30 de abril de 2013

Laurence o el discurso canalla

Por Peter Molineaux

La renuncia de Laurence Golborne a la candidatura por la presidencia como abanderado de la UDI se concretó pocos días después del fallo de la Corte Suprema en contra de su antiguo empleador, Cencosud. Se condenó al holding a devolver 70 millones de dólares por cobros abusivos en sus tarjetas de retail y las miradas se volvieron inmediatamente hacia el sonriente ex-ministro porque esos abusos se cometieron cuando él era Gerente General de la firma. Fue el inicio del fin. La estaca definitiva vino con el reporte de su participación en una sociedad establecida en un paraíso fiscal del caribe. Estruja a la gente acá y guarda su plata allá para no pagar impuestos. #CaGolborne.

Su defensa fue precaria, titulando: "Yo seguía órdenes del directorio." Luego, "siempre he hecho lo que la ley exige," abriendo el flanco de la diferencia entre lo legal y lo ético.

Al conocer la condena a su Cencosud, Horst Paulmann hizo una declaración muy extraña en la que se alegraba por lo acontecido: "La Corte Suprema definió una nueva forma de trabajar, nosotros vamos a acatarlo y estamos muy contentos en el directorio de que no se haya aplicado multa y no haya que pagarle al Gobierno, sino que esto va 100% hacia nuestros clientes, y todo lo que es para nuestros clientes es bueno para nosotros."

Esa forma de pensar –y también de actuar– dice lo siguiente: voy a acatar la ley, pero si no me lo prohiben explícitamente voy a lucrar al máximo que permita el mercado. El mercado, es decir la competencia, es justamente lo que los grandes holdings como Cencosud van tragando. También explicita Paulmann que su interés son sus clientes y no el gobierno, o sea nuevamente el Mercado y no el Estado. Es una ideología conocida, de libertad económica. De sonrisa y marketing. De venta, venta, venta. Conquistar nuevos mercados y que no se meta el estado.

Esa ideología es la que elige a Golborne como Gerente General y también como candidato a la presidencia. Pero es más que una ideología: es una forma de hacer lazo social. No es sólo una forma de pensar, una serie de ideales por los cuales luchar, sino que se trata de un discurso y como tal tiene efectos sobre el goce, los intercambios y los cuerpos de los sujetos.

Cuando Lacan elaboró sus cuatro discursos en 1969, pensó en "cuatro y no más." Cuatro modos de hacer lazo. Fueron el discurso del amo, el del histérico, el universitario y el del analista. Cada uno tenía una particular manera de lidiar con la verdad, con el objeto, con el otro, etc. Hasta ahí las cosas iban bien, pero en los años siguientes el septuagenario Jacques empezó a hablar de un quinto discurso, de una bestia voraz que asomaba para nuestra época: el discurso capitalista. Lo bautizó también con el preciso pseudónimo de discurso canalla.

Es una forma astuta de hacer lazo social, pero que está destinada a reventar. En los otros discursos hay siempre un punto de fuga, algo que se escapa permitiendo que la cosa marche. En el discurso del amo, por ejemplo, a pesar de que el amo se dirige al esclavo para dominarlo, éste último tiene el saber para producir y el amo entonces está en verdad en una posición precaria, en falta. Eso mantiene el lazo, la necesidad de apelar a otro. El discurso universitario intenta cubrir con el saber al objeto –explica, publica, da cátedra– pero produce en el sujeto una falta porque el saber no cubre suficientemente al objeto, al mundo. La verdad del discurso universitario no es el saber sino el amo. Por eso unas doctrinas caen y otras se impulsan por movimientos de poder más que por superaciones intelectuales.

Cada uno de los cuatro discursos deja espacio para un movimiento y eso permite que algo circule. Con eso que escapa, que sobra, se hace algo. Para enlazarse con el otro es necesario que algo falte en el uno. Sino ¿para qué el otro?

La astucia del canalla es hacer una trampita en la operación. Pillo el capitalista. El artilugio consiste en poner al sujeto como agente de su falta y hacerlo creer que es el amo. Quiero eso y me lo llevo. Lo saco con la tarjeta. Lo tengo. Así produce un circuito cerrado en el que se ofrecen objetos –cualquier objeto– al sujeto como satisfacción de su falta sin permitir que nada escape. Como el consumidor sucumbe al engaño de ser el amo en el mundo de la oferta constante, su demanda se relanza y se vuelve a relanzar en una turbina de excesos sin freno. La válvula de escape, que era en los cuatro discursos justamente aquello que no se puede satisfacer, queda clausurada. En el acto de consumo el sujeto se consume y se dirige hacia la implosión.

Paulmann se alegra de que se devuelvan los 70 millones de dólares a sus clientes porque sabe que eso va a volver a entrar en el circuito capitalista. Simplemente tiene que seguir ofertando cualquier cosa y seguirá el consumo de los sujetos y la acumulación del holding. Golborne enfrentaba su campaña de la misma manera, ofreciendo cualquier cosa tanto a la UDI como a su electorado para conquistar votos. Una campaña publicitaria.

Afortunadamente la política chilena no está aún en el punto de admitir que se opere dentro de ella con el discurso canalla. Había una expectativa puesta en Sebastián Piñera para traer la excelencia del mundo privado al gobierno, pero fracasó en el camino y hubo que traer políticos como Allamand, Matthei o Chadwick para hacer funcionar al país. Golborne era el representante de esa idea del primer Piñera, donde los ideales se reemplazaban por slogans y la forma era más importante que el contenido. Lo que estaba detrás, ciertamente, no eran ideas políticas sino una manera de hacer las cosas, aquella del discurso capitalista. Con ese intento de reemplazar la política por gerencia el país ardió. Aquí algo del sujeto todavía se subvierte.

No ha sido posible gobernar con el discurso canalla porque la política funciona con el discurso del amo, con esa máquina de tramitar ideales, ideas, ideologías. La trampita capitalista de reemplazar los ideales por cualquier cosa no ha resultado para lo público porque lo público es el lugar por definición del lazo social, ese que la trampita busca evitar. Horst lo sabe. Sebastián lo aprendió. Laurence se está enterando.

8 de abril de 2013

El Nombre del Papá

Por Peter Molineaux

Se ha aprobado en el Congreso Nacional una modificación al Código Civil que cambia los artículos en los que se otorga el cuidado de los hijos a la madre en el caso de una separación conyugal. Detrás de esta modificación está una organización que se llama Amor de Papá, compuesta sobre todo por padres que han sufrido lo que ellos llaman una discriminación y la injusticia de perder legalmente la tuición de sus hijos cuando sus ex-parejas recurren a los tribunales y hacen uso del Código que las favorece explícitamente.

En un punto de su tramitación durante el año pasado la Ministra del Sernam, Carolina Schmidt, y la diputada María Angélica Cristi de la Comisión de Familia introdujeron en la ley "amor de papá" (así busca ser llamada por la organización) una norma supletoria que dejaría a los niños a cargo de la madre mientras durara el juicio. Esto para los Papás significaba que su esfuerzo legal quedaría en "letra muerta," desatando en sus entrevistas y en su página web una campaña contra la Ministra Schmidt llena de superlativos, descalificaciones e incluso un poster con la foto de ella y la leyenda "SE BUSCA ¡Ministra MACHISTA! Facilita el MALTRATO a los Hijos de la Patria." Veíamos por la prensa la pelea entre los Papás y la Mujer esperando que pronto se materializara la ley que ponga finalmente a los niños como interés superior.

Los Papás recibieron en marzo de este año el respaldo en el Congreso y en el mundo académico para rechazar el intento de la Ministra por matar su ley. A pesar de esto Carolina Schmidt ha expresado que va a introducir algunos ajustes "técnicos de redacción" en la ley a través del Sernam, levantando las sospechas de los Papás que temen que sea una forma tramposa de lograr el objetivo que tiene Ella de mantener la discriminación. La Ministra, La Mujer, quiere seguir jodiéndonos a los Papás. Se revive en la escena nacional el fantasma de la escena judicial: Ella nos quiere quitar el derecho de ver a nuestros hijos. A pesar de que la Ministra tuiteó que no va a cambiar nada de lo acordado en el Congreso y que es una "buena ley," los Papás siguen indignados, suspicaces.

La petición de la organización Amor de Papá es bien sensata: piden igualdad de derechos y deberes. Sin embargo, la pasión con la que pelean con la representante estatal de los intereses de la mujer revela entre líneas otra cosa que tiene que ver justamente con lo que la igualdad ante la ley intenta regular: la diferencia. La fundamental entre estas –la primera– es la diferencia sexual. En la relación con el otro sexo se pone en juego esta distinción original que es consecuencia de la disparidad anatómica constatada en la infancia y que impregna toda alteridad futura. Tener o no tener no es lo mismo. Remite a la castración, a la impotencia, a la incompatibilidad, a lo imposible.

La forma más simple de rechazar la castración es atribuírsela a otro y, por morfología genital, la que parece más evidentemente castrada es la mujer. Pero el retorno del alejamiento por esa vía es el de la mujer castradora, aquella que por no tener nada que perder –por ya estar castrada– viene por lo más preciado. En el caso de los Papás, los hijos. Es un esbozo de las historias de amor que terminan judicializadas. Eres TU la culpable. No, eres TU. No vas a ver más a tus hijos. Te voy a demandar.

Apelar a la ley, es decir al tribunal, tiene en principio la función de establecer un orden en aquello que ha sido devastado por los avatares de las diferencias entre unos y otros. Los sujetos litigantes una vez pensaron –sintieron incluso– que estar juntos era la conquista de la grieta de su diferencia. Cuando esa ilusión cae, el reclamo es justamente hacia el otro y la respuesta del otro es un reclamo aguerrido hacia el uno por aquello que falta. Bajo esta guerra irresponsable (porque la castración es responsabilidad de cada uno) están los niños producidos por esa relación que intentó cubrir la grieta. El peligro para esos niños es ser tomados como nueva promesa de alivio para la serie diferencia-castración-impotencia. Es lo que intenta evitar explícitamente el Derecho con el interés supremo del niño.

La ley, en clave psicoanalítica, tiene desde Freud su fuente en el Padre. La entrega de los mandamientos a Moisés por Dios-Padre a condición de matar a su propio hijo es en la tradición Judeocristiana uno de los actos simbólicos ejemplares que ligan la Ley con lo Paterno. Había ahí un garante, un ser supremo, potente, que velaba por que se hiciera justicia más allá de lo que sucediera en la tierra, incluyendo la muerte. Pero ese Dios no es en nuestros días el centro del universo ni de la voluntad.

Ese Padre tampoco.

