4 de junio de 2012

El modelo “Salfate” de nuestro desarrollo social: Todo calza

Por Antonio Moreno Obando

Como aquel hermano no reconocido de la tria fata, se erige una voz a través de los misteriosos atributos de los medios de comunicación, cual vocero de Laquesis, una de estas tres hermanas conocedoras exclusivas del destino, la encargada de la duración de los hilos de la vida. Pero este personaje portador de privilegiados mensajes lleva en su nombre un esfuerzo trágico por expulsar de si el papel que los seres luminosos le han dado: Sal(de mi)destino.

Las Parcas representan la expresión de un pensamiento mítico y antiguo, donde la ley cósmica que da origen a la existencia y sus devenires no puede ser cambiada ni aun por los dioses, y donde sólo el relato puede alojar en su particular despliegue un sentido aprehensible para los mortales.

Pero para el mundo helénico el misterio del mito fue pronto reemplazado por la codicia conquistadora del logos y su razón. Aunque se puede entender su nacimiento por el esfuerzo lógico de la Escuela de Mileto, será la ambición desmedida por poseer la verdad de los veleidosos herederos de Sócrates quienes finalmente lograron plasmar el logos en un método.

¿Qué oscura fuerza divina se despierta cuando el antiguo oficio del destino de Las Parcas es descifrado mediante la lógica aristotélica? ¿Qué tipo de poder se despierta cuando el oráculo deja el relato para amplificar su Yo hasta conocer detalles precisos del futuro?

Al parecer el ansioso deleite por nuestro nuevo acceso suntuario, va insuflando la curiosidad por lo que no tenemos aun: el futuro, la muerte, la vida después de la muerte, el juicio final y la promesa de ser elegido, curanderos espiritistas abducidos y una variada gama de oráculos muy enfocados en la eficiencia, tal como los medios de comunicación hoy lo transforman en tele realidad.

Pero estos fenómenos sobre el conocimiento paranoico, vale decir, el desborde de lo que el yo desconoce, el transitivismo y la alienación en la identificación con el otro, son temas ya comentados mucho antes de que nos llegara la tan esperada bendición de la abundancia sin límites.

Freud en el año 1924, con el entusiasmo a cuestas de una nueva formulación del aparato psíquico, en un texto llamado La perdida de la realidad en la neurosis y en la psicosis, describe un funcionamiento como soporte fundamental para la explicación de tan particulares saberes: sujetos que desde su Yo remodelan la realidad en un proceso de reconstrucción que en su afán de dejar fuera un aspecto de la realidad insoportable, pueden llegar a crear nuevas percepciones de la realidad, sin más sustento que sus propias y anteriores percepciones.

El conocimiento paranoico completa los misterios que habitan fuera de ese Yo con registros que en la relación con la realidad han quedado desde antes, pero esta completación como toda producción, tiene un fin muy particular a la economía de ese aparato psíquico.

Nuestro pariente chileno de Las Parcas comienza a sufrir en carne propia la conquista del logos en busca del saber definitivo. Primero para él eran las predicciones catastróficas escritas en presagios míticos. Ahora lo vemos obsesionado en la búsqueda de un algoritmo matemático creado por iluminados brasileños, para así descifrar con las herramientas de la lógica científica ese designio del que huye y del cual su Yo aún no termina de acceder.

Esta vez la pretensión apodíptica de tener la verdad de lo que no es posible saber, de revelar todo lo que completa al avasallado Yo, es al fin una posibilidad plausible. Es que ya sabemos que el logos no miente, aunque a veces nos indique el lugar exacto de los mismos dioses.

¿Es posible con las herramientas aristotélicas darle un valor paramétrico a lo que no ha ocurrido aun? ¿No es esa la pretensión del pensamiento económico de la modernidad?

Pues las notaciones algebraicas encuentran en nuestros problemas actuales una irresistible expresión: el cálculo de los costos sombra en cualquier adecuada evaluación social de un millonario proyecto privado. Para saber si una iniciativa privada puede ser aprobada por el estado, debe expresar su rentabilidad social, entendida como la relación entre lo que está dispuesto a pagar la demanda por el servicio y lo que la oferta es capaz de cobrar según sus gastos, entendiendo que un país destina recursos en ese proyecto particular desviándolos de un sinfín de otros potenciales proyectos.

La necesidad de inversión en infraestructura de utilidad pública asociada al crecimiento económico, está ya muy documentada por un país en vías de desarrollo como este. Sería hoy absurdo plantear algo diferente: si construye el Puente de Chacao o si robustece su abastecimiento eléctrico a través de una carretera eléctrica como la que hoy está en cuestión, la rentabilidad social que obtienen los habitantes del país es muchas veces mayor.

Por ejemplo, debemos calcular cuántos recursos le cuesta al país el Puente Chacao y cuanto rentabiliza haciéndolo. Para eso las preguntas del oráculo científico son necesarias: Un beneficiario va a gastar al mes $80.000 en pasar por el puente, pero ¿Cuánto ahorra en transporte? ¿Cuánto ahorra en tiempo? ¿Qué es capaz de producir en el tiempo que ahorra? Si consideramos que por minuto puede producir 31 pesos ¿Cuánto puede ganar adicional al año con el tiempo del que ahora dispone? ¿Cuánto ahorrará cuando en 5 años más le ocurra un accidente? ¿Cuántas vidas de su familia salvará por llegar a tiempo a un servicio de salud? ¿Cuánto vale la vida de una persona considerando lo que es capaz de producir en su vida útil? y si esa vida del pariente que salvó, con su vida útil se transforma en emprendedor ¿Cuántas horas de trabajo adicional aporta al país? ¿Cuántos puestos de trabajo? ¿Cuántas utilidades?

Con todos los millones calculados, el beneficiario que solo paga $80.000 al mes va ser millonario, aunque jamás se enterará de eso.

La metonimia a la que lleva este misterio es interminable, la función paramétrica que mide lo que está fuera de la experiencia individual no tiene límite, no hay continente ni contenido, no hay una regulación de la significación fálica. Lo que si hay es una construcción imaginaria fundada en una premisa apodíptica para reconstruir la realidad a imagen y semejanza de una economía particular sin el otro, donde la ganancia sin regulación rompe el lazo social.

Pobres funcionarios aquellos que, al asesorar el proyecto de ley de la carretera eléctrica anunciado para septiembre de este año, deben calcular la rentabilidad social y sus costos sombra para 1.900 kilómetros de expropiación.

Para nuestros oráculos chilensis todo calza, solo hace falta que nuestras pobres subjetividades sepan pronto todo lo que el destino nos depara. Tranquiliza pensar que no sólo hay charlatanes sino que verdaderos artistas del presagio de dilatada trayectoria, que con la investidura de Tiresias, cada cierto tiempo nos orientan sobre las futuras catástrofes signadas por la peste de nuestros inmorales tiempos, tal como lo hizo el Señor Büchi  en el cuerpo Economía y Negocios de El Mercurio este domingo. Le pregunto ¿Chile está preparado para tanto?

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