Por Peter Molineaux
Con la llegada de la campaña electoral municipal y la sombra anticipatoria de la presidencial, los políticos establecidos afilan cada vez más sus ataques. Este gobierno ha sido incapaz de darle dirección al país. Ustedes en 20 años no hicieron nada. Nosotros disminuimos la pobreza. Ustedes usan un método sospechoso.
Ustedes y nosotros. Cuando el Senador Lagos Weber da una entrevista acalorada en la radio, termina sus frases con "¿ah?" Parece un desafío: "yo no sé si el presidente Piñera se va lograr imponer, ¿ah?" Lo dice a propósito de los ministros embarcados en tempranas pre-candidaturas presidenciales. Del otro lado la respuesta no tarda: ellos también lo hicieron con Alvear y Bachelet.
Ellos y nosotros. La lógica de Yo y el otro.
Para asegurar que ese Yo y ese otro fueran siempre los mismos, se instaló hace años algo conocido como el binominal y que cada cierto tiempo aparece en la discusión nacional. Siempre casi se cambia, pero no se hace. Mientras tanto, abajo, en la calle, los secundarios se toman los colegios, queman buses y claman: NO HAN RESPONDIDO A NUESTRAS DEMANDAS.
El sistema electoral binominal se estableció en Chile durante la dictadura militar y se legitimó dentro de la constitución de 1980 en un cuestionado plebiscito. Su fin es garantizar la estabilidad en el país a través de una fórmula electoral que favorece la existencia de dos grandes coaliciones por sobre una representatividad más directa de las distintas voces. Este video explica su funcionamiento.
El binominal permite hacer política de ellos y nosotros sin cambiar la estructura económica del país. Estabilidad. Como los Republicanos y Demócratas en Estados Unidos, Girondinos y Jacobinos en la Revolución Francesa, hay ciertas cosas sobre las que se puede pelear mientras se mantenga el orden económico de los que ya se han establecido.
Eso funciona en las democracias mientras los pueblos tengan sus necesidades relativamente satisfechas y los que se interesen en política puedan identificarse con alguno de los dos lados y disparar contra el otro. Que sea Yo contra el otro. Pero hoy algo está fallando en lo que se ha llamado crisis de representatividad. En las últimas encuestas, un bloque político tiene un 19% de apoyo y el otro un 24.
Para el psicoanálisis la relación al otro se establece en un juego de identificaciones: para ser Yo tengo que hacer primero el paso de entender que hay otro. Cuando sé que hay otro me identifico a él entendiendo que Yo también soy otro. En seguida, al operar el narcisismo, rechazo al otro como distinto a mi. Yo soy yo. El otro es otro. Nosotros y Ustedes.
Ese juego de identificaciones es un espejismo. Instala un velo que permite orientarse en el mundo, con los objetos. Una fantasía inconsciente. Mientras funcione seguimos adelante, odiando al otro, amando al otro, ignorando al otro. Por ese espejismo se tramitan nuestros afectos y nuestras pulsiones más feroces. El espejismo funcionando les da curso. Estabilidad.
Pero de pronto falla. En la vida de un sujeto, cuando tambalea su juego de espejos aparece el extravío, la queja de que algo no anda bien. Hay angustia, descontrol, dolor en el cuerpo. Hoy el juego del espejo binominal está fallando y los sujetos se dan cuenta (excepto el 19 - 24%). Una porción grandota del país no está siendo representada a través de ese sistema, y la sintomatología está a la vista.
La representatividad es parte fundamental para que el espejismo funcione, para que haya un nosotros y ustedes. El psicoanalista francés Jacques Lacan tiene entre sus frases célebres la críptica "un significante representa a un sujeto para otro significante." Eso quiere decir que para representarse, un sujeto tiene que estar entre dos palabras, entre uno y otro. Para que haya uno y otro el espejismo tiene que estar funcionando, aunque sea un engaño.
Pero el espejo binominal está quebrado. Su promesa de estabilización no se cumple porque los políticos que mantiene en el Congreso no representan a los sujetos. Cuando un senador representa a un sujeto frente a otro senador, la cosa anda. Cuando el sistema electoral asegura que un senador no represente, la cosa no anda. La cosa corre, la cosa incendia, la cosa lanza piedras.
Los opositores más duros al cambio del sistema electoral han sido de la UDI, partido fundado por el creador –y en su momento beneficiario– del binominal, Jaime Guzmán. Los otros partidos no son opositores al cambio, pero tampoco grandes entusiastas porque probablemente crean que garantiza estabilidad, especialmente para mantener el panorama político establecido (del que son protagonistas).
Si lo que interesa es la estabilidad, es decir una relativa paz social y la posibilidad de discutir si mi idea es mejor que la tuya, conviene deshacerse del binominal porque lo que desestabiliza no es que exista una variedad de representaciones. Lo que desestabiliza es que no sean representadas.
En sus primeros intentos por esbozar un aparato psíquico para el psicoanálisis, Freud tuvo que crear un término casi paradójico, en apariencia redundante: vorstellungsrepräsentanz, el representante de la representación. Extraña figura, pero necesaria lógicamente para dar cuenta de lo que se comenzaba a hacer evidente en las primeras formulaciones psicoanalíticas. Una representación es una suerte de objeto psíquico, cargado pulsionalmente, que existe e interactúa con otras en el inconsciente. Para poder ser hablada, para pasar a la consciencia, esa representación tiene que ser representada por otra representación, esta vez una palabra.
Representación-cosa, representación-palabra decía Freud. La segunda representa a la primera en la consciencia: de ahí la figura del representante de la representación. Ese paso representativo –ese paso de inconsciente a consciente– permite que se tramiten las pulsiones y se descarguen las cantidades que de lo contrario se van acumulando, causando estragos.
Los estragos de hoy no son solamente porque el gobierno no escuche. Existen porque hay representaciones que no están siendo representadas. Al no poder representarse –ser un Yo versus algún otro– no pueden entrar al juego de espejos que produce estabilidad. El binominal buscó dar esa estabilidad, pero está estructurado para evitar la representación. Hoy está mostrando sus efectos. Hoy está en crisis.
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