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14 de julio de 2014

La violencia de estos acuerdos

Por Antonio Moreno Obando
@monodias

El regreso de nuestra vieja política de los acuerdos nos ha dejado inquietos. Si bien reaparecen estos selfies de unidad como una forma de dar tranquilidad al lego reclamante, deja en todas las partes un resto de insatisfacción. Llegan temprano las quejas de vulneración de los principios, pero rápido se responde que la madurez política  es así. Aun considerando los avances en las tácticas de los bandos, hay algo en esta repetida ecuación que nos recorta algo más que lo aceptable.  

Resulta útil tomar el problema que plantea el italiano Esposito sobre la tensión irreductible entre el acto político y la filosofía política: así como el uno trata de provocar al otro, por más que lo intenten no hay forma de que estén en una relación continua. Esta separación se hace familiar al psicoanálisis, ya que a partir de un alma humana escindida, eso que es provocado desde el conflicto como un acto, nunca logra ser sofocado o al menos explicado del todo desde las representaciones y el orden de sentido que supone la filosofía política y sus lógicas.

Desde este problema entonces nos cabe la pregunta de si nuestra política de los acuerdos está más del lado de un genuino acto político o está del lado de la parsimonia filosófica de una explicación en favor de la estabilidad.

Este problema del acto político y su realidad viene a enredarse en la lectura que hace Marcuse de Freud sobre el mecanismo de la sublimación y su función en la sociedad, entendiéndola como el esfuerzo del aparato psíquico por cambiar el objeto sexual de nuestras pulsiones en favor de satisfacciones más aceptables para un sujeto que por ser social, es exigido y vigilado. Dice Marcuse “la cultura obtiene una gran parte de la energía mental que necesita sustrayéndola de la sexualidad.” Luego agrega una cita de Freud en El malestar en la cultura: “el trabajo diario de ganarse la vida ofrece una particular satisfacción cuando ha sido seleccionado libremente.” Marcuse problematiza la posibilidad de que las condiciones materiales del trabajo y su forma de producción en este modelo económico permitan efectivamente al sujeto trabajador elegir libremente lo que hace.

En un territorio como el chileno, los cuerpos son exigidos para ser mejor que el otro, para tener el máximo mérito en sus niños y así merecer una educación de calidad cuyo fin es ser entrenado en una labor que en la adultez le permita calificar a la máxima capacidad de endeudamiento. El resultado es que los montos de insatisfacción en esta cadena productiva nacional son directamente proporcionales a los esfuerzos que debemos hacer para hacer crecer la economía.

¿Dónde queda en el sujeto el profundo disgusto por su trabajo? ¿En qué minuto y de qué forma ese malestar aparece en el espacio público y qué relación tiene con la violencia?

Volver a darse la mano para un acuerdo, hoy en este país, no es necesariamente un genuino acto político. Sí es posible entenderlo como un ordenamiento de las representaciones que pueda darle una mayor operatividad a las actuales lógicas de producción. Si el acto de nuestra maquina productiva tiene estatuto de político o de violencia, es otra discusión que debemos dar muy pronto, de una vez por todas. Quizás para la asamblea constituyente.

Pero, desde la lógica de Esposito, este nuevo reordenamiento de Reforma Tributaria no logra ser un genuino acto político. Solo alcanza a ser una reafirmación ideológica desde la cual no hay espacio para acoger el conflicto, todo lo contrario, más bien pretende controlarlo hasta hacerlo parte de su equilibrio. En ningún momento pretende decir algo sobre el malestar de los cuerpos que trabajan sin satisfacción alguna en una cadena productiva, esos que han salido a la calle durante estos años a marchar por otra educación para sus hijos, que han votado a regañadientes por la actual Nueva Mayoría y que deben mirar cómo sus representantes se fortalecen en lógicas que no les pertenecen como votantes.

Actos políticos más bien parecen las manifestaciones de violencia que no hemos parado de ver mientras se reinstalaban los grandes acuerdos. Una y otra y mil veces, el conflicto asoma sin razones, pero cometidos por esos cuerpos llenos de algo que no tiene forma de explicarse en la lógica de los acuerdos. Entonces una y otra vez la plaza pública con sus representantes condenan y sancionan moralmente aquello con lo cual no son capaces de relacionarse, esperando que esos actos sean al fin acomodados a los acuerdos que con tanta tinta han firmado.

Si bien el malestar estará siempre presente en nuestros cuerpos trabajadores, aunque paguen más o menos impuestos, lo que se pide a los representantes de la ciudadanía y a sus mecanismos instituciones es al menos un reconocimiento del acto político; pero no la política de etiquetarse en sus propias fotos, sino de hacer el gesto de poner en palabras nuestros malestares, nuestras sexualidades, nuestras subjetividades, porque todo eso es en definitiva lo que constituye y legitima el Estado.

5 de junio de 2014

Aborto y Deseo

Por Peter Molineaux

Uno de los ejes centrales en la discusión sobre el aborto, del aborto como tal —legal y seguro–, es la pregunta por el inicio de la vida. Si el inicio es en la concepción, la madre #prestaelcuerpo y las autoridades morales se atribuyen dominio sobre esa mujer porque portaría a un pequeño inocente que necesita protección. Y cuando ese bebé nazca, como sugirió en su momento Sebastián Piñera, la madre, aunque sea una niña, tendrá que desarrollar la madurez suficiente para cuidar a la criatura. Es un tema tan apasionante para el Ex-Presidente que le dedicó desde twitter sus únicos comentarios sobre la Cuenta Pública del 21 de mayo de la Presidenta Bachelet, rompiendo de cierta manera la tradición en la que los presidentes salientes eligen no referirse a temas de contingencia política, por lo menos durante un tiempo prudente luego de dejar La Moneda. Habla, como lo hacen los opositores al aborto, de los niños que están por nacer.

La actual Ministra de Salud, Helia Molina, causó polémica el fin de semana pasado con su frase "Es la mujer la que apechuga en el embarazo, no el cura, ni el de la UDI" en referencia a la conocida posición de la Iglesia Católica y de la derecha conservadora. Esa es la defensa de una mujer desde la preocupación por su salud, por su vida, contra la colonización moralizante de su cuerpo.

El problema de la determinación del inicio de la vida es justamente el problema de cuándo eso que crece en el vientre de una mujer se convierte en otro, distinto a su cuerpo: un otro que por ser sujeto tendría derechos humanos entre los que prima, por supuesto, el derecho a la vida. Hablar de niño o de bebé durante el embarazo apunta en ese sentido. Los niños que están por nacer.

Al pensar el momento de la concepción como el momento en el que aparece un niño, se proyecta hacia ahora lo que sería en el futuro un bebé nacido, ya separado del cuerpo de la madre. Sin embargo, cuando efectivamente nace ese bebé, sigue pegado al cuerpo de la madre y el apechugamineto al que se refiere la Ministra es literal. El pecho, la leche, el abrigo, la mirada de la madre, hacen que viva esa criatura, pero no como un otro sino todavía como parte de su cuerpo. De hecho el infante humano, si sabe algo de su existencia, es en lo que ve en la mirada de su madre. Aunque la madre biológica no esté, por las razones que sean —abandono, adopción, muerte, depresión post-parto—, para hacer existir a ese bebé alguien cumplirá esa función para que el niño que ya nació se vaya haciendo sujeto. Sin esa función no hay sujeto. Es lo que sucede en el síndrome de hospitalismo descrito por Spitz.

