Por Peter Molineaux
Las recientes denuncias de abuso sexual y violación de menores en el Colegio Apoquindo han provocado reacciones importantes a nivel nacional y conmoción en el mismo colegio. Se ha anunciado la renuncia de su dueña al cargo de directora y la instalación de mecanismos de seguridad como cámaras de vigilancia.
Además del ofrecimiento de atención psicológica para alumnos, padres y profesores, se ha puesto en el lugar de subdirector a un psicólogo educacional – un experto. También se trasladó la sección preescolar del colegio femenino (donde sucedieron los hechos) al colegio masculino y se ha creado una comisión para revisar protocolos y procedimientos. Se escucha a los apoderados por televisión: no vamos a dejar que esto destruya a nuestra comunidad.
Los actos sexuales de adultos hacia niños son cometidos por lo que el psicoanálisis llama perversos. Son sujetos que se estructuran psíquicamente desde la renegación de la diferencia sexual y se satisfacen con un objeto específico que toma el nombre de fetiche. El fetiche, para el pedófilo, es un niño.
La estructura neurótica, a la que pertenecemos la mayoría, tiene que enfrentarse al problema de la diferencia sexual. Ese problema, que instala la dinámica de tener y no tener, está en los cimientos del aparato deseante en los neuróticos. Si es posible no tener, entonces algo falta y hay que seguir buscando. Los neuróticos nos enfrentamos a la constatación de que al encontrar lo que andábamos buscando, lo que buscamos es otra cosa.
El perverso no tiene ese problema. Sabe lo que lo hace gozar y va a conseguirlo. Para eso ninguna ley es impedimento, ni la contingente ni la divina ni la teorizada por el psicoanálisis (la prohibición universal del incesto). El único problema que tiene el perverso con la ley es que a veces se interpone entre él y su fetiche. La renegación le ha servido para dejar a esa ley sin su efecto psíquico, pero renegarla no significa no conocerla. Sabe bien de qué se trata la ley de los neuróticos, pero sabe también con certeza que su ley fetichista es superior.
Entonces se escabulle, se infiltra. Con argumentos neuróticos se instala entre nosotros para acceder a esos sujetos en los que todavía no se ha establecido firmemente la estructura psíquica y donde la vida sexual es aún muy primitiva: los niños.
Desde muy temprano, Freud habló de sexualidad infantil. Se trata del intento del niño por explicarse por qué la niña no tiene y viceversa. Una investigación rudimentaria que busca dar respuesta a preguntas que son fundamentales en la construcción de su identidad.
El Colegio Apoquindo, como muchos colegios religiosos, tiene la política de separar a los niños de las niñas. Es un acto relativamente burdo, pero que está enraizado en la respuesta neurótica frente a la diferencia sexual: la represión. No quiero saber nada de eso.
En contraste con la renegación perversa, la represión no anula los efectos de la diferencia, sino que la complejiza echando a andar una cadena de diferencaiciones en todos los ámbitos. Preferir un color en vez de otro, querer una cartera o un auto más que el siguiente, son efectos de la represión de esa primera diferencia y de sus avatares Edípicos. Como no puedo tener eso, entonces estotro.
Para el perverso la lógica es sí puedo tener eso. Y lo toma.
Las acusaciones del abogado querellante que representa a las familias de los niños en el Apoquindo van en la línea de inculpar al colegio como encubridor de los hechos. Dice que los padres que hicieron las primeras denuncias fueron descalificados por la directora. Se desliza también la idea de que el colegio habría apoyado a los inculpados y que los profesores llevaban a los niños a los abusadores.
La pregunta que se abre es si el colegio funcionaba con la renegación o con la represión. Es decir, si sabían y negaban o sabían pero no querían saber. Hay que recordar que el Apoquindo está ligado a los Legionarios de Cristo y que en su página web reza el siguiente lema: "Colegio Apoquindo y Legionarios de Cristo, juntos formando para trascender."
El fundador de la Legión, el mexicano Marcial Maciel, es un famoso perverso. Los continuadores de su obra han tenido que reconocer públicamente y pedir perdón por los actos de su patriarca. Han retirado su foto de todas las oficinas y sólo lo mencionan en los recuentos históricos de la organización. Al ser revelada la perversión de Maciel, los Legionarios de Cristo han tenido que hacer el acto neurótico de reprimir al fundador. Pero lo primero fue renegar y se hizo hasta que la evidencia era irrefutable.
El perverso le pide al neurótico silencio, pero no lo hace por legítimo temor a la ley: lo hace para producir complicidad, para imponer la ley de su goce fetichista en el otro. Quizás por eso prosperan tanto los perversos en la Iglesia Católica, donde el rito de la confesión aparece como dispositivo central de esa lógica. Silencio y complicidad ante los pecados. Si es ese el mecanismo detrás de lo sucedido en el Apoquindo, el escándalo será aún mayor.
El abogado defensor de los imputados proclama la inocencia de sus clientes. Su hipótesis es la de una "psicosis colectiva" en torno al abuso sexual y que los niños habrían sido interrogados sugestivamente por los padres para producir los testimonios que luego fueron tomados por la Fiscalía. También argumenta que las lesiones constatadas en dos de los niños no son necesariamente producidas por violación y que los imputados no tenían la posibilidad logística de estar cerca de los alumnos por suficiente tiempo para cometer los delitos.
Tanto el querellante como el defensor acusan una reacción excesiva ante el espanto: la directora descalificando, los padres psicóticos. La reacción del colegio al acumularse las denuncias también es explosiva: cámaras de seguridad, comité, comisión, renuncia, designación.
Una reacción es una respuesta a un acto y el acto perverso provoca espanto. El problema del espanto es que tiene como efecto el silencio o el grito. Es ahí donde habrá que hacer un lugar para la palabra. Decir algo en lugar del espanto.
Para el psicoanálisis el trauma sucede en dos tiempos, hay un après-coup. El primer tiempo es el acto. Eso por si solo no se vive como traumático. Lo que inscribe el trauma es el segundo momento, el de la reacción. Para las perversiones de Maciel lo primero fue el silencio, luego la negación, seguidos por el reconocimiento (la palabra perdón) y la represión. ¿Qué hará el Apoquindo? Su posición histórica fue la represión – separar a los niños de las niñas. Ahora están en el espanto y, más allá del abogado que resulte vencedor, la represión de siempre ya no sirve. ¿Qué se dirá en el Apoquindo?
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