23 de julio de 2012

Costanera Haters

Por Peter Molineaux

En 2008, cuando había turbulencia económica y recesión mundial, se paralizó la obra gruesa del principal edificio del Costanera Center. Fue el símbolo de que la crisis había llegado a Chile.

Cuando se reanudó la construcción se colgó una gran bandera con la consigna "Arriba Chile" y la presidenta Bachelet, saliéndose de protocolo en el piso 20 de la estructura, dio la orden de reiniciar los trabajos marcando la reactivación económica del país.

Sin embargo, cerca de su inauguración, el edificio comenzó a encontrar resistencias. Vinieron desde lugares muy distintos: el alcalde de Providencia pedía certificados, se recordó en varios medios el pasado Cencosud del Ministro Golborne, se teme un colapso vial y algunos expertos sugieren que se prohiban los automóviles en ese sector.

Lo han bautizado Coronta Center y hay en el ambiente algo de molestia, de rechazo relativamente generalizado. Por lo menos los titulares lo han tratado durante un buen tiempo de "polémico."

Algo pasa con esta erección en el cruce del Canal San Carlos y el Río Mapocho. A pesar de que se le hagan sofisticados juegos de luces a esa mole que aún no termina de ser revestida por su reflectante ropa de rascacielos, incomoda a los santiaguinos.

Es la torre más alta de Latinoamérica, pero los chilenos no parecemos muy orgullosos. Cuando Alexis se saca la camiseta del Barcelona para gritar un gol, todos comulgamos en celebrarlo. Aparece el chovinismo hasta para defender el pisco y la empaná. Pero no para el Costanera.

Quizás el edificio ofenda por lo fálico, por ser una suerte de dedo medio levantado hacia toda la ciudad. Un miembro ajeno frente a nuestro Cerro San Cristóbal.

En el psicoanálisis ha sido importante distinguir entre pene y falo. Si bien el hecho de que exista una diferencia anatómica entre los sexos inaugura el problema de tener o no tener, lo que se instala simbólicamente es la función fálica, el símbolo de que algo falta. Eso ocurre más allá de que se tenga o no el órgano pene, pues lo que falta es otra cosa.

La concepción clásica de lo fálico, es decir la ostentación de una potencia – a veces bajo la forma de virilidad – es en realidad un intento de revestir justamente eso que falta con la ilusión de que se tiene. El conocidísimo caso del tipo que se compra una camioneta grandotota es ejemplificador. Iñi piñi dice ese chilenismo impuesto por un comercial televisivo de los años '90.

Horst Paulmann, dueño del pénico edificio en cuestión, es hijo de un juez Nazi que inmigró a Chile después de la guerra. Horst y su hermano construyeron su imperio expandiendo el negocio familiar, un restorán transformado en supermercado en La Unión, Región de los Ríos.

Los imperios hoy se llaman holdings.

To hold tiene múltiples traducciones – tener, agarrar, coger, abrazar, ser el titular de, mantener. La idea de un holding es ir agarrando, tener y coger. Ser el titular y mantenerse ahí. Al hablar de estos imperios económicos, to hold se traduce bien como acaparar.

El Costanera Center recibe desde todas partes el rechazo de los chilenos porque aparece como la ostentación fálica de un extranjero que va agarrando secciones del país de a pedazos cada vez más grandes. Este extranjero incluso ofrece un paseo al actual Ministro de Economía, Pablo Longueira, para luego quitarle la palabra frente a los medios de comunicación: "Ministro, déjeme responder a mi esa pregunta" – dicho con el inconfundible acento alemán, familiarizado para nosotros en los malos doblajes de películas sobre la Segunda Guerra.

Los juegos de luces y los "arriba Chile" han sido un intento por dar la ilusión de que eso que se ilumina también es nuestro. Incluso se cambió el nombre oficial de Gran Torre Costanera a Gran Torre Santiago. Es posible que mientras se vayan abriendo las siguientes etapas del proyecto y se vendan oficinas caras a quienes quieran participar de la ostentación, vamos a ir acostumbrándonos a que esos chilenos hablen de su oficina en el Costanera, el edificio más grande. Quizás ahí se produzca ese efecto que buscaba la bandera del fin de la recesión: que Chile sienta que esa torre es símbolo de su potencia.

Sin embargo hace unas semanas, recién abierto el mall, se colgó ahí otra bandera grande: la que representa a través del movimiento estudiantil al malestar nacional a propósito de la desigualdad. Esa segunda bandera se cuelga ahí porque la ostentación fálica tiene el efecto de revelar en cada uno su propia falta. Lo que hace el movimiento estudiantil es un acto histérico: a mi me falta pero a ti también. La maravilla de la histeria ha sido siempre revelar, de la manera más precisa, la impotencia del ostentador.

El intento de Horst por contagiar con su recubrimiento fálico a los santiaguinos y luego a los chilenos se ha encontrado con un momento histórico en que mostrarse superpotente ya no produce la envidia y las ganas de tenerlo. Esa posición es la que haría que todos trabajáramos por una oficina en el edificio, aunque no lo lográsemos jamás. Hoy, luego de que los movimientos sociales pusieran en evidencia la falla, detentar el falo revela la impotencia de todos. Eso no gusta y por eso el rechazo.

Quizás con el tiempo Paulmann pueda poner nuevamente a funcionar la ilusión de que su potencia nos hará brillar a todos. En la construcción, el revestimiento del rascacielos avanza rápidamente, cubriendo la coronta. La apuesta es que cuando estén todos los reflectantes en su lugar el edificio haga de encandilante espejo y nos deslumbremos con él, haciéndolo nuestro. Pero por el momento molesta su sombra.

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