18 de julio de 2013

Consumir / Consumar

Por Francesca Lombardo

Hace unas semanas fui invitada a participar en una conferencia en el Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital San José (área norte de Santiago) en el marco del programa Chile Crece Contigo el cual ha tenido a su cargo la implantación de psicólogos clínicos en Unidades Hospitalarias de Ginecología y Obstetricia a fin de seguir clínicamente a las pacientes con embarazos de alto riesgo y/o problemas asociados.

En este marco y para un público de médicos, matronas y psicólogos del Servicio, se me solicitó que tomara a cargo hablar del tema Consumo y Embarazo. Ese sería el eje de la reflexión. Detrás de estas nociones está evidentemente que el concepto de “consumo” es el que estaría más sujeto a reflexión, ya que está específicamente (aunque no dicho) apuntado al tema del consumo de drogas y embarazo adolescente y adulto. La contingencia es, pues, los casos de dependencia y manejo de esos embarazos con el antecedente de madres consumidoras de droga. La oscilación entre, por una parte, la inmediatez de una absorción y una descarga irreprimible asociada a la sustancia toxico-gozante y, por otra, la fecundación, retención y gestación lenta, silenciosa, de un proyecto que implica lo actual y también lo futuro.

Pugna inaguantable de derrocharse en el acto y también y al mismo tiempo deseo de contener, llevar a fin una cría y asistirla humanamente y suficientemente una vez nacida.

Boicot al proyecto, apogeo del contraproyecto, agarre y desagarre a la vez.

Es respecto a esto y a las posibilidades y potencialidades en primer lugar etimológicas que me he aproximado al tema. Se me vienen a la cabeza las frases: “consumirse por los dos extremos” y “quemar la vela por los dos cabos.”

El verbo consumir apunta a la acción de hacer de las cosas un uso que las inutiliza. El consumir no es necesariamente una destrucción de materia sino una destrucción de utilidad. La cosa, ese algo consumido una vez realizado, consumado, ya no sirve más, nunca más. Relanzamiento entonces de un nuevo consumo sin tregua para reiniciar y finiquitar a la vez. El consumo se entiende como la acción de llevar algo a su pleno cumplimiento. Utilización de mercancías, de riquezas para la satisfacción de necesidades imperiosas.

La palabra consumar significa hacer la suma, adicionar con… Llevar algo a término, acabar, coronar, cumplir, cometer, perpetrar.

El embarazo, esa coagulación que llamamos fecundación es, me parece, algo fulgurante y feroz, un agarramiento del deseo en la virtualidad orgánica. Pregnante, es decir lleno de sentido implícito, lleno de razón, de consecuencia, un acto que implanta y abre a un proceso, que implica tiempos, fases, colonización del futuro por otra vida interpuesta.
Las razones de “coagulación” que el psiquesoma femenino puede tener para alojar el tiempo entre sus pliegues son muchas. Una autorización entrañable que hace que una mujer conciba no necesariamente está ligada a la posibilidad ulterior de criar, a lo mejor solo llegamos a la prueba de fertilidad, igualarse a la madre sólo en la potencialidad, no en el fruto acabado de una vida humana sobre tierra.

“Quemar la vela por ambos cabos” es en este caso apurar el consumo consumiéndose y a la vez consumar en el embarazo una consumición no menos deseante pero ligada a la inmortalidad. Así, fluyendo simultáneo a esa gran soltada que significa el goce como desgaste y muerte, este gesto de retener, de guardar algo para sí y para el mundo.

Economía del derroche, existencial, solitario y descreído, apurar el trago de un licor insoportable, apurarlo a fin de terminar pronto y simultáneamente con esto, implante de señas de una plusvalía que haga dique, que traiga a otros, que implique suma y no solo sustracción.

Crisis de ambivalencia difícil de soportar para el saber y para el poder, para la medicina, para la asistencia social, para el derecho, la religión.

Consumir y consumar son verbos que apuntan a la economía, es decir a la circulación y administración de los bienes con ganancia o pérdida, sistema de consumo social donde la irrupción críptica y secreta del flujo libidinal que atraviesa al sujeto se muestra en su intolerable realidad.

Crisis es la palabra griega que aparece como indisolublemente ligada a la decisión. Ella puede ser rastreada como un brusco cambio en el curso de un estado, sea en bien o en mal y esto debido a la lucha entre el agente de agresión y las fuerzas de defensa del organismo. Una crisis es siempre un momento peligroso, un punto agudo en la afección, es así como vislumbraría este consumir y consumar. Es probable que el consumar abra sigilosamente una escotilla a la pura usura. Es posible esto al menos por un tiempo, no sabemos, no podemos saber si durable, entrecortado o corto. Esto dependerá de la inversión del deseo en cada caso, es decir, la ejecución inmediata o la ejecución a largo plazo.

Evidentemente que mi exposición para el público que he señalado fue más extensa, pasando por la teoría de las pulsiones, por la diferencia sexual, por el no “instinto maternal,” pero lo que resumo aquí me sigue pareciendo una lonja a re–explorar. Particularmente porque lo que se dibuja de fondo es una gran crisis con la noción de duración, durar cuánto, para qué y por qué. Estas interrogantes la pulsión las actúa y nosotros los espectadores no sabemos qué hacer.

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