Aquella función que lleva a cabo la madre tiene en su centro algo absolutamente singular y bien antojadizo que se llama deseo. El deseo de la madre es el que hace vivir a eso que está por nacer, incluso bastante más allá de su nacimiento. De hecho, lo que los psicoanalistas conocen como el Estadio del Espejo, momento en que por la identificación especular a un otro el bebé humano empieza a organizar su yo, accediendo justamente a la subjetivación, puede no ocurrir hasta los 18 meses. Es decir que ese cuerpo del bebé es aún del cuerpo de la madre el tiempo cronológico equivalente hasta a dos embarazos luego de nacido. Es su deseo sobre su cuerpo el que sostiene a esa vida por nacer y, sobre todo, o por más tiempo al menos, ya nacida. Se reafirma el argumento del apechugamiento: sin el deseo de la madre el bebé no puede vivir.

Ahora bien, el deseo de una mujer no tiene por qué coincidir necesariamente con el deseo de ser madre. Pero es su deseo inconsciente el que permite que se acoja en su vientre a ese apéndice que crece. Dicho simplemente: no hay embarazo no deseado. Hay deseo allí. Puede ser, claro, el deseo de ser madre, pero también puede ser otro deseo: el deseo de hacer lazo, de ser amada, por ejemplo; o el deseo de estar y permanecer embarazada, sin parir jamás. O en su versión más tanática: deseo de joder al otro o de joderse a si misma o a su propia madre o padre. Nada de eso tiene por qué estar alineado con el deseo de ser madre.

La lógica de los niños que están por nacer, en su defensa de la vida, fuerza al deseo de una mujer a someterse al ideal de la maternidad. Lo que se salta, lo que no toma en cuenta, es que para que esa vida viva tiene que haber deseo y que en el umbral entre el deseo de esa mujer que se embarazó y esa madre que hace vivir a una criatura hay un paso que solo puede dar ella.

Es un paso que no incumbe más que a ella porque aún se trata de su deseo.

Ese aún es el que interesa como espacio posible, como momento de decisión de continuar o no con eso que se hizo cuerpo en su cuerpo por su deseo. Abortar, en ese umbral, tendrá que ser legal para que ese tiempo exista, aunque dure algunos días o semanas, porque esa decisión tiene que ser tomada sin convertir a una mujer que desea en criminal por no desear ser madre. Por el otro lado, para no ir demasiado lejos en una sola dirección, el aborto no puede ser banalizado al punto de convertirse en método anticonceptivo porque el deseo que permite cada embarazo no es banal y algo del acto de interrumpir la gestación también irrumpe, a veces brutalmente, en el aparato deseante de esa mujer que se embarazó.

26 de diciembre de 2012

Autismo inmobiliario

Por Antonio Moreno Obando

Para cierta práctica psicoanalítica es crucial poder establecer en lo dicho dos vectores: aquello que como discurso suena como un bloque de sentido coherente y lo significante que permite rastrear en la fisura un sujeto clamando por un espacio para su propia verdad. La escucha clínica entonces tiene algo de rescate, tras insoslayables bloques de argumentos que se repiten como mp3, de un cuerpo ahogado y pataleante en su frenesí ante la muerte. Difícil es para los psicoanalistas acordar en la lógica de sus curas cuáles son los escenarios éticamente soportables para asistir al sujeto que se ahoga por su propia cuenta; quizá devolverlo a la solidez de los bloques argumentativos, quizás respiración boca a boca, o solo un espacio en la orilla para recuperar el aliento, o quizás por el contrario asistirlo en su deseo de ahogo, incluso esperar a que su pataleo se apague en la muerte.

Me pregunto a propósito del rescate y sus avatares, qué tipo de lecturas establecen los economistas frente a la posibilidad de una burbuja inmobiliaria, igual que los borbotones de oxígeno que se producen cuando alguien se ahoga; esa transgresión de los contribuyentes y sus financistas nadando en la línea imaginaria de las aguas aptas para el baño, me pregunto cómo se verán esas burbujas desde la sólida torre de la autoridad que trabaja en la playa del mercado como salvavidas y meteorólogo al mismo tiempo.

Hoy en día cuando el Banco Central nos anuncia nuestro irresponsable jugueteo en la línea imaginaria del ahogo, ya teniendo la traumática experiencia de las múltiples muertes por inmersión en la mayoría de los países desarrollados producto de estas burbujas. Qué bueno que existe la ley de los grande números, así las costas siempre se ven seguras.

El Banco Central dice una cosa y el Ministro se Economía junto con los altos ejecutivos de los Bancos dicen otra. Quizás esos analistas de la economía, como algunos psicoanalistas, también consideren líneas diferentes en un mismo discurso.

Por una parte con los binoculares de la siempre objetiva y dura ciencia económica, los salvavidas-meteorólogos analizan el impacto de nadar en una línea imaginaria con aún pocos ahogados según imágenes del satélite. Por otra los pesimistas de siempre preocupados de casos aislados, mirando árboles en ves de ver el bosque.

La frase loan to value apareció como problema primero en las cotizaciones de las inmobiliarias para los nadadores de clase media que en estos meses cotizaron algún proyecto inmobiliario. Pero su formulación surgió mucho antes y muy lejos de nuestra economía latinoamericana para explicar por qué un Banco no debería prestarle más del 80% del valor de una casa en un crédito hipotecario a un sujeto. Si el Banco insiste en financiar el 100% de algo sobrevaluado como por ejemplo un proyecto inmobiliario, corre solo con el riesgo de la inversión y cuando los deudores se queden sin dinero para pagar podrán liquidar el bien raíz a un valor muchísimo menor de lo que estaba pensado.

Muchos años antes de las cotizaciones inmobiliarias 2012 de nuestros pobres nadadores chilenos, Barack Obama en su primera campaña habló de toxic assets para referirse a la principal amenaza económica de la clase media. Una larga aventura en la venta de casas y educación sobrevaluadas y financiadas en más de un 80% por los bancos de pronto se transformó en una riqueza de ficción: los Bancos estaban llenos de riqueza pero expresada en billetes de tres mil pesos dibujados en lápiz scripto. Si el Banco no tiene dinero, entonces la economía tampoco.

Aunque el FMI con ley de los grandes números y de los grandes acuerdos aun está tratando con esperanzas llenas de futuro de seguir produciendo riquezas para el mundo, se ven por todos lados pululando por las calles y supercarreteras ciudadanos ahogados en un mar desubjetivante. Un activo tóxico en la microeconomía de una persona significa que algo que alguna vez tuvo el valor suficiente como para sostenerlo en el pacto social del capital libre es hoy un reconocimiento que no vale nada.

Con la burbuja inmobiliaria llegamos al autismo microeconómico: primero el sujeto es reconocido por el Banco como plusvalía, dándole un valor en dinero que está en relación a todas las otras plusvalías y capitales guardadas en su caja de tesoros. El problema de la burbuja es que si el sujeto deja de pagarle al Banco que lo reconoce en tanto plusvalía, este mismo le dice no tengo cómo reconocerte porque no tengo nada con qué compararte, nada con qué pagarte, nada con qué sostenerte. Es como si el Otro, lugar del tesoro de los significantes, le dijera a quien ya no puede hablar por estar en acto, si no hablas no hay más lenguaje que pueda sostenerte.

La burbuja microeconómica se pone como un confinamiento autístico ante la inminencia del ahogo, es una placenta artificial para capear la angustia del sentimiento oceánico del que hablaba Freud; es como si mientras los meteorólogos salvavidas de nuestra economía discutieran desconcertados por la imagen del satélite mientras miles de ahogados se encierran en burbujas de plástico trasparente para no caer en la profundidad de lo impagable, para no correr el riesgo de defraudar de palabra a quien le dio la palabra para no quedarse sin palabras.

