Por Antonio Moreno Obando
Ha llegado carta: la madre que parecía enredar su deseo en asuntos extranjeros, vuelve con su deseo a presentar algo mantenido a raya por omisión: su deseo de volver a ser “la jefa” de todos los chilenos. No parece casualidad que durante estos días los medios de comunicación asocien dos hechos de distinta naturaleza ante la presentificación del deseo de esta mujer jefa, la catástrofe del 27/f y la carta que oferta a sus hijos. Al parecer por alguna razón ambos producen un efecto.
El día lunes pasado, una comisión de hijos únicos sin hermanos políticos llamados comisión 27/f, acusan a esta particular madre de haber cometido una gravísima falta por haber privado de los cuidados necesarios a la población, producto de su incompetencia para interpretar señales. Estas señales eran escamoteadas, horadadas, por aquellos chilenos que sufrían una catástrofe real.
Ya todos hemos visto a esta madre por video digital, preguntando en esa oficina de emergencias a esos otros sujetos indiferenciados y semidormidos, como extensiones de un Yo en trabajo de sueño, sobre señales certeras de la catástrofe, pero por alguna razón los escritos que llegaban desde afuera eran indescifrables. En este escenario onírico, las palabras escritas se mostraban como garabatos, lengua materna que aún no pierde todo el sentido y que incapaz para nombrar algo no logra cifrar algo de eso real que estaba ocurriendo.
Sus hijos la acusan de algo claro: no logró traducir una necesidad real en demanda; no hubo la oferta oportuna, y por el hecho de encarnar ese Otro primordial del cual todo emana, esa noche de devastación no hubo una palabra que nos comunicara.
La comisión de hijos únicos en su trabajo llama gravísima esta falta de liderazgo sin lograr explicarse cómo no fue posible leer y entender un texto escrito tan simple como los comunicados faxeados entre las entidades vigilantes. Es que resulta difícil explicar por qué la ex presidenta accede a la lectoescritura para escribir una carta llena de su propio deseo como la que fue leída el fin de semana anterior en la Democracia Cristiana y no le funcionó esa noche cuando leía confusos informes sobre las necesidades de sus hijos. Es que la lectura de las señales siempre es un fallido y penoso camino.
La Onemi es una oficina especializada en gestionar catástrofes. Esto implica emplear todo el conocimiento científico que existe para cumplir su viejo anhelo epistemológico: prevenir y controlar eventos. Para los ojos de un gobierno experto en gestión como el actual, se veía tan sencillo saber leer un fax o prender un teléfono satelital. Sin embargo, hace solo un mes, la autoridad máxima de este organismo decía a quien quisiera escucharlo que los procedimientos de emergencias no podían perpetuarse en el tiempo y que cada situación y localidad tiene sus particularidades, como si no fuera tan sencillo llegar y poner en protocolos la cosa. Aún cuesta creer que después de tanto estudio altamente especializado de entidades independientes que apoyan la gestión del gobierno se pueda saber con precisión las catástrofes del alza en los impuestos hasta el 2020, pero no se pueda aún predecir y controlar cómo sacar el agua de las casas de la clase media cuando llueve un día y medio, ni mucho menos calcular el impacto económico que para esa comunidad en particular esto tiene. ¿Qué pasa con la gestión de las catástrofes? ¿Qué es lo que angustia en las catástrofes? ¿Cuál es la diferencia entre las alarmas y una crisis real? ¿De qué es acusada Michelle Bachelet?
La palabra angustia fue reemplazada por la palabra ansiedad por la neuropsiquiatría de la evidencia hace décadas, en donde el paroxisma expresado como síntoma en la experiencia del paciente está determinado por lo plausible de su causa, parangón a su vez determinado por la adaptación de ese organismo funcional con su entorno. En otras palabras: si usted grita y arranca despavorido al ver avecinarse un maremoto está bien, pero si hace lo mismo cuando ve llegar a su madre de sorpresa un día domingo, posiblemente necesite un tratamiento medicamentoso.
A pesar de que Freud dijo muchas cosas sobre la angustia después de muchas vueltas, recién en el 1932 se anima a diferenciar tres tipos: la angustia real sobre un peligro externo, la angustia neurótica sobre un peligro proveniente de las propias pulsiones del inconsciente o la angustia de conciencia cuando surge un peligro de lo moral. Pero a pesar del paroxisma que implique en la experiencia, Freud siempre entendió este algo sentido como una señal ante la presencia de algo peor que se aproxima. Pero ¿Cómo vamos a saber de dónde viene el peligro? ¿Cómo vamos a saber a qué tipo de angustia freudiana corresponde el hecho de que usted quiera correr despavorido los domingos frente la visita inesperada de su madre?
Por eso es que a veces es tan difícil para los clínicos pensar en qué hacer con esta alarma, cómo se gestiona, dónde radica su eficacia, cuáles son los tratamientos que sirven y en qué consisten sus protocolos.
Algo extraño nos indica que la madre puede jugar un papel fundamental en la aparición de la angustia. Puede pensarse una causa para esta experiencia cuando no hay la suficiente distancia entre ese Otro primordial materno y aquel pedazo de carne que como hijo pelea por diferenciarse, por poner una demanda entre ambos. Por eso Lacan dice que la angustia es falta de una falta, porque la madre al llegar de sorpresa un día domingo puede saturar de amor a tal punto a ese sujeto que en tanto hijo es nuevamente incorporado al capricho materno igual como si fuera un objeto, tal como un día fue parte de su cuerpo.
Por eso es menos angustiante cuando ella logra escuchar una demanda para aparecer, como por ejemplo venir de visita cuando es invitada. Angustia saber que la madre quiere algo y va a poner en posición de objeto a sus hijos. Es cosa de ver la rabieta de Quintana presidente del PPD ante la posibilidad de ser devorado por un Otro primordial aun no invitado. La carta muestra el deseo de Bachelet y eso implica necesariamente estragos.
Michelle tranquiliza y angustia sin mayores razones, es acusada como madre y querida como tal. Su liderazgo está puesto en juego por afinar poco la demanda que oferta, ante un país de hijos desordenados que habitan en el problema de la representación. ¿No será demasiado esto de que nos gobierne una madre? ¿Qué responsabilidad tiene en las catástrofes nuestro padre ciencia, que descifra en forma tan certera las leyes ocultas del universo cuando no logra predecir la irrupción de la devastación? ¿Qué tipo de catástrofes cobran vidas por lo impredecible y cuáles otras por el recorte de un método?
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