Desde hace un tiempo se discute en los círculos psicoanalíticos sobre la caída del Padre en nuestra época. Es todavía polémico, pero lo que Lacan llamó el Nombre del Padre, es decir un referente simbólico que asegura que las cosas anden, ya no anda tanto. Esto significa que aquello que se sostenía para ordenar y vérselas con la diferencia se desdibuja, imponiendo consecuencias para lo masculino, lo femenino y para las dinámicas en torno a la sexuación y el síntoma.

La caída del Padre podría limitar, por ejemplo, al patriarcado que ha convivido de manera sorprendente con la estructura marcadamente matriarcal de la familia chilena, produciendo con ese paralelo la particular síntesis de hombres machistas mamones. La caída del Padre podría también permitir que aparezcan nuevos ordenamientos estructurados en torno a otros parámetros que no son la Ley, lo simbólico, la prohibición.

El amor de papá se perfila como una de esas novedades. La definición de Papá que da la organización en su página web dista ampliamente del Padre y, para evitar confusiones, tiene que preocuparse incluso de explicitar que no está definiendo a una madre. No es que los Papás quieran ser mamás, pero se le parecen más que al Padre. Ahora bien, el Padre antiguo, el Dios-Padre no es un modelo a seguir en su violencia, en su intransigencia aplastante, en su juicio desconsiderado. Pero sin él, sin esa posición garante, se hace difícil lidiar con el otro sexo a pesar de la promulgación de una ley nacional que apunte a la igualdad. El motor de la lucha no es la desigualdad sino la diferencia.

El único que sabía hacer algo con esa diferencia era el Padre. Los Papás, ante su caída, levantan una ley que busca igualarlos con la mujer en un intento más por ganarle a la impotencia que la existencia de su sexo produce. Aunque esta ley sea un éxito, su promulgación no evitará el fracaso de la igualdad como antídoto para la diferencia.

19 de marzo de 2013

La cruz de Francisco

Por Antonio Moreno Obando

Hoy tenemos un Santo Padre muy conocido por nosotros, de esa manera como se conoce a un vecino aquí en Latinoamérica: aunque jamás se le dirija la palabra se puede saber qué come, qué piensa, incluso qué tipo de calzoncillos usa. También se le puede tener afecto o se le puede odiar, están demasiado expuestas sus miserias.

Y así de repente un día el vecino se hizo el Sumo Pontífice. Antes de celebrar primero aparece la suspicacia, ya habrá tiempo para los festejos. Sin embargo lo que genera en todo el vecindario este nombramiento con su perplejidad es un incansable gesto de asombro y sorpresa, como si no se pudiera hablar de otra cosa. Nos encontramos en el espacio público con los ojos redondos ya saliendo de sus órbitas, muy pendientes a los pasos de esta nueva autoridad. Se ha vuelto fundamental para los vecinos saber sobre su probidad, sobre su calidad moral, sobre su verdadero carácter, puede ser un demonio o un santo, un guerrillero o un nuevo paladín conservador, quién sabe...

Todo esto nos remece algo del sujeto, nos obliga a cortar algo de continuidad en nuestros discursos católicos o ateos obligándonos a relanzarnos en nuevas frases, no solo sobre un personaje famoso en particular, sino que sobre nuestro propia escatología; es que para los católicos pensar en la muerte, en el cielo o el infierno es así de anal.

Hay una clave de lectura de Lacan que alguna vez usó para poder acercarse mejor al texto freudiano y sus problemas clínicos que podría sernos útil en este comidillo. Lacan echó mano de la lingüística para diferenciar el sujeto del enunciado y el sujeto de la enunciación, donde en palabras simples el primero sería el de lo dicho y el segundo el del acto de decir. Al pensar este binomio, se puede representar el problema del sujeto con su ineluctable división, circunstancia en la cual su verdad parece confundida entre estas dos mitades, la mayor parte de los tiempos discordantes entre si.

El sujeto del enunciado del Papa de apoco comienza a aparecer en los espacios públicos; lentamente aparecen sus dichos a través de su prolíficas publicaciones, hasta el momento solo editadas en Argentina, o a través de imágenes de archivo de los noticieros de la televisión. Así como conociendo nos vamos enterando de un tipo misógino, homofóbico y opositor no solo a los Kirchner sino que a las soluciones que los neosocialismos latinos ofrecen a los problemas sociales.

Pero por otra parte hay un sujeto de la enunciación que puede adivinarse sin necesidad de tenerlo tendido en un diván. Todavía anda en buses como un cardenal, no se pone la muceta roja de papa, paga la cuenta y pide que lo reconozcan como otro obispo más. Sin embargo destaca un acto más llamativo que la simple extravagancia: no se pone la cruz de los papas, sino que mantiene la suya. ¿Qué tipo de verdad se está colando en estos actos de la enunciación?

Desde esta pregunta por la cruz, puntúo a continuación tres palabras que lo acompañan en este tiempo de nombramientos:

1.- Francisco: Francisco de Asís, monje mendicante del siglo XII, tiene no solo la marca de la pobreza sino también la de la trasgresión y de la crítica feroz que avivaba los corazones espirituales de la época. Junto a su prédica que condenaba el interés de la iglesia sobre sus patrimonios, tanto de sus feligreses como de sus tesoros santos, estaba también la de los cátaros, quienes si bien se basaban en principios más radicales que los de Francisco, compartían el mismo fondo de la lucha. Los cátaros no tenían la misma cruz que los Apostólicos Romanos, porque su sentido de la venida de Jesús era diferente. El desenlace fue muy distinto para ambos frentes de esta lucha disidente: Francisco logro hacer reconocer a su orden y transformarla en una de las más populares durante los siguientes siglos, mientras que los cátaros fueron masacrados en una cruzada especialmente organizada contra ellos.

Más allá de las posiciones que se puedan tomar sobre los hechos historiográficos, el mensaje de Francisco aunque dosificado, sigue aún vigente hasta nuestros días. En cambio a los cátaros se los puede conocer hoy a través de algunos blog conspiranoicos de la web.

2.- Latino: Después del Concilio Vaticano Segundo, mientras en Paris los más alocados intelectuales tenían su mayo del 68, en Latinoamérica teníamos la Conferencia General de Medellin del 68, la cual no solo toma enserio las nuevas orientaciones sociales que por primera vez emanaban desde Roma, sino que se las llevó a una postura más radical a través de un corpus importado de las ciencias sociales y filosofía laica, llegando fiablemente al marxismo y su materialismo histórico. Esta revolución de la doctrina agitó con vehemencia los corazones espirituales en nuestro continente. En Chile tuvimos también su materialización histórica política laica y también pastoral. El peruano Gustavo Gutiérrez produjo el manifiesto de esta nueva misión: La Teología de la Liberación. Esta producción teológica latina fue capaz de levantar con mucho vigor miles de nuevas vocaciones en muy corto tiempo y comenzaron rápidamente a desplegarse a través de los distintos dispositivos de la evangelización. Fue tan grande el impacto que provocaron estas ideas en la iglesia, que tuvieron que ser rápidamente purgadas por el mismo Consejo Episcopal Latinoamericano, desde el año 72 en adelante.

Gutiérrez y su grupo fueron capaces de encontrar un punto de desestabilización clave en la administración de la curia, inspirándose en el desparpajo y poética de nuestro realismo mágico. Es que hay algo en nuestro razonamiento que no solo está basado en la irremediable preocupación por los pobres, sino que también está favorecida por esa distancia con la acepción de las palabras que nos deja libres transitando con desparpajo por los discursos. Así fue como Gutiérrez en un par de páginas de su manifiesto pudo instalar el neologismo ortopraxis, ya que desde su inteligencia de la fe como razón crítica, debía construir un reverso para la ortodoxia, esa que se erigió como bandera de guerras, almas condenadas y cuerpos quemados, durante tantos siglos a costa de interminables problemas escolásticos.

Esta Teología de la Liberación ha sido por lejos lo más relevante en términos discursivos como producción original en Latinoamérica para la iglesia universal. Al menos hasta estos nuevos acontecimientos.

3.- Cómplice: Bergoglio tiene el rostro del silencio de la iglesia Argentina durante la violación de los derechos humanos por parte de Videla. Más allá de las pruebas que puedan existir para inculparlo en una causa en particular, labor que se hace muy difícil más aún en estos días, es la constatación de una complicidad lo que indigna. A pesar de presumir esta gigantesca omisión forzada por la extorsión y la intimidación de la fuerza, de todas formas queda ineluctable la imagen de líderes espirituales sin el coraje ni el amor suficiente como para combatir. El pueblo argentino culpa a su iglesia de no defender a sus hermanos de la masacre, de sentarse a ver como el pueblo era aplastado sin importar que en esos oprimidos estuviera también el rostro de Cristo. Pero algo tiene de redentor el ministerio de San Pedro, porque también él fue un cobarde y cómplice al negar al Jesús oprimido y torturado.

¿Cuál será la Cruz de un Santo Padre Latino? quizás no sea la misma que reposa en los cofres de oro del imperio vaticano, parece estar más cercana a las miserias de los conquistados, ese que de indio quiso ser ignaciano como sus profesores y desde ahí lidiar con esa pobreza en el paisaje, lleno de ese realismo mágico y su laxitud poética con la lengua docta, esa cobardía terrible frente al fusil, esa inconsecuencia que hace que pueda surgir una disonancia entre el enunciado y la enunciación para que aparezca algo de la verdad.

1 de marzo de 2013

El festival agudo

Por Peter Molineaux

El final del verano trae siempre en Chile el gran evento mediático del Festival de la Canción de Viña del Mar. Los diarios estivales, los noticieros y –por supuesto– los programas de farándula están saturados de información e imágenes sobre los artistas, los rostros y la reina. El espectáculo en las primeras planas.

Pero más allá de la música, de las conferencias de prensa y de las voces de los animadores hay un sonido, un ruido que aparece en todos lados, a cualquier hora del día y que responde a la aparición de algún cantante frente a su fanaticada: el chillido. Ya sean los hermanos Jonas en Viña o Los Beatles en su gira del '65, ese ruido estalla estridente desde las aglomeraciones de público, sobre todo femenino y sobre todo adolescente.

Es un grito agudo, sostenido. En sus casos más intensos el chillido se acompaña de llanto, pérdida del equilibrio, agitación física y a veces hasta de un desplome completo. Ocurre mucho en las adolescentes, incluso en aquellas muy jóvenes cómo ha descubierto y explotado meticulosamente Disney, provocando el fenómeno en niñas de 9, 10 u 11 años con la fabricación de estrellas de corta edad dirigidas a ese mercado.

El chillido no se da tanto entre varones y si ocurre aparece como una característica más bien femenina del sujeto. Entre las mujeres adultas ocurre un poco, pero con el paso de los años sucumbe a la compostura y aparece muy esporádicamente, quizás al calor de una despedida de soltera.