Me pregunto: ¿cuál es el trabajo de un rescatista frente al ahogo? Se lo pregunto también a los colegas que podrían considerar una torpeza sacar del agua al que se ahoga por su propio goce: meteorólogos, salvavidas, guardianes de las verdades satelitales y de los grandes números. ¿Cuanto hay de clínica en el ahogo de un cuerpo? ¿Cuánto hay de marea alta en el silencio del acto analítico? ¿En que momento la teoría psicoanalítica se hace carne en un sujeto que paga contribuciones? ¿El psicoanalista paga contribuciones? ¿Y en que comuna?

12 de noviembre de 2012

Su Excelencia

Por Peter Molineaux

Con la salida de los ministros presidenciables de La Moneda y el inicio apurado de la campaña por definir al candidato de derecha, el presidente arriesga quedar en posición de lo que se ha llamado "el pato cojo." Este término, traducido del inglés lame duck, implica que un personaje saliente de su cargo y sin posibilidades de ser reelecto pierde poder en la esfera política porque las apuestas se hacen por los futuros ocupantes de su puesto.

Para evitar el cuak cuak, Piñera está intentando dar un último impulso a su reacomodado gabinete: terminar bien nuestro gobierno para asegurar un segundo período a la Alianza. Un gabinete fuerte le ayudaría a esconder la patita coja tras la idea de que sus ministros podrían continuar en el centro del próximo gobierno y que él podría ser de alguna influencia en el éxito del candidato de su coalición. Terminar con la frente en alto. De cualquier forma, la proclamación de Golborne y Allamand como candidatos marca el inicio del fin del gobierno actual.

Es tiempo de evaluar, de mirar hacia los últimos tres años...

Había un hombre exitoso, un multimillonario que además había sido senador y candidato presidencial. Había una figura política que aparecía en las encuestas como el único capaz de arrebatarle el poder ejecutivo a la Concertación. Un hombre hábil, un líder que hizo fortuna pensando un paso más adelante que tu y yo. Era un hombre de centro, de ideas modernas, de los pocos de su Alianza que podían ostentar la medalla de haber votado por el NO.

Y le ganó la elección al fome de Frei. Se venía un Gobierno de Excelencia, por fin la eficiencia del mundo privado empresarial iba a traer su éxito al burocrático y anticuado mundo público. Se les acabó la fiesta a estos zurdos flojos cantaban los trolleos.

¿Terremoto? No importa. Haremos más en 20 días que lo que hicieron los otros en 20 años. Chaquetas rojas, rebranding: el Gobierno es una marca renovada.

A pesar de la buena publicidad, duró poco la luna de miel entre el presidente y un país supuestamente unido por la tragedia. Críticas de un lado: es un gobierno con letra chica. Del otro: no hay conducción política entre ministros técnicos.

Bielsa lo esquiva en el saludo, él le dice "loco." La presión aumenta para que se deshaga de todas sus acciones, ¡las de Colo-Colo también!

Aparecen los tics, se suceden los marepotos. Los 33 mineros recuperaron la esperanza de tener un gobierno exitoso y popular tras la apuesta firme del presidente por salvarlos. Tiempos de gloria. Pero el gesto de Cecilia pidiéndole que guarde el papelito representó a todo el país que ya estaba fascinándose con el carismático, sonriente y sobrecogedoramente neutro Ministro de Minería. Golborne se mantenía sobre el 75% y Piñera iba cayendo estrepitosamente al enredarse en el rumor de que algo tuvo que ver con la partida del director técnico rosarino de la selección de fútbol. Finalmente el estallido social lo puso en un jaque ideológico del que nunca pudo salir.

La imitación de Kramer caricaturiza algo que todos vemos. El gesto corporal de incomodidad, de no estar bien puesta la ropa, ese tic que parece significar que quiere zafar, soltarse, pero que no puede. Los franceses dicen être mal dans sa peau, estar mal en la propia piel. ¿Qué le pasó a Piñera con la piel de presidente?

Primero habría que saber por qué ese hombre rico, influyente, una de las fortunas del país, quiso ser presidente. "Por vocación de servicio público," dirá. Bueno, eso no existe. Existe el narcisismo, el deseo, las pulsiones, los sueños. Cosas así. Es difícil saber lo que quería con la presidencia, incluso para él mismo. Lo que sí sabemos es que algo de lo que buscaba Sebastián Piñera en ser presidente no fue encontrado. O que se encontró con algo que no quería. Eso muestran sus gestos automáticos y sus lapsus.

Cuando Ollanta Humala visitó Chile como presidente electo, Piñera le dijo que esa etapa–la de ser presidente electo–era la mejor parte de la presidencia. Esa es la etapa en la que se goza del título pero no de la responsabilidad. Soy el elegido, el primer pato de la fila. En su otro momento alto, cuando se rescató a los mineros, el presidente se paseó con piedras de allá abajo entre jefes de estado de allá arriba. Una piedra pa' la reina. Soy el de las primeras planas de los diarios del mundo. Éxito. Chile über alles.

En la hiperactividad del éxito tras éxito, él parece estar bien. Para eso fue elegido, para transmitir su éxito privado a todo el país. Bajo su liderazgo íbamos directo al desarrollo antes del final de la década. Pero en lo público su liderazgo menguó porque en lo público ese deseo galopante de éxito se encuentra con la muralla del otro. En lo privado importa uno. En lo público hay otro, mucho otro.

En el mundo del business hay que seducir al otro para que compre o para que venda a buen precio. Simpático en las reuniones, firme en las negociaciones con los objetivos claros más allá de lo que quiera el otro. Y si no quiere, no hay negocio. Ser ejecutivo en lo privado es ser rápido, efectivo, asertivo. Arremangarse las mangas de la camisa y trabajar 24/7. En lo público, ser gobierno–el Ejecutivo–es tener cuidado con los tiempos, no decirlo todo, reunirse antes de tomar decisiones. Quedarse quieto con la banda puesta solemnemente mientras habla el otro.

Sebastián Piñera fue muy exitoso al ritmo de los deseos privados puestos a conquistarse 24/7, pero el compás público lo deja con el paso atorado, con ganas de salir a bailar a su acelerado tempo. La pulsión busca los caminos y Su Excelencia los bloquea. El cuello se retuerce, tu-sunami.

En este último tercio de presidencia La Moneda se juega por posicionar los éxitos de este gobierno en la consciencia pública. Post-natal de 6 meses, inscripción automática y voto voluntario, reforma tributaria... Luego, el impopular Primer Mandatario podrá pasar al fin a la esperada comodidad de ser ex-presidente y a recuperar sus bienes privados. Está por verse qué será de los ritmos de sus pulsiones en esa nueva posición que en primera instancia parece ofrecerle una cierta ecualización entre lo público y lo privado, entre lo del Otro y lo de Uno: una patita adentro, otra afuera. Está por verse, también, si baila como pato cojo en estos meses que quedan o si flota como pato en el agua sobre los logros que vaya recordándonos junto a su gabinete de cierre.

24 de octubre de 2012

No sea cargante: yo no presto el voto

Por Antonio Moreno Obando

A propósito de los llamados a funar las elecciones de este domingo y las encuestas que alarman a la ciudadanía electoral con sus indicadores de alta deserción en las urnas, resuena esta particular frase en nuestra inquieta plaza pública: “yo no presto el voto.” Esta modalización y su sugerente homofonía nos invita a asociar la palabra voto con un conocido préstamo carnal producto de un requerimiento sexual, usufructo muchas veces de carácter abusivo que el amo pide para saciar su interés.

