilidad y su veracidad al adjudicar la explotación de una de las partes más preciadas por los otros de nuestro cuerpo a la rentabilidad de un miembro de la familia Pinochet y al hermano del ministro de energía a cambio de menos de la mitad de lo que costó el Costanera Center y un mezquino 7% para los gastos extras del estado. Estos elementos seguramente estarán representados en una de las postales del próximo Chile Day a celebrarse en Hong Kong. Si no se impugna la licitación antes, un mensaje estratégico posible para esa presentación sería: no vamos a ocultar nada, nuestra visión competitiva del siglo XXI le otorgó a una empresa chilena su oro blanco, sin importar los prejuicios del pasado o los reclamos envidiosos que no entienden que hay familias exitosas.

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