Es, en suma, un fenómeno circunscrito casi por completo a la adolescencia femenina.

La intensidad de la vida afectiva adolescente se explica para el psicoanálisis por el hecho de que la maduración física del cuerpo, su desarrollo sexual, reanima de manera vigorosa los fantasmas que fueron enterrados por cada sujeto en su infancia. Estos fantasmas, dramatizados por Freud con su referencia a la tragedia de Edipo Rey, tienen una alta carga afectiva y llevan a cuestas el peso terrible de la castración. La dinámica edípica pone para el infante humano a las figuras paternas, maternas y fraternas en una escena que infusiona grandes cantidades de amor y odio, vida y muerte, una guerra de afectos al interior del pequeño aparato psíquico en formación. Ver la pataleta de un niño o de una niña nos da una idea de la intensidad involucrada en esos años.

El paso de esa tormenta por la vida infantil es aplastada por la represión cerca de los 4 o 5 años y establece el espacio psíquico conocido como inconsciente. Sobreviene una etapa de relativa calma que Freud llamó latencia en la que se adquieren habilidades sociales, culturales, físicas. La vida afectiva que sacude con intensidad al pequeño neurótico infantil es, para el inventor del psicoanálisis, de naturaleza sexual, libidinal. Reaparece en la pubertad porque justamente la maduración sexual del cuerpo reanima desde lo inconsciente a esos fantasmas edípicos primordiales que ahora se ponen en juego fuera de la familia, en las intensas primeras relaciones de amor exogámico.

El chillido festivalero toma su fuerza de esa intensidad. Pero se agrega otra cosa en ese grito que se apodera de las pequeñas fanáticas de Justin Bieber o Matt Hunter: su persistencia y la manera en que sobrecoge al cuerpo son evidencia de que ahí hay gran cantidad de goce. En sus elaboraciones sobre la sexualidad humana, Jacques Lacan llegó a un punto en el que complejizó su concepto revolucionario –jouissance (goce)– elaborando dos formas de gozar: goce fálico y goce Otro o femenino. Ninguno es exclusivo de uno u otro sexo, pero sí son prueba de lo imposible de la complementariedad entre los sexos: de ahí que no hay relación sexual, célebre frase lacaniana.

Goce suplementario, decía, desechando para la teoría psicoanalítica toda ilusión de medias naranjas con finales felices: no hay complemento, hay un goce limitado por su propia estructura –fálico– y hay un goce Otro –femenino– que escapa a todo orden, que es de otro orden, persistente y que no se cruza para nada con lo fálico. No se cruza.

El chillido de la fanática adolescente no es una petición de cruce, no es sexual. La posición inalcanzable –literalmente intocable– del ídolo es condición necesaria para provocar el alarido. Pero ese alarido no es una provocación. Es un cuerpo atravesado por el goce y ubicado justo en la imposibilidad que impone la castración. La castración, sacrificio hecho por los humanos para entrar en el pacto social, es el campo del goce fálico, de los placeres recortados, del goce sexual como compensación por la pérdida del goce absoluto. Justo en el momento de revisitar inconscientemente la sexualidad infantil y la castración en la adolescencia, algo se asoma de ese Otro goce, desconocido para el orden fálico de la adultez.

Disney promocionó en la época más juvenil de los Jonas Brothers una moda para sus fanáticas: anillos de castidad. Cada uno de los hermanos usaba uno en su mano para simbolizar que eran vírgenes y que iban a resguardar su castidad por ser valiosa. Las niñitas podían comprar los mismos anillos y comulgar de esa manera asexuada con sus idolatrados artistas.

Seguramente la firma de Mickey Mouse buscaba con ese gesto camuflar lo que fácilmente podía ser confundido con una sexualización de las jóvenes aficionadas. Pero lo que hay en el retorcimiento de las fans, a pesar de tener la apariencia de tomar el cuerpo como lo hace lo sexual, es otra cosa, es Otro goce. Lo que el saber fálico de hombres adultos pensó ver en esos chillidos es en realidad aquello que no tiene nada que ver con la sexualidad y sobre lo que ese saber no tiene idea.

El ruido estridente que se escucha al final del verano en Chile toma su intensidad de la reaparición de lo sexual en la adolescencia y se empalma, frente al ídolo perfecto –remitente a los idealizados fantasmas infantiles– con una fuerza desconocida, persistente y absolutamente otra que es el goce femenino. Es una ventana pequeña, que no dura demasiado tiempo, pero que muestra la persistencia de lo infinito más allá de nuestras limitaciones de sujeto sexuado.

8 de febrero de 2013

Chile: Justicia competitiva para el siglo XXI

Por Antonio Moreno Obando

Ayer jueves el ministro del interior Andrés Chadwick nos comunicó su nuevo pesar a través de los medios de comunicación. Esta vez la causa fue la determinación de la corte de apelaciones de Temuco, la cual a través de un dictamen del juez, readecuó la medida cautelar interpuesta contra Emilio Berkhoff apegándose esta vez al tenor de los cargos presentados. De esta readecuación resultó el levantamiento de la prisión preventiva que caía sobre el imputado y el inesperado efecto comunicacional de su liberación, a penas días después de ser acusado con gran publicidad en los medios como el líder de un movimiento armado mapuche.

El martes pasado escuchábamos en una entrevista al canal 24 Horas al diputado Iván Moreira afirmar sobre el hasta entonces detenido: “¿usted cree que una persona que participa de la CAM (Coordinadora Arauco-Malleco) y tiene un arma es un bebe de pecho?, pregunta Moreira a la periodista retórico y enérgico a propósito de las presunciones de falta de pruebas que existían para esta acusación impulsada por el Ministro a través de las Policías.

Acerca de este revés en su deseo de justicia, Chadwick con la elocuencia de su anterior cargo como vocero, refiere en conferencia de prensa: "Sentimos la carga pesada cuando la justicia no nos colabora"

En esta frase, el fundamento de la presunción de inocencia de nuestro sistema de justicia se interpone como un serio problema de eficacia, sistema que concebido hoy en día como un proceso productivo, debe obtener por resultados castigos como insumos para los requerimientos emanados de la planificación estratégica del Poder Ejecutivo. Es que en la lógica del emprendedor liberal, la disposición adecuada de los recursos hace que los esfuerzos logren capitalizarse en metas concretas; pero dichas metas operan acá igual que en el mundo privado como una forma de coordinar acción a favor de un deseo particular y privado.

En la esencia del espíritu liberal, está el derecho personal a tener algo que los otros no tienen. La libertad de tener lo que yo quiera primero que el otro debe estar garantizada por el Estado; lo público en este caso opera generando la suficiente confianza para que todos los individuos libres puedan arreglárselas para tener todo lo que se propongan en forma competitiva.

Si en este diseño la función social tiene algún sentido, es para lograr que el mercado de iniciativas privadas permita la entrada segura a todos quienes quieran a la competencia, generando en la suma de sus producciones la riqueza suficiente para la felicidad de los ciudadanos. Si el estado por alguna razón deja de velar por este afán de libertad privada en función de algún intangible fundado en la ideología comunista u otra abstracción impracticable por la realidad del mercado, la estrategia del Estado liberal tiene solo dos caminos: o cae en el error  o simplemente en el mal manejo.

Desde esta mirada se puede entender cómo un Director de Servicio, Gerente, Senador, CEO o Ministro no logre entender que una sociedad deba gastar recursos y tiempo en proteger los derechos de todos por igual y que  para juzgar a alguien se deban cumplir con todas aquellas formalidades que permiten el lazo social.

Al margen de la eficacia de un diseño organizacional, todas aquellas demandas que el Estado deja a la voluntad del mercado y quedan excluidas de la satisfacción prometida, se transforman en actos; la diferencia es que en el mundo privado estos actos de violencia son entendidos como competencia y en el mundo público son entendidos como una vulneración de derechos.

El gobierno liberal propone una estrategia en la cual la garantía por los derechos de todas las personas es una pérdida de tiempo al perder la perspectiva de una adecuada focalización, y los intereses del Estado se desnaturalizan en base a una especie de ensoñación diurna de algunos desviados que imaginan un mundo que intenta regular la ambición de las personas a favor de un concepto difícil de medir como por ejemplo un trato mejor.

Cabe también asociar libremente en este punto los otros dos temas jurídicos que llenan profusamente nuestra prensa:

Por una parte la defensa corporativa sobre el director de impuestos internos Julio Pereira, acusado por la opinión pública y no por Estado, por su conflicto de intereses. El acto parece hablar por si solo: tener por cliente en la esfera privada a quien le descuento impuestos en la esfera pública. En una posible tesis del poder judicial estratégico dentro de la cadena productiva de un gobierno liberal, sería absurdo condenar algo así: la meta es mantener saludable la competencia de nuestros mercados, las pruebas de un posible conflicto de intereses no tienen valor porque el fondo de la obra de este funcionario es por lejos superior a la pequeñez de los medios que utilizó para conseguirlas. Qué duda cabe el enorme aporte de Pereira a la credibilidad de nuestro Mercado, aunque suene feo para algunos, así es el mundo no hay que ser resentido.

Pero se deja ver con mayor claridad esta posición sobre la justicia en un caso de farándula como la acusación de abuso sexual de un animador de televisión contra una menor en un Casino, se cuela en la prensa y en el boca a boca un análisis que no se hace sobre los temas políticos pero que apunta a los mismos nudos sobre la legitimidad del mismo modo como Freud describió el mecanismo del desplazamiento que hace un sujeto de su trabajo del sueño, desfigurándose en imágenes inofensivas para sortear la censura de la consciencia: Hasta donde la opinión pública logra informarse, aparece el deseo de una mujer poniendo desde su particular visión de la realidad su deseo de justicia, solo que a pesar del otro, justicia que quizás tiene en su biografía un sentido y un fin posible, pero que en su medio para lograrlo no escatima en transgredir al otro, incorporando dentro de su goce la precaria posición de la ley.

El mensaje que asoma dice de un deseo que no necesita una prueba legal para poner en juego el impulso de destruir a su semejante, donde la convicción por saciar sus impulsos es tan urgente que hace irrelevante e ineficiente la búsqueda de un litigio que sea de intermediario como pacto social.

31 de enero de 2013

Sr. Notario

Por Peter Molineaux

Para una gran cantidad de trámites legales y comerciales es necesario en Chile visitar una Notaría. Hay un número limitado porque la cantidad de Notarios designados en el país es también limitada por ley: 391. El Notario debe ser de profesión Abogado y tiene asignada una larga lista de funciones entre las que está certificar que lo que dice aquí es lo mismo que dice acá: copiar, timbrar, firmar, legalizar. El equipo administrativo prepara los documentos y el Sr. Notario firma.