Aunque la asociación es en definitiva de quien suscribe y considerando que para Freud en 1914 la palabra “no” como un símbolo de la negación hace posible pensar ese préstamo negado como un deseo inconsciente, esta intencionada formulación en nuestras redes sociales, pone en tensión el requerimiento participante observador de las normas proferido por Creonte y su consecuente rechazo simbólico, efecto que como en la tragedia nos convoca a la problemática sexual y su ineluctable diferencia, la que no solo es anatómica y genital, que no es solo real y causa, sino que también es política.

Lo que está puesto en cuestión es el sufragio, palabra que también es utilizada en el mundo eclesiástico antiguo para ir en socorro de los pobres: auxilio, responder a la falta, voto, poto, raya, no presto la raya, no presto auxilio, no quiero responder a la falta del otro si me obligan a hacerlo. Cadenas que asocian sus eslabones y se parapetan ante la irrupción abusiva del binominal, dúopolio que a la usanza de un padre y una madre hegemónicos, cierran las ofertas a favor de su propio interés.

¿Por qué un movimiento social conformado por personas que apenas cumplen mayoría de edad, que están agrupados a propósito de temas educacionales son los voceros del doloso sufragio y su actual problema?

Como siempre, el diario El Mercurio arroja luces sobre estas oscuridades. En su editorial de ayer martes 23 de octubre, en el texto titulado Balance de dirigentes universitarios, se lee a propósito de las posturas adoptadas por los dirigentes de la Confech: “Hay un tránsito desde una postura original en que se sentían representantes de la mayoría de la población, y quizá algo exaltados por eventuales conclusiones apresuradas de los resultados de ciertas encuestas, a comprender que las formas de representatividad en la sociedad tienen una institucionalidad construida por la experiencia de generaciones, respondiendo a tradiciones intelectuales respetables, y que para alcanzarla deben cumplir ciertos requisitos (…)

Algo al margen del orden se asoma frente a formulaciones de este calibre. El acto negativo y poco constructivo que inspira esa institucionalidad, esa experiencia y esos requisitos, no necesariamente es una forma de participación, porque en su gesto no pretende ser una ley o una condición de regulación. Algo en la difícil posición del femenino en la conflictiva falocéntrica edípica resuena en esta gran funa: estos cuerpos y sus eróticas con su negatividad deben formular desde niños en su educación tradicional experta e instituida un forzoso cambio de objeto de amor (de la madre al padre en el caso de la niña) y cambio de zona erógena (del clítoris, pequeño pene autosuficiente, a la vagina que recibe acogedoramente) para así poder entrar en la regulación de la ley; formular la falta de adecuación como una carencia se puede plantear para la erótica que rechaza como una exigencia abusiva.

Acá no se trata de reemplazar la ley que hay por otra, se trata precisamente de derrumbar la que hay para generar espacio a un nuevo modo de ser. Gracias a esta negatividad, que es un acto, es posible reacomodar el ordenamiento simbólico que tiene su fundamento en la arbitrariedad. La negatividad deja al descubierto la sublimación que tranquiliza como un velo ante la diferencia y nuevamente pone a los cuerpos en tensión a la espera de un modo que permita reacomodarse.

Cada vez que este discurso de protesta contra el sufragio binominal logra hacer lazo social generando una nueva forma de acuerdo ante la castración, como una nueva forma de ley, irrumpe el acto de la negatividad con su seducción, con su desunión, con su contrariedad, no para una confrontación argumentativa llena de falacias y sentidos, sino que precisamente para dejar la carne abierta sin sentido, a guisa de un voto expuesto.

Con la insensatez de Antígona que alguna vez desafío las reglas de Tebas por una reivindicación al margen del orden público, con la sexualidad de Anti-gona que seduce con la transparencia del mal, con su negatividad, con su ética, pone en escena algo que no quiere entrar en el juego de las regulaciones, que no necesita sufrir el complejo de castración para generar un propio sufragio, para anudar otra deuda, otro goce, otra forma de vivir, otra forma de morir, eso que es tan difícil de tragar para el logos del falo que imaginariamente busca evitar la guadaña que corta.

Esta sexualidad también es una política, son varios Aces bajo la manga que piden mostrar el juego oculto del Amo, y así desafiar el sentido del juego que genera su bluff.

Ya lo sabe estimado amigo del ágora, si usted le pide a alguien que le preste su voto, pues evite ser cargante, el sufragio es sagrado, siempre lo ha sido, como un templo, respételo, úselo cuando usted quiera con su consentimiento y no insista más de la cuenta a quien no lo quiere prestar.

3 de septiembre de 2012

Papá Borghi

Por Peter Molineaux

Desde que Claudio Borghi está a cargo de la selección de fútbol de Chile, sus convocatorias han perdido reiteradamente a jugadores luego de ser nominados. Han habido tres eventos en que él ha seleccionado y luego ha tenido que reemplazar a algunos de sus elegidos por otros de segunda línea.

Estuvo el bautizazo que involucró a cinco jugadores titulares, el discotecazo de Medel y Vargas y, para esta nómina, el #nomeacuerdodelacuerdo del presidente de la ANFP, Sergio Jadue.

Días después de la reaparición de tres jugadores que estaban entre los protagonistas de la primera crisis, salen otros cuatro de la lista por un confuso malentendido entre el club de los jugadores, Universidad de Chile, la ANFP y el propio Borghi. La estrategia del entrenador ha sido siempre la misma: corta a los jugadores en conflicto.

Dos de los involucrados en el bautizazo y varios más de la actual selección fueron entrenados por Borghi cuando eran muy jóvenes en la configuración de Colo Colo que logró un tetracampeonato y fue finalista de la Copa Sudamericana en 2006: Valdivia, Sánchez, Suazo, Fernández, Vidal y el capitán, Claudio Bravo. El otro Claudio, Borghi, es una figura paterna para ellos. ¿Qué tipo de padre? Un padre cercano, que puede estar muy serio, pero que en el brillo de un ojo está a punto de la lanzar una broma. El padre de los asados, el padre que conversa. La crítica prolifera: los jugadores chilenos necesitan mano dura.

A ese padre cercano le hicieron el bautizazo, la indisciplina de llegar tarde y alcoholizados, sabiendo que va en contra de lo conversado. El padre se enojó y los otros hermanos también. Fue noticia internacional.

Bautizazo. ¿Es un superlativo? Recuerda el Puerto Ordazo, el Maracanazo, un champañazo. ¿Es una hazaña? Un jugadorazo se manda un cabezazo. La prensa deportiva se encarga de bautizar los hechos extradeportivos de los protagonistas y lo hacen en la lengua que conocen: gooooooolazoooo.

Bautizar, dar el nombre a un acto, tiene un efecto profundo. Especialmente cuando se trata de un acto confuso, semi-secreto, multicausado. Darle un nombre permite darle un trato.

El nombre que se le dio a la gran indisciplina rima también con mazazo. Un golpe contundente al papá Borghi. La hipérbole de la jerga futbolística –el nombre bautizazo– va en la dirección de rematar al DT porque insinúa el fracaso del trato cercano, del padre comprensivo.

Fue un momento crítico. Ya se había rumoreado poco tiempo antes que Valdivia y Beausejour habían estado desayunando borrachos en el Tavelli horas antes de una concentración. La posición del entrenador estaba en juego: si aguantaba otra, se le iba todo de las manos. La prensa, el camarín, todo el fútbol chileno sentiría el efecto de la dirección que daría Borghi.

Lo que hizo fue cortar a los jugadores. Fue un corte que además de estar asociado a decir "córtenla," produce una puntuación. Corte. Punto aparte.

En una sesión de psicoanálisis también se usa el corte. Se corta una palabra o una frase. Sostener se transforma en sos tener, redirigiendo el sentido original. Muchas veces se termina la sesión con un corte. La idea detrás de este recurso técnico es que latiendo entre el sentido de sus palabras está el goce de un sujeto. Cortar las frases, dejando por un momento el imperio del sentido, permite tocar algo de ese goce, reduciéndolo. El chilenismo para de gozar es altamente iluminado porque es cierto que conviene que el goce se reduzca.

El corte de Borghi tiene un doble efecto: en la línea del sentido dice "córtenla," estableciéndolo a él en un lugar riguroso, propio del padre autoritario que echaban de menos los que la lengua futbolera ha llamado las viudas de Bielsa. El otro efecto es el de puntuar el goce que burbujea en los jóvenes jugadores y que llevaba al desborde. En la mayoría de ellos tuvo un efecto de reducción.

En este evento más reciente con los convocados de la U, el DT usa nuevamente su corte. Esta vez no va dirigido a los futbolistas sino a la pareja Yuraszeck-Jadue. Más que a reducir goce, apunta desde la posición paterna a decir "córtenla." Se ve a Borghi en conferencia de prensa mostrando un documento de planificación de fines del año pasado: "no me hueveen con que soy desorganizado."

Durante ese día, José Yuraszeck, presidente de la sociedad anónima que administra a la U, intenta ubicar a Jadue para que haga valer el acuerdo que tenían para ceder a los jugadores un día más tarde y con un partido recién jugado. Cuando aparece Jadue, el presidente débil, lanza desde su lugar de atrapado la frase "no me acuerdo del acuerdo." Al mismo tiempo y a pesar del evidente bochorno envía un comunicado escrito en que dice que respalda al técnico.

En ese vacío de autoridad que deja Jadue y su espaldarazo inocuo, Borghi ha podido hacer el tránsito desde el padre cercano, chocho, que se angustiaba con los aviones, al padre autoritario que dice "córtenla." Fue algo necesario y que quizás en él es un poco forzado.

Ahora bien, cuando se trata de los poderes fácticos del fútbol chileno –es decir Yuraszeck, no Jadue– el gesto de corte agrega algo más, algo que tiene la marca de una seducción. Dice que "en la selección se está por gusto" y “yo no obligo a nadie a estar en la selección." Con eso sustrae su deseo y mira hacia otro lado, eligiendo a otro. Ahí aparece una dimensión novedosa en su corte que, por su lógica, provoca deseo. La U ofreció entonces a sus jugadores casi de inmediato y, como mirando por encima del hombro, Borghi re-convocó a uno.

El triple efecto que ha conseguido el DT con su gesto tajante parece la única forma de navegar el lugar de Seleccionador Nacional porque la encrucijada exige la capacidad de (1) reducir el goce extrafutbolístico de los jugadores, (2) calmar el clamor de autoritarismo por parte del medio deportivo nacional y (3) mantener a los clubes con algún nivel de deferencia hacia la Selección. Es algo que Borghi ha podido sostener bien, sin morder la mano que le da de comer ni el títere que la disfraza.

28 de mayo de 2012

Coproyogurt para tu Tránsito Lento

Por Peter Molineaux

Hay un comercial que gira en la televisión en el que una mujer cuenta a otra persona, que no aparece en cámara, que gracias a un cierto yogurt ya no tiene la dificultad de necesitar un baño cuando no está en casa: ahora llega a su hogar y, "como reloj," va a evacuar. Al escuchar su testimonio todos entendemos que no se trata de orinar.

Hay otro yogurt que puso a rodar una idea parecida en su publicidad, aunque lo hizo de manera algo más delicada, con la sutileza de unas flechas digitales sobre los vientres de las protagonistas y la sonrisa de Cecilia Bolocco.

En la radio, un anuncio auspicia que gracias a un producto lácteo la protagonista podrá por fin dejar de participar de una suerte de pugilato matutino con su clóset y ponerse esa tenida de segunda opción que se ve bien dependiendo de su estado de ánimo.

El bifidus está activo hace tiempo en algunos yogurts, pero lo nuevo es que el márketing (que es una excelente medida de la época) pesquice y se sirva de una tendencia de nuestra cultura: cagar bien es importante. Y es tan fundamental que aunque sólo se lo contaríamos a alguien muy cercano como hace la protagonista del primer comercial, también sale en la tele, que equivale hoy a gritarlo en la plaza pública.

Los romanos hacían del baño algo público. Además de gozar de un sistema de alcantarillado y de agua caliente, se cagaba en sociedad, por así decirlo. Los turistas que visitan el puerto romano de Ostia se maravillan y retroceden al mismo tiempo frente a las ruinas de lo que parece una hilera de letrinas sin separaciones donde sólo se puede imaginar a los comensales conversando cara a cara mientras hacen lo más básico. La discusión arqueológica sigue encendida al respecto, pero podríamos pensar que era un acto tan banal como usar el urinario.

Hoy la historia se suponía bien diferente. Por lo menos hasta la llegada de la publicidad del yogurt. En nuestros días, para la esfera de lo más privado se promueve en el escenario más público lo último en bienestar: una manera de regularse afectivamente desde el transito intestinal.

Si para Freud el cuerpo estaba profundamente entrelazado con la simbolización, es decir que hablaba a través de sus síntomas, ¿qué quiere decir hoy, sobre nuestra relación al cuerpo, esta manera tan efectiva de vender yoghurt?

En los '80 se tomaba Milo porque te hace grande. Lo que importaba era el éxito. La palabra éxito y el pelo escarmenado hacia los cielos parecían comportarse como la brillante brújula a seguir. Éxito es una palabra, tiene un efecto simbólico, y está bien representada por todo ese brillo, por objetos cromados y colores fosforescentes intensos. Uno se olvida un poco del cuerpo y las entrañas que sin embargo siguen ahí.

Caído el brillo, los noventa y la generación X (que ahora se acerca a los 40), puso de relieve lo feo: se ensuciaron los jeans rajados y se dejó caer como fuera el pelo en la cara. En los noventa reaparece el cuerpo real; la grasa en el pelo, la barba mal tenida, esa mancha en el polerón celeste de Kurt Cobain. No se entienden mucho las palabras de las letras de las canciones, pero sí el mensaje: nos pesa el cuerpo sucio pero nos vemos bien. Here we are, now entertain us.

El 2000, con su Y2K impotente, su bling-bling gangsta y rock post-algo, parece una recreación indecisa de las dos décadas anteriores, una fiesta desinflada luego de que el ingreso al nuevo milenio no trajera ninguna gran explosión de euforia. Ahí nació la cultura Next. No la del yoghurt sino la de MTV: una banalización terrible del otro que se reduce a objeto ya no como la objetivación de la mujer en la pantalla, por ejemplo, sino como la reducción a un deshecho. A un deshecho de consumo. Consumido o desechado. Next. Eso, junto al ya mencionado bling y los cuerpos inflados del reggaetón o Beyoncé, se timbra y se consume o se sella y se bota.

Bajo todo esto se van hinchando los cólones, se aprietan las gargantas, los adolescentes se cortan los brazos, la población engorda o va al gimnasio. Se bruxa en la noche.

El tránsito se hace lento.

Desde una época en que una palabra daba sentido y orientaba hacia una imagen pasamos a otra en que las palabras no importaban tanto, pero la estética sí, dando forma al cuerpo. Con el flop del milenio y la caída de las torres pasamos a otra época, más radical, en la que una palabra tacha o elige a un cuerpo, sirviendo para todas las estéticas sin importar cuál (la imagen es nada...). Pero todavía quedaba una palabra fuerte, aniquiladora y pronunciada con veneno, NEXT.