Entrar a una Notaría, especialmente en el centro de Santiago, es un viaje en el tiempo. Por alguna razón no se han eliminado de nuestro desarrollante y cabalgante jaguar de país a estas reliquias burocráticas que hacen honor a su destemporalidad con un estilo que gustaría al octagenario Sr. Notario en sus años vigorosos. Abunda el enchapado de madera en las paredes, el olor a la época en que se podía fumar entre las fibras de la alfombra y el cortinaje, las puertas con mucho vidrio corrugado que deja pasar luz pero no saber exactamente qué trámite se está haciendo del otro lado.

Es un lugar donde la máquina de escribir ha sobrevivido a la digitalización, donde el empastado de las copias de todos los diarios oficiales del siglo tienen un lugar. No es extraño ver el pelo escarmenado de alguna funcionaria proclamando el último grito de la moda del año 1982. Corretéa el oficinista clásico: pelo engominado, corbata corta, mangas cortas y aires de haber llegado al tope de su destino laboral.

Todos los papeles circulan con una lógica ensayada. El visitante inexperto no sabe por dónde empezar, qué parte de ese zumbido interpelar para ingresar su necesidad que es la de todos: la firma del Sr. Notario. Está todo organizado en torno a él. Si no está: estamos sin firma. Nada se puede hacer. Cuando llega: firma todo sin mirar porque confía en que sus subalternos hicieron bien el trabajo de confirmar que lo de aquí es igual que lo de acá.

Esta función notarial está en el centro de los movimientos legales del país y se le da suma importancia. Sin embargo se cierra un buen rato a la hora de almuerzo: el Notario no está. Se paralizan los tipeos de las teclas arcaicas que mueven la burocracia nacional hasta que se tome el bajativo y la siesta el Sr. Notario. Luego recomienza el acto repetitivo de poner la garantía de puño y letra durante la tarde. Cierran a las 18:30, máximo. Se fue el Sr. Notario.

Este ritual desconcertante para la cultura del horario de mall, del 24/7 y del touch and go debe su sobrevivencia al hecho de que no se ha revisado su funcionamiento desde el año 1943, salvo para ajustar los aranceles. La designación de un Notario dura hasta que el señor se traslade, sea destituido o muera, es decir, es de por vida. Deberían dejar el cargo a los 75 años, pero permanecen más tiempo por una "norma especial." Es buen negocio y no conviene jubilar. Hay que mantener relativamente vivo al Sr. Notario porque su función es intransferible y su muerte significa que ese cargo queda vacante y comienza la ruleta oscura de una nueva designación, dejando toda a la oficina sin firma, inútil por siempre. El negocio se acaba.

Se llama oficialmente el negocio de notarios y es regulado por el Ministerio de Justicia. Está en el límite entre lo público y lo privado y su función es justamente dar carácter público a documentos privados. Es una posición de mucho cuidado: justo en el lugar para dar fe de la legitimidad de un acto entre privados hay un privado –el Notario– que se ha ganado el derecho vitalicio de hacer su negocio privado de firmar para legalizar. Los notarios son designados por el Ministro de Justicia en un concurso que no es abierto al público.

Lo que busca lograr la función notarial es que algo del pacto social, de la Ley, garantice el pacto entre dos sujetos que desconfían el uno del otro. No confiar es de lo más esperable: sabemos desde Freud que los instintos de agresión se dirigen hacia el otro entre los humanos. Para que no nos destruyamos nos hemos organizado bajo una Ley que intenta regular esos instintos y en Chile hemos puesto como ministro de fe de esa Ley al Sr. Notario, un abogado que ganó un concurso hace muchos años.

Se quiso hacer una reforma en 2008, pero no prosperó. En 2010 el primer Ministro de Justicia del gobierno actual, Felipe Bulnes, hizo una propuesta que incluía licitar las notarías para que los postulantes compitieran entre sí, ofreciendo de esa forma un mejor precio a sus clientes. La Asociación de Notarios y Conservadores saltó con sus timbres de agua y sus corcheteras a defender su negocio: licitar pone en riesgo la seguridad jurídica, hasta un narcotraficante podría poner una notaría. Teodoro Ribera, en su paso por el Ministerio, escuchó a los notarios y pretendía presentar un nuevo proyecto antes de finalizar el año pasado. Su mandato, como es sabido, terminó anticipadamente por escándalo y las Notarías siguen como siempre.

No hay nada que garantice que el Sr. Notario no sea un narco, pero su lugar entre nosotros sigue siendo muy respetado. Se le trata con gran pompa en su pequeño reino de papeles por firmar. Su firma da confianza. Incluso da esa ilusión de seguridad jurídica.

En la experiencia psicoanalítica es conocido que una garantía es una ilusión. Pero es una ilusión que en general elegimos creer inconscientemente porque la alternativa es la paranoia, una psicosis. Mediante la represión, expulsamos de la consciencia lo que no queremos saber –que no hay garantías– y confiamos en la pompa del Sr. Notario. Pero es un acto de fe. Lo que la Asociación de Notarios llama seguridad jurídica es la fe que depositamos en que ese acto bobo de firmar y timbrar tenga una asociación con la Ley. Y sí la tiene, pero es bien distinta a la idea de que un hombre altamente ético ha recibido del Estado la tarea de visar como tercero iluminado la relación entre dos ciudadanos que sospechan el uno del otro. Su asociación a la Ley es de alguien que ha obtenido el privilegio vitalicio por concurso opaco de sostener una ilusión de garantía.

La parafernalia notarial mantiene esa ilusión con los recursos más finos de la burocracia: espere un momento, tenga paciencia señor, haga la fila, ¿quién lo manda? Esos escritorios rebosantes de carpetas apiladas están ahí para dar la tranquilidad de que estamos en presencia de algo serio, de una larga tradición. Toda esa pirotecnia entorno al Sr. Notario ayuda a que mantengamos la fe. ¿Podría mantenerse sin él?

El Notario da cuerpo (sobre todo mano) a una función. Pero la figura del Sr. Notario todavía guarda los aires oligárquicos de un título poderoso otorgado a alguien importante de por vida. ¿Será necesario aún en Chile que para mantener la ilusión esos aires estén presentes en un trámite? ¿Se puede avanzar sin el Sr. Notario?

14 de enero de 2013

Afilados

Por Peter Molineaux

La semana pasada la Corte Suprema ratificó una serie de recursos de protección en contra de las ISAPREs por subir unilateralmente los precios de los planes de salud de las personas. Se ha hecho conocida últimamente en la prensa la referencia a la famosa cartita que reciben los afiliados informando los aumentos. Si no se interpone un recurso de protección en un tribunal competente al recibir ese documento, el plan sube. Si se pone el recurso, casi invariablemente se declara ilegal el aumento y se evita que se realice.

Como lo habitual es que los ciudadanos no judicialicen su relación con su proveedor de salud, el plan aumenta año a año. Esto tiene muy molestos a los clientes de ISAPREs, provocando reclamos, declaraciones de ministros y un proyecto de ley con miras a regular el estrujamiento. Paralelamente, casi como una ostentación, cada año se anuncia que las utilidades de estos intermediarios entre los bolsillos de los sujetos y sus servicios médicos aumentan más de 30%. Suena a caradurismo cuando desde su Asociación declaran luego del fallo de la Corte que "si no suben los planes el sistema colapsa."

Quizás tengan sus razones: si la utilidad no es buena el negocio no es atractivo y no hay inversión ni innovación. Es un argumento de negocios, de capitales. Es el que usó Agrosuper para cerrar su planta en Freirina. No es buen negocio, no se hace. Chao. A pesar de que es rico el cerdo, podemos vivir con unos 400.000 menos. Pero en salud se trata de otra cosa. Hay un problema en lo que se junta al tratarse del negocio de la salud.

En un negocio hay clientes, aquellos que tradicionalmente siempre tienen la razón y hay que satisfacer. Eso, para el que quiere hacer negocio en la salud ya es un problema porque al tratarse de la salud hay demandas que no se pueden satisfacer y el médico siempre tiene la razón. Las ISAPREs intentan resolver el problema de la demanda con oferta: variedad de planes, flexibilidad, competencia. Lo del médico omnisapiente, por su lado, es maquillado con hotelería, atención al cliente y fotos publicitarias donde el actor vestido de médico sonríe para ti.

En el sitio web donde se reúnen bajo una causa común las ISAPREs de Chile –se reúnen justamente aquellos que supuestamente dan con la competencia entre si una dinámica a lo que ellos mismos llaman el sistema– hay un extraño híbrido entre gran pompa al modelo y defensas corporativas contra los proyectos legales que buscan afectar su negocio. Se anuncia con alegría, por ejemplo, que en Brasil "después de los electrodomésticos, el coche nuevo y los viajes en avión, el plan de salud se convirtió en un sueño de consumo palpable para la clase media..." Un poco más arriba en la página se puede pinchar un link para saber cuál es la posición de las ISAPREs respecto del Proyecto de Ley Plan Garantizado de Salud. Al pinchar el link, además del texto de defensa, aparece arriba junto al logo una pequeña consigna: "Usa bien tu Isapre. Haz valer tus beneficios."

Usa bien tu Isapre. Haz valer tus beneficios. Es una frase muy cargada. En primer lugar intenta sonar a gancho publicitario, pero en su primera parte es en realidad una advertencia: si no usas bien tu Isapre vas a perder. Aprovecha o te cagamos. La segunda parte podría estar colgada en un consultorio público con la palabra derechos en lugar de beneficios. Es incómoda la posición de la Asociación de ISAPREs porque tiene que tratar a sus clientes como beneficiarios o incluso, disculpando el término, como sujetos de derecho. Esta desgracia les sucede porque la competencia es justamente FONASA, un sistema público para ciudadanos del que las ISAPREs quisieran ir afiliando a todos los que puedan pagar. En su defensa contra la Ley dicen estar muy preocupados de que no se afecte a la clase media, su nicho de mercado, su pedazo de la torta. Sus próximos clientes.

En Estados Unidos la salud para clientes domina el panorama. La gran bandera de lucha de Obama en su primer mandato fue crear un sistema de salud público que proveyera un safety net, una red de protección a los ciudadanos. Los republicanos lo han resistido con vehemencia bautizándolo Obamacare y demonizándolo como un paso hacia el socialismo. Allá decir socialista es un insulto.

En ese sistema norteamericano para clientes, que es defendido con uñas y dientes por los neoconservadores, el médico consulta a la aseguradora de salud del cliente antes de hacer un procedimiento para saber si está cubierto. Si no lo cubre no se hace porque es muy, muy caro. El doctor le hace un favor a su cliente al advertirle que no se haga su tratamiento o examen porque no podrá pagar la cuenta. Hay, por supuesto, miles de historias en las que enfermarse significa que hay que vender la casa para pagar.