El paso siguiente – el actual, el del yogurt – es el del cuerpo como solución a si mismo. Se salta el paso por la palabra o la imagen. Estar bien, hoy, dista del slogan derivado de los romanos: mente sana en cuerpo sano. Lo que importa para nuestra época es el buen funcionamiento de los órganos, la tonificación y posición (yoga, pilates, capoeira) de la masa. Hoy la felicidad es el cuerpo. Y el malestar también.

Una de las pacientes fundadoras del psicoanálisis, Anna O., tenía una serie de dificultades en el cuerpo entre los que se contaba, por ejemplo, la parálisis de uno de sus brazos. En el análisis del caso, que no fue un caso que atendió Freud directamente, aparece asociado ese síntoma al recuerdo doloroso de su brazo dormido por tenerlo en una cierta posición sobre una silla junto al lecho de muerte de su padre. El cuerpo simbolizando.

El colon no simboliza nada. Salvo, quizás, que está irritado. Se irrita en vez de decir algo.

Cuando un adolescente se corta los brazos hoy, no lo hace para matarse. Casi invariablemente testimonia que lo hace porque lo calma. El cuerpo – lo real de los órganos – ha tomado el protagonismo en el apaciguamiento del sufrimiento psíquico.

Y el márketing se ha dado cuenta: el yogurt va a regular tu tránsito por la vida.

19 de mayo de 2012

Los árboles no permiten ver El Bosque

Por Francesca Lombardo

Los árboles, sus ramajes, sus follajes, sus troncos y raíces confunden, velan el grupo, nublan aquello que los hace precisamente ser el bosque, la agrupación corporativa, aquello que los liga y les da la fuerza.

Y juego aquí con el bosque, el móvil y presagiado a Macbeth, el de Caperucita Roja y también, y por supuesto en mayúscula, la Avenida El Bosque, la Parroquia El Bosque que se ha hecho célebre últimamente por las acusaciones a su párroco vitalicio Fernando Karadima.

Ese enclave religioso pulsátil que dependiendo como se le mire puede situarse entre lo banal, lo sensacionalista de una secta que conjuga una religiosidad pueril, anacrónica, y las voluptuosidades indecibles de varios goces, el pecado, la culpa, la confesión, la penitencia y vuelta a lo mismo. Pero no es precisamente o solamente esas historias de sexualidad clandestina, corrupta, sostenida en el tiempo durante años y años, sino la mezcla de elementos afectivos, sexuales, ideológicos y el poder, la voracidad por el poder, el dinero, el estatus social, más la religión, el conservadurismo más abyecto y los patios traseros de la sociedad chilena en todo esto, eso es lo que me parece interesante: cómo la mezcla de todos estos elementos cataliza particularmente algunos puntos para un muestreo de Chile, de su historia social, política, económica.

El año pasado (2011) aparecen dos libros que dan cuenta de uno de los mayores escándalos que ha remecido a la Iglesia católica chilena. La denuncia hecha primero individualmente por cuatro profesionales de edad mediana contra el párroco de la Parroquia El Bosque – luego reiterada en conjunto – instala los cargos de abuso sexual y psicológico mantenido durante años por el sacerdote: el tráfico de influencias, la red abigarrada de proteccion, los silencios, complicidades y tráficos varios entre los cuales el sexual no es el menor.

Estos libros que menciono son: "El señor de los infiernos" de la periodista (Premio nacional de periodismo 2009) y docente universitaria María Olivia Monckeberg y "Los secretos del imperio de Karadima" cuyos autores son Juan Andrés Guzmán, Gustavo Villarubia y Mónica González, todos ellos periodistas de importante trayectoria.

El caso en cuestión ocupó las páginas de los diarios, las actualidades de los noticiarios televisivos y no pocas editoriales, cartas públicas, etc. Suelo ser una lectora de la crónica roja, los hechos diversos siempre me han parecido el precipitado en acto de lo que trae la marea, las erupciones infectadas del cuerpo nacional. He leído gran parte de lo que apareció acerca del caso, incluyendo los libros que cito y que son investigaciones más acuciosas al respecto.

Entonces visualicemos topográficamente el paisaje. Cito del "Señor de los Infiernos" de M. O. Monckeberg, pg. 9:

"La avenida Eleodoro Yáñez, conocida hasta hace unos años como Las Lilas, corta en dos una gran extensión de áreas verdes que lleva su antiguo nombre. Esta vía de la comuna de Providencia atraviesa uno de los barrios más tradicionales de Santiago, que se extiende entre cuatro avenidas principales: Carlos Antúnez por el norte, Pocuro por el sur, Tobalaba por el oriente y avenida el Bosque por el poniente. Las calles interiores tienen nombres florales, las Hortensias, las Lilas y también nombres patricios como Juan de Dios Vial, Carlos Silva Vildósola, Loreto Cousiño quien donó el terreno donde se ubica la iglesia, una construcción roja con un torreón y en la entrada principal una gran pintura de Jesucristo rodeado por cuatro apóstoles, evocando su ascensión a los cielos después de la resurrección. 'Padre nuestro que estás en los cielos,' se lee sobre la imagen."

La construcción data de los años treinta / cuarenta, siendo concebida como una joya hecha por hombres piadosos y pertenecientes a las familias más distinguidas de la época.

Alejandro Hunneus Cox, el primer párroco, aspiró a fundar una agrupación de sacerdotes, pero no con el carácter de orden como los Legionarios de Cristo o la Compañía de Jesús. Pensó más bien en una sociedad, como son los salesianos, que educan a sus propios sacerdotes poniendo énfasis en determinados aspectos, pero luego estos se integran al clero diocesano y obedecen al obispo del lugar. Esta sociedad fue formada reuniendo a importantes presbíteros con patronímicos importantes en una organización que tendrá un rol importante cuando Fernando Karadima a partir del año 2000 haga de la Unión sacerdotal del Amor Misericordioso del Sagrado Corazón de Jesús, más conocida como La Pía Unión, una suerte de inmobiliaria para la compra de departamentos en el barrio El Bosque.

Karadima llega al Bosque en 1952, un mes después de la muerte de Alberto Hurtado. Lo que se sabe de él es que viene de una familia de estrato medio, su padre es un hijo de emigrantes de poca fortuna y su madre, a través del relato y la memoria, hace circular un cierto linaje venido a menos pero que contrarrestaba la pobreza genealógica del padre. "Aparentemente Karadima tuvo una figura paterna débil, casi ausente y una materna fuerte, manipuladora y distante" (Pg. 9 "Los secretos del imperio…").

Fue además un alumno mediocre que cursó solo hasta octavo básico. Si bien para el año 1946, que fue el último que pasó en el sistema escolar, ocho años de escolaridad estaban por sobre el promedio (en la década del 40 apenas un 18% de quienes estaban en edad de hacerlo se matriculan en lo que hoy llamamos educación media), se trata de una formación muy elemental para quien tendrá una influencia y un poder notable siendo cura y dominando al sector más conservador de la sociedad chilena ya que se encargó de formar espiritualmente a sus hijos. Esto fue posible en principio por contactos familiares precisos, fabulaciones varias, y a la destreza que tuvo para detectar las debilidades ajenas y hacerlas rendir, producir a toda vela diría yo.

Entre sus parientes maternos estaba Alberto Fariña, sacerdote que llegó a ser obispo auxiliar del cardenal José María Caro, convirtiéndose así en el verdadero poder tras el trono de la Iglesia de Santiago.