La psicología americana también ha adoptado el término cliente para referirse a lo que los psicoanalistas aún llaman paciente. La idea de allá es que un paciente es muy pasivo. Un cliente sería más proactivo, con el poder de elegir los servicios de uno u otro terapeuta, desechando al que no le conviene y pagando al que sí. Libre en el mercado, buscando oferta para su demanda.

Que los psicoanalistas traten de pacientes a sus clientes es para ese mundo una forma anticuada, pasada de moda, superada. Es incluso ofensivo. No me trate de paciente, soy un cliente.

El uso del término paciente en psicoanálisis tiene raíces en su historia, es heredado del hecho de que Freud era médico. Se usa, para ser más riguroso, el término analizante. El analista y su analizante. Pero en reuniones clínicas, coloquios, simposios se usa paciente. Quizás persista porque en un análisis hay que tener paciencia, aunque lo que hay en el fondo de ese término es la constatación de una asimetría entre la posición del analista y la del paciente. No son lo mismo. El término cliente intenta mercantilizar y así, en la idea liberal de mercado, democratizar la relación disímil entre un sujeto y el Otro.

En psicoanálisis esa relación no es democrática ni igualitaria. Es más bien trágica, oprimente, neurótica en el mejor de los casos. El analista, por efecto de lo que Freud bautizó como transferencia, representa para el paciente al Otro en la relación que se establece en un análisis. Es una relación en la que hay, por cierto, una demanda, pero no se trata de un proveedor de servicios y su cliente. Se trata más bien de la petición de aliviar un malestar que es inherente a la condición de sujeto, es decir una demanda profunda e imposible de satisfacer. En lugar de una oferta, los avatares de cada psicoanálisis tramitarán en esa relación transferencial su demanda hasta reducirla a un nivel soportable. No se trata de agotarla absolutamente porque ofertar una satisfacción implica necesariamente ejercer un engaño.

La demanda de salud –aquella que se le hace a un médico ya sea por FONASA o ISAPRE– es una demanda de paciente, es decir una demanda infinita de algo imposible. Buena salud para mi y los míos siempre. Cuando es hecha al Estado, al sistema público, se recibe como respuesta la impotencia de un sistema que efectivamente no puede con esa demanda imposible: se muestra en las caras de sus empleados y las grietas de los hospitales. Ahí se reciben todos los insultos y quejas a un Otro representado por el Estado o el gobierno de turno.

Cuando se le hace una demanda de paciente a una ISAPRE, ese sistema la recibe como demanda de cliente. Oferta entonces un engaño: Confianza toda la vida, Isapre Consalud. Usted no está solo, Isapre Banmédica. La mejor salud del mundo, Isapre Vida Tres. Al intentar poner a la salud en la serie de los electrodomésticos, el auto nuevo y los aviones, las ISAPREs buscan saturar con una fantasía al cliente, vendiendo un producto completo, perfecto, ideal. Sin embargo engañan y decepcionan al paciente.

Un paciente no deja de ser paciente por ser tratado como cliente. Ese es el problema de este negocio. De ahí la esquizoide página web de las ISAPREs de Chile y su paradójica posición frente a sus afiliados: cuídese de sus cuidadores, sólo un recurso de protección lo salvará.

9 de enero de 2013

Movimiento Ciudadano Latifundista Araucano, ¡presente!

Por Antonio Moreno Obando

Anteayer nos sorprendimos con la manifestación ciudadana, incluida toma no autorizada de espacio público, de los sindicatos y propietarios legales de la Araucanía, utilizando los mismos métodos de participación de aquellos sectores sociales que no encuentran forma de representar de mejor forma sus intereses.

Pero la violencia ejercida sobre esos viejos cuerpos calcinados, quedó por momentos ensombrecida por el brillo de Antígona expresado por nuestras altas e intermedias autoridades doliéndose a través los medios de comunicación: el Ministro del Interior no solo no condenó la obstrucción de caminos como en otras conocidas ocasiones, sino que avaló públicamente esta vía de participación, así como también el Ministro de Agricultura avaló la equivalencia de fuerzas para defenderse del ataque armado, o como el intendente y el jefe de los sindicatos por momentos se quebraron en televisión, o como el carabinero jefe de la novena zona se refirió al fallecido con un cercano don Werne en el parte policial.

En muchas otras ocasiones se han registrado muertes en nuestro país, no solo en la Araucanía sino que en otros lugares, muchas de ellas injustas y fuera de la ley, pero muy pocas veces hemos visto este nivel de congoja por parte de nuestras autoridades; es que probablemente esta vez han fallecido no sólo compatriotas sino que partidarios de una misma familia, de un mismo bando.

La familia liberal, coautora de nuestra cultura en vías de desarrollo, en algún momento en la historia de Chile encarnó la visión europea del desarrollo, la libertad de producir riqueza con el solo límite de la propia capacidad de trabajo, con la tristeza del desarraigo de su tierra de origen, con principios religiosos en su base, tomando a diario el desafío de civilizar paisajes vírgenes, aprovechar la riqueza que el autóctono sin educación desperdicia día tras día y así generar con su esfuerzo progreso económico al país que la acogió.

Desde la simiente de nuestra vieja familia chilena de los propietarios surge con el fallecimiento del matrimonio Luchsinger la figura del mártir: la muerte horrorosa aparece como un modo de agenciar un conflicto familiar y político de muchas generaciones, establece una causa para luchar, restituye el sentido cuando la ira se vuelve difusa. Al mismo tiempo la unanimidad de la condena al atentado escamotea una habitual censura en la ciudad chilena traumatizada post-Pinochet; es que para el liberal sólo se respeta la opinión cuando defiende los intereses del vecino de izquierda y nunca se respeta cuando alguien subraya el derecho privado de conservar lo que es solo mío y que no se puede compartir.

El ministro Larroulet el fin de semana hablaba en El Mercurio del fin de la superioridad moral de la concertación. Da la impresión de que hay chilenos que hace años, quizás hace décadas, acumulan cierto malestar de no poder gritar su afán de éxito y libertad sin que un envidioso chaquetero le diga egoísta. ¿Serán acaso esos chilenos de bien y de trabajo, premiados con los derechos del capital a causa de sus buenos actos, que creen en una particular forma de libertad y no tienen el espacio para lucir su orgullo en el espacio público sin que alguien critique o trolee?

Entonces no extraña que las familias propietarias se sientan hoy amenazadas y desamparadas, como otrora la expropiación del Estado los hizo sentir obligándoles a parapetarse y juntar sacos de maíz para tirarlos al paso de los militares y carabineros.

En esta misma línea de troleos, amenazas y angustias, aparecen muy reveladoras las cavilaciones de la ya célebre Tere Marinovic, pensadora ultraconservadora que recuerda los pasos comunicacionales de la Sarah Palin del Tea Party. Ella debe ser hoy en día una de las personas más insultadas por medios escritos de nuestro país, agresiones que afloran en respuesta a sus desinhibidos e inusuales puntos de vista. Hace unos días atrás Tere desarrolla en su cuenta de Twitter una articulación sobre su experiencia en varias frases: la aceptación de uno mismo es la esencia del problema moral, frase de Carl Jung que en la serie que propone encuentra su particular sentido con la siguiente frase unos minutos más tarde: yo soy el único causante de mi ansiedad, la angustia no es algo que se desarrolle entre el yo y el medio ambiente.

Algo en estos recortes habla del narcisismo, de una angustia que no tiene que ver con el otro o con el lazo social, no tiene que ver con lo que hay que ir a buscar en el otro, más bien es una ansiedad que solo remite a una necesidad, a una carencia que debe ser satisfecha; si la angustia está en el yo, entonces no hay nada que salir a buscar, nada que tolerar, nada que recomponer imaginariamente en un discurso, nada que deber en una oposición simbólica, es algo arcaico y autoerótico en el sentido Freudiano, en donde la autoconseravación y lo erótico están montados uno sobre el otro: es mi yo hambre y la libertad de comer.

Esta angustia tiene algo esquizoparanoide como dice la clásica psicoanalista Melanie Klein, este afán de tener algo que sacie rápido el vacío, en una frontera erógena donde no está aún visible el otro como distinto al uno. Esta posición implica el ataque persecutor del exterior, un exterior incomprensible que viene a destruir lo poco que fue posible de conquistar con el estómago lleno de leche. 


Cuando el discurso liberal del derecho a tenerlo todo le pide al Estado que sea pequeño, lo que promueve en su manifiesto es que el Estado tenga la atribución de sacar la fuerza pública para apresar vagos pero que no tenga la atribución suficiente como para regular la libertad de tenerlo todo para los sujetos.

No es de extrañar que nuestros ministros, muchos de ellos con viejas vocaciones de comando, en la actualidad altamente incómodos lidiando a diario con sus pasiones desde el Estado, no tengan más voluntad de política que derivar a los malos al poder judicial para luego más tarde sacarse la corbata y participar en sus ratos libres en este nuevo movimiento cuidadano latifundista: la consigna sería más fusiles menos estado para ser libres.

Sin embargo hay algo crucial e insoslayable que mostraron los movimientos ciudadanos estos años de agitado combate urbano: aunque no se entienda ni se comparta la proclama, el espacio público debe recibir a todos sus ciudadanos con su malestar para evitar caer en la violencia.

Hago un llamado a la comunidad indignada que salió este año a las calles, para reconocer el malestar de nuestros liberales y ofrezcamos nuevamente la plaza pública para sus reclamos; a mi no me gustaría ver a este movimiento ciudadano-propietario radicalizándose, ya sabemos donde termina ese camino.

28 de diciembre de 2012

Blanca Navidad

Por Peter Molineaux

Como todos los años disfrutamos esta Navidad entre pinos blancos de falsa nieve, casas adornadas con gnomos y luces, Viejos Pascueros transpirantes y trineos tirados por renos de nariz artificialmente roja. Los malls incluso dispusieron grandes domos de nailon para poder soplar pequeñas bolitas de plumavit emulando el invierno en pleno verano.

Este ambiente que va tan directamente en contra de nuestra estación del año ya es un estándar y no parece molestar mucho. Es heredado del hemisferio norte, donde los pinos, llamados evergreens por mantenerse siempre verdes, son los árboles predilectos por mostrar algo de vida en el inicio de la temporada nevada. Los gnomos y las luces son restos de la tradición celta que celebraba el solsticio de invierno con la esperanza de que la luz volvería algún día a esas nortinas tierras congeladas. Sobre esa tradición el cristianismo pudo incrustar la Navidad en la Europa pagana.