Cito de "Los secretos del imperio…" (pg.10): "Fariña era un cura de sotana, preconciliar, que manejaba con destreza los pasillos del poder." A los 16 años Fernando Karadima es introducido por este pariente y se afirma tenazmente luego de este empujón inicial en lo que será su futura vida.

Una de las fabulaciones más recurridas en este trayecto de implantación de Karadima es su amistad estrecha con el Padre Hurtado, nuestro santo criollo. Esto le permitió insinuarse como ligado a un momento de santidad y heredero de la misma. La elite chilena tal vez acogió con contentamiento a este heredero, ya que el santo fue llamado “el cura rojo” y sus inquietudes sociales perturbaban la devoción. Este heredero conservador, preconciliar, no fustigaba con la justicia social sino que cultivaba una religiosidad intimista y ritual, centrada en la amenaza del infierno, la sumisión intelectual y la obediencia a todo trance.

El Bosque se inviste de todo esto y congrega a la clase dominante ansiosa de tranquilidad en tiempos que gran parte de la Iglesia adhiere a Medellín y Puebla, acentuando la dimensión social de la fe, y el cardenal Silva Henríquez no duda en denunciar los graves atentados a los derechos humanos y a la dignidad de los sujetos.

El Bosque, ya antes del golpe de estado, da refugio en "su torre" a uno de los jóvenes de ultra derecha que atentan contra el general René Schneider asesinándolo y dando pié a lo que posteriormente será la secuela de violencia que se instalará con el golpe militar.

Al mismo tiempo Karadima acoge y nutre a sus feligreses y despierta o descubre vocaciones sacerdotales a granel. La iglesia se encuentra en déficit de llamados divinos: cincuenta sacerdotes y cinco obispos no es poca cosa y estos son formados dentro de este circuito cerrado de dogma, pecado y silencios.

Ya he dicho que toda esta estructura me interesa en la medida de una torsión, de una laminita deslizante y ávida. Está el abuso sexual durante años y años de jóvenes de buena familia practicado en el Bosque, es decir lo que caería mas bien en el pecado de Sodoma, ya sabemos, las delicias de lo mismo, de lo uno y no de lo otro. Pecado que mereció el exterminio por fuego en las "Ciudades de la Llanura" (dirá el Génesis). Pero dos ciudades dicen las Escrituras – y aquí haría yo entrar la torsión de la laminita – ¿cual es el pecado de Gomorra, la ciudad contigua que también mereció la ira divina?

Me pregunto si la inequidad de Gomorra será la usura, el préstamo a interés, como sabemos aborrecible cuna arcaica del capitalismo y severamente perseguida en la Edad Media. Es pues en la usura, en un matiz de ella, que el caso Karadima me hace pensar.

En un libro interesante que se llama "La bolsa y la vida" Jacques Le Goff, historiador francés especializado en el medioevo, rastrea y estudia la usura, la figura odiada y a la vez imprescindible del usurero – "ladrón de tiempo," ya veremos por qué.

Durante siete siglos en Occidente, desde el siglo XII al XIX, la figura del usurero y su pecado aparece como una mezcla detonante de economía y de religión, de dinero y de salvación.

La palabra usar, usage y de la cual deriva usura dice relación con el aplicar, hacer obrar un objeto, una materia, para obtener un efecto que satisfazga una necesidad, sea que este objeto o materia subsista (utilización), desaparezca (consumación) o se modfique (usura).

Uso que da, desgaste que produce, degradación que rinde.

Según Le Goff la usura es cómo se llama a un conjunto de prácticas financieras vedadas, siendo por una parte la imposición de un interés por un prestamista ahí donde no cabe ningún interés. Usura e interés no son sinónimos, así como no lo son tampoco usura y beneficio. La usura aparece cuando no hay producción o transformación material de bienes concretos, de ahí lo de "ladrón de tiempo." El usurero roba a Dios porque hace fructificar de una manera desviada, con otra velocidad que la que da el espacio partido por el tiempo.

El cristiano de la Edad Media entendió que por estas razones el paraíso le estaba negado al usurero.

La usura es recibir más de lo que se ha dado, recibir en otra naturaleza, es el excedente ilícito, la demasía ilegítima. Habría dos tipos detestables de avaricia que son castigadas por un veredicto judicial: la usura y la simonía (tráfico de bienes espirituales).

La usura es un pecado contra el justo precio (la justicia), un pecado contra la naturaleza. El dinero es infecundo y la usura quisiera hacerle tener hijos, dice Santo Tomás de Aquino después de haber leído a Aristóteles. El dinero no engendra dinero, y esto no quiere decir, señala Le Goff, que los teólogos y los canonistas medievales hayan negado toda productividad al capital, sino que en el caso del préstamo a interés hay algo contra natura. El dinero que duerme no produce naturalmente ningún fruto, pero la vida es naturalmente fructífera. A falta de fecundidad natural se puede hacer "trabajar el dinero."

Hacer engendrar hijos a las monedas, hacer trabajar el dinero sin la menor pausa es pues contra la naturaleza, una bestialidad. La usura vende el tiempo que no le pertenece ya que profita de la demora: el tiempo trabaja para él.

En su Infierno, Dante coloca a los usureros junto con los sodomitas, otros según las Escrituras, que pecan contra la naturaleza.

La usura en El Bosque me parece que liga deslizantemente cuerpos bien nacidos, bellos, patricios, y a la vez o por eso mismo fructificaciones materiales y espirituales que esos cuerpos, por su pertenencia social, histórica son capaces de emitir en su desgaste. Joyas que remiten a un tesoro inagotable, el tesoro de la juventud, de los bienes materiales, de los prestigios y a la vez de la espiritualidad conservadora de toda una clase. Es así que tiendo a entender el caso, más aún cuando el resultado de las acusaciones contra Karadima en el proceso llevado ante el Vaticano arroja un resultado en Noviembre de 2010 que lo sentencia como culpable, el presbítero es autor de los delitos de abuso sexual de menores y de adultos, además de abusos de poder. Esa es la sentencia del Tribunal Eclesiástico Vaticano. Por su parte la justicia civil chilena sobreseyó el caso, es decir la Iglesia, después de todas sus dilaciones está obligada a prenunciarse, no así la justicia chilena cuya composición de clase en los grandes staffs jurídicos, sus entramados de y en el poder sigue rindiéndole a Karadima, el poseedor de secretos, sus tributos.

Otro punto interesante en este asunto es algo que se relaciona con las legitimidades, con ser o no ser hijo de un padre. En Hispanoamérica en general, en Chile en particular, la figura del "huacho" se ha hecho un lugar en la reflexión de etnólogos, historiadores y tambien de escritores.

Huacho o guacho del mapudungun es huérfano o ilegítimo, bastardo, sin padre, sin clan, disparejado, no acompañado de aquello que debería juntársele. En general se entenderá por huacho quien no pueda ostentar un padre. Desde este punto de vista Karadima es un huacho, con un padre que instala muy poco y una madre que lo hace en demasía, él sube por la vía de la madre, por el obispo Fariña.

Luego, ya instalado en el Bosque, Karadima hace de padre, un padre promiscuo por decir lo menos ya que su paternidad no es solamente espiritual. Esos adolescentes confusos, místicos, que se acercan y se funden con él, son muchos de ellos y sobre todo los más cercanos, es decir los más usurados, hijos de familias con historias indigestas, muy pesadas, padres excedidos o ausentes, muertos precozmente, padres que no estan. Esos adolescentes son huachos también, los huachos de la clase alta. Es con ellos que Karadima ejecuta la usura, ejerciendo esta paternidad perversa, elige entre ellos a sus "regalías," a sus "regalías máximas." Una regalía es un privilegio, algo que supuestamente le es debido, que le corresponde, es el excedente que codicia y obtiene. Arreglo de cuentas por lo tanto con la filiación, con la genealogía, con el poder. Trafico de cuerpos y de psiquis que arrojan saldos en caja, que engrosan las arcas y el narcisismo de Karadima.