Papá Noel está claramente vestido para el frío porque su recorrido es por Estados Unidos y el viejo continente. Su reno más famoso, Rudolph, tiene la nariz roja por un mecanismo de vascularización especial para protegerlo del frío según la últimas tesis científicas. El trineo, claramente un vehículo de nieve, termina de subrayar la incompatibilidad estacional de la Navidad pues sufriría enormemente si tuviera que deslizarse por el asfalto que llega a 50 grados en nuestras tierras subecuatorianas en verano.

Pero nada de esto llama demasiado la atención. No opera lo que los psicólogos han llamado disonancia cognitiva, es decir, esta cuestión no calza. Aunque en años pasados, por ejemplo, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, ha dado una "orientación" a los empleados públicos para no usar artículos navideños que el Imperio impuso con su capitalismo, sigue la Navidad invernal en Latinoamérica incluso en hogares más bien de izquierda.

Marx hablaba de alienación. Funciona así: al hacer un trabajo que produce una mercancía para otro, explotado por otro, estoy alienado de lo que me define como lo que soy, justamente mi trabajo y los bienes que produzco. En el extremo de eso, en un capitalismo bien aceitado, las tradiciones y los objetos de esas tradiciones también son de otro y para otro y da lo mismo si me pongo un chullo para recorrer las calles de Barcelona pidiendo la independencia de Cataluña.

Como es sabido, para el marxismo lo que se sigue lógicamente de esto es tomarse los medios de producción y trabajarlos en beneficio propio de los trabajadores para lograr la libertad. Es una linda idea, pero no ha resultado históricamente.

Para el psicoanálisis la alienación es estructural. No es nada de qué avergonzarse, nos pasa a todos: al hablar, que es el paso fundamental para ingresar a la realidad humana, recibimos del Otro –con mayúscula porque es el Gran Otro, el Otro social, la historia y la cultura que nos antecede– las palabras que nos servirán para ir nombrando los afectos, los objetos, las relaciones entre los artefactos, las personas. Somos hablados por el Otro. Las palabras, que se acomodan en series intermitentes, tienen el problema de que no sirven para nombrarlo todo y no recubren bien lo que hay en lo real de la tierra, en lo real del cuerpo, en lo real de los instintos. Al Otro le falta, le falta palabra, pero hay que elegirlo porque sino estamos fuera del campo humano, del lenguaje.

La bolsa o la vida, dice el ladrón. Es el ejemplo que daba Lacan. No es en realidad una elección como las otras: si me quedo con la bolsa pierdo la vida y como consecuencia también pierdo la bolsa. Si me quedo con la vida tengo que vivirla sin bolsa. Vivir en falta: en el caso de la entrada del humano en su realidad, vivir en la falta del Otro. Suena terrible, pero explica de buena manera la experiencia de la tragedia bípeda.

Es algo bien distinto a la libertad que clama, por ejemplo, el chavismo en sus ganas de arrancar los arbolitos navideños del Imperio. Es quizás lo que le pasaba a los marxistas cuando ganaban la revolución: luego de la liberación viene el totalitarismo para asegurar la vida de esa revolución. La bolsa o la vida, la vida sin bolsa. La revolución sin libertad.

La promesa marxista de libertad cuando se derrote a la alienación es la ilusión de que la elección es posible. La idea psicoanalítica es que la alienación es la condición para entrar en la naturaleza humana y que liberarse de ella no es posible.

Entonces la alienación navideña del Pascuero y la alienación en la ilusión de libertad de Chávez son, en su estructura, equivalentes. Lo que interesa, desde una lectura analítica, es la función que cumple y cómo opera lo que se ha construido sobre esa primera articulación al Otro más que perderse en la lucha por liberarse de ella. Luchar por lo imposible es un gran acto de impotencia.

En Latinoamérica lo que se acostumbra desde la Colonia es que lo que viene de allá es mejor. Era mejor ser español que criollo y mejor ser criollo que mestizo. Los vinos franceses, los zapatos italianos, los whiskys ingleses: se ha corrido detrás de esos productos desde entonces. Y se sigue corriendo, con el agregado de que en algún momento entró lo estadounidense en esa serie de cosas deseables desde allá.

La Navidad entró por la Iglesia, pero las bolitas en los pinos por el comercio. El mercante responde con sus importaciones al deseo colonial del continente y ofrece como siempre la última novedad traída desde ultramar. Comprar eso que se vende no es alienación, esa operación ya ocurrió mucho antes en la vida de cada sujeto. Comprar eso que se vende sí es efecto de la historia de estas regiones.

De la historia, por desgracia, no hay liberación. Se puede, sin embargo, conocerla y llegar a un cierto acuerdo con ella.

Que la blanca navidad no moleste a la mayoría en nuestros centros comerciales no es extraño porque aquí lo extraño –es decir lo extranjero– ha sido deseado por siglos. Ha sucedido especialmente en esta tira de tierra del Nuevo Mundo que estuvo más aislada de los centros de producción de las mercancías preciadas. Lo que está en juego no es el enemigo, el Imperio, el Otro alienante por explotación. Lo que está en juego es nuestro deseo y su historia: con eso hay que arreglárselas porque con el Otro la cosa ya está bien cocinada.

26 de diciembre de 2012

Autismo inmobiliario

Por Antonio Moreno Obando

Para cierta práctica psicoanalítica es crucial poder establecer en lo dicho dos vectores: aquello que como discurso suena como un bloque de sentido coherente y lo significante que permite rastrear en la fisura un sujeto clamando por un espacio para su propia verdad. La escucha clínica entonces tiene algo de rescate, tras insoslayables bloques de argumentos que se repiten como mp3, de un cuerpo ahogado y pataleante en su frenesí ante la muerte. Difícil es para los psicoanalistas acordar en la lógica de sus curas cuáles son los escenarios éticamente soportables para asistir al sujeto que se ahoga por su propia cuenta; quizá devolverlo a la solidez de los bloques argumentativos, quizás respiración boca a boca, o solo un espacio en la orilla para recuperar el aliento, o quizás por el contrario asistirlo en su deseo de ahogo, incluso esperar a que su pataleo se apague en la muerte.

Me pregunto a propósito del rescate y sus avatares, qué tipo de lecturas establecen los economistas frente a la posibilidad de una burbuja inmobiliaria, igual que los borbotones de oxígeno que se producen cuando alguien se ahoga; esa transgresión de los contribuyentes y sus financistas nadando en la línea imaginaria de las aguas aptas para el baño, me pregunto cómo se verán esas burbujas desde la sólida torre de la autoridad que trabaja en la playa del mercado como salvavidas y meteorólogo al mismo tiempo.

Hoy en día cuando el Banco Central nos anuncia nuestro irresponsable jugueteo en la línea imaginaria del ahogo, ya teniendo la traumática experiencia de las múltiples muertes por inmersión en la mayoría de los países desarrollados producto de estas burbujas. Qué bueno que existe la ley de los grande números, así las costas siempre se ven seguras.

El Banco Central dice una cosa y el Ministro se Economía junto con los altos ejecutivos de los Bancos dicen otra. Quizás esos analistas de la economía, como algunos psicoanalistas, también consideren líneas diferentes en un mismo discurso.

Por una parte con los binoculares de la siempre objetiva y dura ciencia económica, los salvavidas-meteorólogos analizan el impacto de nadar en una línea imaginaria con aún pocos ahogados según imágenes del satélite. Por otra los pesimistas de siempre preocupados de casos aislados, mirando árboles en ves de ver el bosque.

La frase loan to value apareció como problema primero en las cotizaciones de las inmobiliarias para los nadadores de clase media que en estos meses cotizaron algún proyecto inmobiliario. Pero su formulación surgió mucho antes y muy lejos de nuestra economía latinoamericana para explicar por qué un Banco no debería prestarle más del 80% del valor de una casa en un crédito hipotecario a un sujeto. Si el Banco insiste en financiar el 100% de algo sobrevaluado como por ejemplo un proyecto inmobiliario, corre solo con el riesgo de la inversión y cuando los deudores se queden sin dinero para pagar podrán liquidar el bien raíz a un valor muchísimo menor de lo que estaba pensado.

Muchos años antes de las cotizaciones inmobiliarias 2012 de nuestros pobres nadadores chilenos, Barack Obama en su primera campaña habló de toxic assets para referirse a la principal amenaza económica de la clase media. Una larga aventura en la venta de casas y educación sobrevaluadas y financiadas en más de un 80% por los bancos de pronto se transformó en una riqueza de ficción: los Bancos estaban llenos de riqueza pero expresada en billetes de tres mil pesos dibujados en lápiz scripto. Si el Banco no tiene dinero, entonces la economía tampoco.

Aunque el FMI con ley de los grandes números y de los grandes acuerdos aun está tratando con esperanzas llenas de futuro de seguir produciendo riquezas para el mundo, se ven por todos lados pululando por las calles y supercarreteras ciudadanos ahogados en un mar desubjetivante. Un activo tóxico en la microeconomía de una persona significa que algo que alguna vez tuvo el valor suficiente como para sostenerlo en el pacto social del capital libre es hoy un reconocimiento que no vale nada.

Con la burbuja inmobiliaria llegamos al autismo microeconómico: primero el sujeto es reconocido por el Banco como plusvalía, dándole un valor en dinero que está en relación a todas las otras plusvalías y capitales guardadas en su caja de tesoros. El problema de la burbuja es que si el sujeto deja de pagarle al Banco que lo reconoce en tanto plusvalía, este mismo le dice no tengo cómo reconocerte porque no tengo nada con qué compararte, nada con qué pagarte, nada con qué sostenerte. Es como si el Otro, lugar del tesoro de los significantes, le dijera a quien ya no puede hablar por estar en acto, si no hablas no hay más lenguaje que pueda sostenerte.

La burbuja microeconómica se pone como un confinamiento autístico ante la inminencia del ahogo, es una placenta artificial para capear la angustia del sentimiento oceánico del que hablaba Freud; es como si mientras los meteorólogos salvavidas de nuestra economía discutieran desconcertados por la imagen del satélite mientras miles de ahogados se encierran en burbujas de plástico trasparente para no caer en la profundidad de lo impagable, para no correr el riesgo de defraudar de palabra a quien le dio la palabra para no quedarse sin palabras.

Me pregunto: ¿cuál es el trabajo de un rescatista frente al ahogo? Se lo pregunto también a los colegas que podrían considerar una torpeza sacar del agua al que se ahoga por su propio goce: meteorólogos, salvavidas, guardianes de las verdades satelitales y de los grandes números. ¿Cuanto hay de clínica en el ahogo de un cuerpo? ¿Cuánto hay de marea alta en el silencio del acto analítico? ¿En que momento la teoría psicoanalítica se hace carne en un sujeto que paga contribuciones? ¿El psicoanalista paga contribuciones? ¿Y en que comuna?