Seguramente se venga y enriquece con este abanico de usuras, hace trabajar las efracciones al cuerpo, las confesiones, las confidencias. Hace su fortuna de los diezmos, las limosnas, las donaciones, los regalos con que sus feligreses lo mantienen.

Este último Domingo 15 de Abril, en el diario La Tercera aparece un artículo sobre el fallecimiento el año pasado de doña Isabel Valdés Vial, viuda de Guillermo García Huidobro Jaraquemada y tambien viuda del ingeniero Fernando Gonzalez Cerveró. Su herencia deja al padre Karadima sesenta millones de pesos. Las fuentes eclesiásticas precisan que el sacerdote puede disponer de este patrimonio puesto que se trata de un sacerdote diocesano. Recalcan que son los clérigos pertenecientes a órdenes religiosas quienes no cuentan con bienes propios, ya que estos deben ser entregados a las congregaciones, según los estatutos de estos mismos.

Como vemos, mas allá del goce de los cuerpos, más allá de la plusvalía sobre esos cuerpos, más allá del retiro del mundo y el cese de su ejercicio sacerdotal como director espiritual, la moneda trae monedas, un sacerdote como mediador entre cielo y tierra, entre el pecado y la vida eterna sigue teniendo hijitos, un gran multiparo en la confusión de naturalezas. Vuelvo a recordar la frase en la entrada de la Parroquia, "Padre nuestro que estás en los cielos," es decir, Padre de todos que no estas…

La bolsa o la vida era la increpación clásica de los asaltantes de camino. El libro de Le Goff pone el acento en "la bolsa y la vida," así él consigna la innovación que en la teología medieval será el purgatorio, especie de antesala que solo pospone un poco la entrada al cielo. La iglesia y los poderes laicos empiezan a decir al usurero: "Elige: la bolsa o la vida," pero el usurero pensaba: lo que yo quiero es la bolsa y la vida. En la Edad Media ya es sabido que por ejemplo los obispos, que son los prelados y los vigilantes de las iglesias, mantienen relación con usureros y por lo bajo la practican tambien ellos. Este pecado contra natura corrompe la sociedad hasta su cúspide, hasta la cúspide de la Iglesia como una lepra contagiosa. Así podemos pensar que el purgatorio no fue concebido explícitamente para dejar vacío el infierno, sino para dar un último lugar de arrepentimiento antes de perder para siempre la vida eterna. La contrición final será pues la ruta para obtener a la vez la bolsa aquí abajo y la vida eterna allá arriba. Pienso que por estas razones la Iglesia, el Vaticano, no pudo sino condenar a Karadima y, por las mismas, la justicia chilena lo sobresee.

14 de mayo de 2012

Hinzpeter y la Venganza de la Ley

Por Peter Molineaux

Luego del ataque incendiario protagonizado por un grupo de encapuchados en contra del automóvil del rector de la Universidad de Santiago se escuchó en la radio al Ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, hacer la siguiente declaración refiriéndose a los autores del hecho:

"(Que) sean puestos ante la justicia para que reciban la venganza de la ley que es lo que corresponde en un Estado de derecho."

La mañana siguiente, el vocero de gobierno Andrés Chadwick, representante de la templanza y el equilibrio en La Moneda, interpretó la palabra venganza como un error y la reemplazó por el término rigor.

Desde la perspectiva del psicoanálisis, como es bien sabido, un error está más cerca de la verdad que su rectificación. Una de las primeras fórmulas que utilizó Freud para dar prueba de la existencia del inconsciente fue recopilar lapsus y actos fallidos de su experiencia para seguirles la pista hasta alguna verdad encubierta y bien cargada de afecto para quien los cometía.

Hay una verdad en el deseo del ministro que quiere que la ley opere como venganza. Ese deseo es profundamente humano y al mismo tiempo permanece muy reprimido por la civilización.

Freud constataba en su artículo Pegan a un Niño cómo un pequeño podía experimentar placer al ver a su hermanito ser duramente castigado por su padre. Ese impulso fratricida y perverso es aplastado por la internalización de las leyes del pacto social que un niño va aprendiendo a medida que atraviesa las dolorosas pruebas de su maduración.

La ley se encarga de suprimir los impulsos más brutales al tiempo que el Estado se hace cargo de sostener esa ley. Y los ministros, como Hinzpeter, representan y dan cuerpo al Estado.

Para el psicoanálisis la aparición de la ley se remonta a un tiempo prehistórico, pre-civilizado, y se funda en el mito freudiano de la horda primordial. Antes de la historia y en el límite entre lo animal y lo humano habría vivido una banda de hermanos sobre la que reinaba un padre, dueño de todos los privilegios y con derecho al usufructo de todos los recursos, especialmente los sexuales. El padre de la horda tomaba para sí a las madres, hermanas e hijas, excluyendo de la vida sexual a los hermanos.

El mito cuenta que un buen día los hermanos se organizaron para asesinar al padre y obtener para ellos los beneficios de los que él gozaba. Consumado el acto, sin embargo, la culpa y el terror se apoderaron de los hermanos y, dice Freud, "el padre se hizo más fuerte muerto que en vida," instalándose simbólicamente como ley e imponiendo el mandato más antiguo, fundante de la civilización: la prohibición del incesto. Desde ahí los humanos tuvimos que buscar la satisfacción en la exogamia. El intercambio regulado por un pacto social se transformó en la única manera posible de tramitar nuestros impulsos (sexuales y de agresión), ubicando a la ley como garante de que no vuelva a haber uno que goce de todo ni que todos gocen del asesinato de uno.

La ley, entonces, regula al goce. El psicoanalista francés Jacques Lacan construye uno de sus conceptos centrales, la jouissance (el goce), a partir de un concepto legal: el usufructo. El derecho al usufructo es lo que la ley está llamada a regular, prohibiendo a partir de cierto punto que se goce. Ese punto se define en cada cultura dependiendo de su historia y su recorrido desde la primera prohibición, la del goce sexual de los cuerpos de los sujetos de la familia propia.

Si la ley logra una venganza, logra una parte de goce, un plus. La venganza es dulce, la venganza logra la satisfacción a través del usufructo de algo del otro. Cuando el Ministro Hinzpeter dice su verdad humana, su deseo de que la ley goce del otro, es un deseo esperable. El problema es que lo dice como Secretario de Estado, desde uno de los lugares que hemos establecido como civilización para garantizar que el uno no usufructe del otro.

La posición subjetiva del Ministro, que es inconsciente, es la de usar la ley para vengarse. Es una posición que seguramente antecede a su lapsus y que se ha podido sentir en los aparatos de seguridad interna del Estado que están a su cargo y reciben la transmisión de su deseo. Es decir, las policías, al escuchar ese susurro, pueden autorizarse también a vengarse con la ley.

La reacción cada vez más violenta de los gozados es el intento por recuperar algo de eso usufructado, de ese plus, a través de la violencia. Hacen como lo hicieron en el mito freudiano los hermanos de la horda.

La rectificación del Ministro Chadwick va en la dirección de restituir a la ley en su lugar de regulador, esta vez riguroso. Sin embargo, la negación del otro sentido, del inconsciente, permite que siga operando.