15 de diciembre de 2012

Sad Men

Por Peter Molineaux

Desde 2007 se transmite en la televisión estadounidense una serie llamada Mad Men. En Chile se puede ver en el cable o por las múltiples vías del pirateo. Se trata de la historia de un publicista de la avenida Madison en Nueva York en los años sesenta. Impresiona la cantidad de tabaco y alcohol en el lugar de trabajo e impresionan también las hazañas publicitarias que logra vender a sus clientes. La primera, presentada en el piloto de la serie, es la ocurrencia genial del protagonista al proponer la frase "It's Toasted" para la campaña de Lucky Strike cuando los dueños estaban preocupados por la mala fama que se estaba haciendo su producto con la creciente evidencia del daño que provoca en la salud.

Con It's Toasted el héroe, Don Draper, desplaza a la marca en cuestión, removiéndola de la serie de los cancerígenos y las enfermedades para ponerla entre aquello que puede ser tostado y disfrutado: el pan, las almendras, los wafles. Produce un efecto de liberación, de ligereza. Todavía se lee esa frase bajo la marca Lucky donde se la encuentre.

Con su teoría del alma humana en pleno desarrollo, Freud abordó en 1905 el problema del Chiste y su relación con lo inconsciente. Ahí encontró, al igual que en los sueños, a los mecanismos que él había descrito algunos años antes: la condensación y el desplazamiento como vehículos para franquear la represión. Metáfora y metonimia diría más tarde Lacan.

En la condensación se trata de juntar en una palabra, en una representación, dos conceptos para camuflar el sentido de alguno de ellos al tiempo de expresarlo. Freud daba el ejemplo de un chiste en una obra de Heinrich Heine que hoy, por lejanía histórica y geográfica no da mucha risa: "famillionaire" profiere el personaje condensando la palabra "familiar" con la palabra "millonario" para describir el trato que le dio el Barón de Rothschild. Lo que resultaría divertido a un germano de la época es que hay una diferencia de clases y por lo tanto de riquezas entre los dos personajes. Lo tabú de la diferencia de clases queda expuesto y al mismo tiempo escondido en el neologismo, burlando de forma novedosa a la represión y causando placer en su versión espasmódica que es la risa.

El desplazamiento, como el de It's Toasted, funciona en el chiste con la misma descarga de placer al saltarse creativamente a la represión con la transformación de una palabra en su contrario, el cambio de la parte por el todo o la conexión a través de una característica común. En esa línea podemos encontrar en nuestras emisoras locales al citadísimo comercial de VTR en que la rubia ganadora del concurso de belleza dice, luego de proferir algo evidente e inteligente para la marca en cuestión, ¿o es muy tonto lo que estoy diciendo? Lo que hace funcionar a esa frase es que transforma lo no dicho –que las rubias de concursos de belleza son tontas– en algo decible porque se está diciendo lo contrario, algo inteligente. Transformación en lo contrario, es decir, desplazamiento.

La cerveza Escudo, mediante una campaña a largo plazo, ha podido hacer uso del desplazamiento de manera brillante. Durante meses se escuchó el jingle de la publicidad en la radio cantando: "¡Escudo! Más cuerpo, más color, más sabor. Escudo es más cerveza." Los autores de la campaña, dando un inspirado golpe de timón, cambian la letra del reiterado jingle por conceptos que no tienen nada que ver con la cerveza excepto por la rima y la melodía. Se escucha entonces: "¡Embudo! Más fácil, más directo, más precisión. Embudo es más limpieza." Otra versión que circula, jugando con la contingencia, dice "¡El Lucro! Más dinero, más negocio, más poder. El Lucro es más riqueza."

Esa publicidad, con la sorpresa de removernos de lo esperado por un momento para luego hacernos entender de qué se trata, causa risa y ayuda a vender cerveza.

Hay una línea de publicidad, sin embargo, que es más oscura y oprimente. Se trata de aquellas campañas que usan al ideal para vender. No causan risa ni placer sino que convencen a sus consumidores con el arma punzante del Superyó y su fiel aliado en el sometimiento: el Ideal del Yo.

La Teletón es especialista. Con frases como "Puro Corazón" y "Ellos no se rinden, nosotros tampoco" fuerzan a los sujetos a comparar su corazón impuro y sus modestos logros con los desplegados en pantallas, muros, micros y parlantes. Lo que se busca es una identificación al ideal. Por momentos resulta: los consumidores rayan sus autos con el eslogan y se sienten de corazón puro. Pero eso no dura porque es imposible y el reverso, que conviene ampliamente al comercio, es la angustia oprimente de la comparación impotente con el ideal.

La publicidad de ese estilo ofrece una serie constante, casi ininterrumpida de ideales para la identificación pasajera en la que el consumidor pueda irse colgando como mono en las ramas y no caer al vacío: Gillete insiste con el hombre guapo frente al espejo que podría ser –¿por qué no?– también un exitoso deportista... Federer, Woods, Henry. Igual que yo. Cristal, la cerveza única, grande y nuestra, despliega un desfile de modelos argentinas y tipos bien parecidos para que el poncherudo bebedor se sienta por un momento como parte de esa escena.

En la radio, Embotelladora Andina, encargada entre otras cosas de la gigante Coca-Cola, anuncia entusiasmada su alianza con jugos Del Valle: "qué riiiico tomar desayuno en la cama en familia" dice el actor del comercial. En la escena siguiente, aparentemente energizado por su jugo, toca una trompeta vocal con sonido de ejército diciendo "niños a levantarse." El mensaje es claro, aunque un poco burdo, Andina Del Valle lo va a hacer un súper hombre de familia.

La forma inspirada y creativa de la publicidad que se sirve del mecanismo del desplazamiento tiene un paso placentero por el aparato psíquico, asociando a la marca a esa experiencia. En la vereda del frente, el bombardeo de escenas ideales tiene otro efecto: subrayar constantemente la impotencia del sujeto al mismo tiempo de ofrecer mediante la compra de su producto una insatisfacción que garantiza la necesidad de seguir consumiendo.

8 de diciembre de 2012

Me ignoraste aunque Haya Estado

Por Antonio Moreno Obando

A pesar de que el derecho al mar preocupó a muy pocos cuando en Chile su congreso votaba la ley de pesca, el celo identitario ciudadano se despertó con fuerza cuando el extranjero amenazó con su acusación. El malestar de los cuerpos provoca un ruido de queja y patriotismo legal que no deja escuchar lo que se pone en juego en este cruce de demandas. Nuevamente el goce de los cuerpos llenos que retienen y de sus defensas viscerales no nos dejan abrir un espacio a lo que dice el otro, por más semejante, alienante y enemigo que sea.

La palabra error ha salido al ruedo copiosamente en los últimos acontecimientos. Desde este lejano sur se ha escuchado al norte la referencia del error histórico que cometieron los chilenos en su relación con Perú y que hoy puede ser enmendado. Desde Chile se escucha el error de los gobiernos anteriores, o el error de este gobierno al permitir que la causa peruana llegue a una instancia internacional sin tener derecho. El error no solo es la marca de una decepción para alguien, sino que también un requerimiento de reparación; y es quizás ese el asunto.

En psicoanálisis el tema de las llamadas envolturas psíquicas es una concepción post freudiana, o post lacaniana si se quiere, con un fuerte acento en la filosofía y en el cruce con otras aproximaciones teóricas. Y a pesar de los rechazos que recibe por su poca ortodoxia, es capaz de darle una imagen espacial a algo que atañe a la experiencia de la singularidad, algo que no junta entre el sujeto y la carne, entre el uno y el otro, en el descalce de lo sentido cuando se integra el adentro y el afuera, el arriba y el abajo. Entonces aparece la imagen de un manto o una superficie de inscripción que envuelva, que recoja y sostenga trozos anhelantes y desunidos por la materia; dentro de ese manto aparece un deseo por historiarse.

La memoria entonces es un medio para poder repasar esas zonas interiores-exteriores y así la libido nos singularice, para que nos permita articular un cuerpo real lleno de pedazos en una experiencia de sujeto que pueda circular través del tiempo y del espacio.

¿Qué ocurre cuando un cuerpo por alguna razón es desmembrado? El sentimiento de singularidad corre peligro y es necesario entonces volver a historiarse envolviendo en una piel lo que contiene, a pesar de su amenaza permanente de desborde por su naturaleza irreconciliable. Esta tragedia del singular también es el fundamento del deseo, porque no solo debemos tener una causa sino que también un lugar y un tiempo que sea causado.

Si un cuerpo pierde una de las partes que constituían su integridad, no basta para el alivio del mutilado que el médico exponga con meridiana y paralela claridad lo irrevocable del proceso de la amputación, el efecto de vida normal que puede tener con alguna ayuda técnica. La rehabilitación física no es suficiente, debe haber una reparación psicosocial, y esto no es necesariamente una extremediad biónica gratis ni una millonaria indemnización, aunque sí podrían reparar en lo moral o en lo funcional. Lo que urge es una envoltura de la singularidad, y para eso es necesario volver a memorizarse con su historia de superficie, con sus espacios y tiempos, así este manto singular habilitará el levantamiento de esa cama en ese sujeto para ponerle el cuerpo a una causa de deseo.

Aunque parezca acrobático, lo que se discute en el tribunal de la Haya tiene mucha sintonía con estos avatares de la discapacidad. Perú perdió algo de su cuerpo producto de los malos negocios que los administradores propios y vecinos de turno hicieron antes de la guerra del pacífico. Hoy, igual que el médico que decide amputar, esta vez el jurista experto en derecho internacional (asociación ya con tanta tradición) es quien debe dirimir imparcial, suturar y dar las indicaciones profilácticas para que la respuesta de la demanda esté completa. Ya es sabido: quién perdió el combate político y militar debe asumir su mutilación con dignidad y gloria, sin reclamar.

Entonces un día una parte del Perú sangró, se agitó demasiado con sus viejos dolores de espalda, con sus retorcijones interinos, los cuales cada cierto tiempo se amarran al síntoma del siempre doliente órgano que no está.

La profilaxis de un tratado no historiza, no deja espacio para el repaso por el tiempo y el espacio propio, no permite quejarse de dolor, no permite la oportunidad de una envoltura que reanude el circuito cerrado y vital del cuerpo material; en este caso no hubo rehabilitación psicosocial, no hubo integración, siempre pasa, a la medicina también le pasa, al derecho también le pasa, esos lugares donde se concentra el poder y quienes lo toman nada quieren saber del efecto subjetivo de sus intervenciones.

Pero no son ellos los llamados a escuchar y reparar lo que se demanda, son los ciudadanos los que deben visitar los vestigios para volver a componer la historia, ya no se puede hacer peruano lo que es chileno, ya no puede seguir siendo peruano lo que habita en Chile, ya no puede ser chilena la soberanía sobre lo que se perdió y se llora. Ese dolor no es chileno, sí son chilenos los que crecieron en ese suelo rojo y que sienten arraigo por la comunidad que les dio un pacto social. Cuesta tan poco llamar a otros actores, cruzarse, no ser ortodoxos, encontrarse con el mal entendido; la verdad cuesta mucho hacerlo, nos cuesta tanto. También es difícil para el psicoanálisis, para nuestra nueva política latinoamericana, para nuestros queridos patriotas que amarran su cuerpo al territorio, para la masa de consumidores molestos, para el tumulto de jóvenes mal educados, para de las minorías en cautiverio.

28 de noviembre de 2012

El fin del mundo

Por Peter Molineaux

Dicen que viene el fin del mundo. Ya lo anunciaba uno de los calendarios Maya desde hace tiempo, poniendo la fecha del 21 de Diciembre de 2012 como último día. El año pasado se estrenó una película hollywoodense con el título "2012" en la que las aguas inundaban al planeta que quedaría despoblado de humanos. Un grupo de privilegiados logró, en la trama predecible del film, salvar de la catástrofe en un arca muy avanzada tecnológicamente.

En televisión se habla mucho, ya no solo en boca de Salfate. Dicen que lo confirma el Papa y una princesa japonesa. Las señales parapsicológicas también lo indican. Algo se viene. Para los más esperanzados es un cambio hacia un mundo mejor, para otros el Apocalipsis. Tres días de oscuridad. Abundarían las razones científicas: el magnetismo está cambiando, tormentas solares, mucho terremoto últimamente oiga.

En los últimos años nos han anunciado varias fechas para el día final, pero no ha pasado nada. Esta vez no será distinto y se reorganizarán las predicciones entorno a otra fecha futura medianamente verosímil. El 13 es un número malulo, así que el 2013 sí se viene el gran fin.

Si se ha repetido tantas veces el plop de una supuesta hecatombe ¿por qué se sigue creyendo que ahora sí va a pasar?

La posibilidad de que todos muramos produce grandes cantidades de angustia en buena parte de la población y tiene un alto costo en Salud Mental. ¿Por qué prosperan con tanta facilidad las hipótesis infundadas y con tan poca las explicaciones razonables? En algún lugar de los sujetos se logran alojar estos cuentos de destrucción masiva, fuego y miseria.

Luego de la Primera Guerra Mundial, Freud se preguntaba por la insistencia con que los recuerdos terribles y traumatizantes eran revividos por los soldados que habían padecido los horrores de la trinchera. El recuerdo del terror se repite, no se puede remover y se presentifica a cada instante. Se suceden las pesadillas. Se repite y se repite la misma secuencia espantosa. Compulsión a la repetición, la bautizó.

Esa constatación clínica se convertía en un problema para la teoría psicoanalítica que ya cumplía 20 años. Hasta ese momento, para Freud, las pulsiones de los sujetos eran gobernadas por el principio del placer, es decir que el aparato psíquico buscaba evitar el displacer y mantener un equilibrio a través de descargas de sus tensiones.

Producir y repetir representaciones dolorosas no sigue la lógica del placer y habla de una fuerza más oscura, llevando al inventor del psicoanálisis a revisar su teoría: usó el nombre pulsión de muerte. Con esa nueva elaboración, la pulsión (trieb), que en una de las traducciones aceptadas es llamada instinto, tiene como objetivo innato el retorno a un estado inanimado. Su versión erótica, la pulsión de vida, no sería más que un rodeo del instinto de muerte en su camino hacia su destino final: la descomposición.

Oscuros pensamientos de Sigmund: en lo más propio de lo vivo, en el instinto, está la inevitable dirección mortífera.

La repetición atolondrada de fechas para el fin del mundo es una expresión de la pulsión de muerte que nuestra cultura mediática y globalizada nos regala a diario. Si las civilizaciones por separado han dado curso a la muerte a través de ritos sacrificiales y promesas de tiempos finales, la cultura global toma de cada una de sus esquinas los relatos para abastecer el stock de predicciones cataclísmicas –los Maya, los Inca, los Celta, la Biblia. Y la ciudad global se asusta. Ya viene, ya viene, ya viene...

En ese trabajo de 1920, Más allá del principio del placer, Freud observaba a su nieto Ernst en uno de sus primeros juegos infantiles: el niño de dieciocho meses jugaba a tirar una bobina amarrada a un hilo dentro de su cuna pronunciando un esbozo de la palabra fort (lejos en alemán) y luego, al recuperar el objeto tirando del hilo, pronunciaba la palabra da (acá en alemán). Este juego permitía al niño soportar las horas de ausencia de su madre –muy angustiosas para los niños pequeños– otorgándole a él la conducción del destino de la aparición y la desaparición.

Como para Ernst, el juego de los inventos de fechas para el fin del mundo nos permite hacer de forma repetitiva un rodeo a la inevitable desaparición, vivida como un desamparo absoluto en la infancia muy temprana e instalada profundamente en nosotros por la pulsión de muerte.

Pero circular constantemente en torno a la muerte es una forma muy primitiva de tratar lo inevitable. Toca muy de cerca al agujero que es la angustia. Antes de morir, más que un rodeo repetitivo, la figura más conveniente sería quizás un arco, una parábola, un desvío por surcos más novedosos que anunciar y esperar el fin. En esta época de información inmediata y colmo de las necesidades al instante, la pulsión de muerte encuentra pocos caminos para recorrer antes de ejecutar su promesa. Se acabará todo y será muy pronto.

En la versión de la llegada de estas fechas como un cambio de época en la historia humana hay, sin embargo, luces de un arco más amplio, de un relato que sofistica la relación al agujero. Nuestra especie va camino a encontrar su lugar en el universo. Se viene un nuevo paradigma. Por esa vía quizás nuestra cultura global retome por un tiempo, siempre limitado, los pasos de Eros. Por la otra, aquella de la venta mediática siempre renovable de un día para la muerte, la angustia está demasiado cerca todo el tiempo.

21 de noviembre de 2012

El concilio chileno del Hospital Clínico UC: “Hospes Privatus”

Por Antonio Moreno Obando

Ayer se pudo observar a simple vista en nuestra ciudad la imagen de un trabajador del Hospital Clínico de la Universidad Católica crucificado en el frontis, como manifestación performática que representa sus demandas sindicales y morales. La crucifixión en una institución de inspiración católica no es un simple cartel; por momentos parece la expresión de una eterna dualidad, o trinidad si se quiere, que ha puesto en quiebre desde sus inicios el sentido del cristianismo y su cruz.

En el concilio de Efesto del siglo V después de Cristo, la suspicacia de Nestoriano hacía explícita la incómoda posibilidad de que Jesús tuviera dos naturalezas irreconciliables: humana y divina. Si bien se condenó con horror en ese momento la posibilidad de humanidad que Nestoriano vislumbraba, a partir del siguiente concilio de Calcedonia y luego todos los demás ecuménicos en occidente se vieron en la obligación de tomar esta dualidad e incorporarlas en una unidad, de partes escindidas, pero hechas uno por el espíritu santo. Esta fusión de dos características opuestas llamada unión hipostática, nos hace pensar en una sola persona que debe conciliar dos voluntades contrapuestas que se juntan en la carne de Dios que es su hijo.

Freud también pensó el Yo enfrentado a dos fuerzas opuestas, lo que se debe hacer como requerimiento externo y las pulsiones pujantes con su incansable requerimiento de descarga desde el interior. Freud llamaba a esta incomodidad vasallaje, o luego malestar en la cultura. Desde entonces para un neurótico es posible esa contradicción y en su dialéctica poder sostener una relación transferencial con su analista que permita su cura, en el sentido clínico desde luego. Pero en la doctrina apostólica nunca ha logrado descansar este vasallaje que también sufre.

La Pontifica Universidad Católica de Chile basa su Plan de Desarrollo en la constitución apostólica redactada por Juan Pablo II a principios de los '90 Ex Corde Ecclessiae que define una institución académica católica como “una comunidad académica, que, de modo riguroso y crítico, contribuye a la tutela y desarrollo de la dignidad humana y de la herencia cultural mediante la investigación, la enseñanza y los diversos servicios ofrecidos a las comunidades locales, nacionales e internacionales.”

En este mismo sentido es conocida la vocación de servicio y solidaridad que prestan algunos alumnos de pregrado, que inspirados por estos lineamientos UC desde la pastoral o desde organizaciones estudiantiles generan acción social. Pero más allá de la mística juvenil, campamentos y vida universitaria, instancias cruciales para el país como la atención en salud masiva desde un Hospital Clínico de la misma universidad no necesariamente sostiene su misión organizacional del mismo modo.

Klinike es aquello que se hace al pie de la cama, lo que se hace con aquel que esta por alguna razón inclinado, quebrado en su verticalidad bípeda. La clínica desde siempre ha conservado un sentido de hospedaje, el hospes que necesita aquel semejante que pasa por el camino acongojado de cuerpo y espíritu, el que no puede seguir, el enfermo que representa Cristo en la cruz, no importa de donde venga ni hacia donde se dirija.

Pero la inserción del Cristo crucificado en el mercado chileno, ha obligado a nuestros feligreses del capital y guardianes del magisterio a competir para liderar el mercado de los despojados. Las condiciones de la oferta en salud de este modelo nos devuelve al problema Nestoriano, hace un corte sagital a la unión hipostática para encontrar el empuje emprendedor del Cristo hombre, su liderazgo, sus habilidades blandas, su managment, su orientación hacia los resultados, su eficiencia y eficacia. Entonces los espíritus de los caminantes de nuestra urbe son demandas de mercado y sus padeceres son cuantificables en costos y mensurables en insumos y retornos de capital. El hospes se vuelve privatus, vale decir, privado, es un hospedaje que priva a los que no tienen lo suficiente, que debe poner su práctica al pie de la cama no como un fin sino como un medio para conservar su plan de negocios, para no claudicar en su estrategia de capitales, y así estar a la altura de la feroz competencia laica que asecha.

Del Ex Corde Ecclessiae a la Integración vertical económica a la que se refería esta semana Matías Goyenechea. Estrategias corporativas que sostienen sus utilidades en una cadena jerárquica de necesidades que protege al usufructo bajo su alero, con un paternalismo firme pero considerado; este modelo que tanto acomoda a la familia tradicional chilena del latifundio. Acá sí importa de dónde venga la gente que se hospeda, y por su puesto la fidelidad que tengan sus trabajadores a los intereses del dueño del capital, los cuales deben poner su honestidad y vocación al servicio del poder del amo para que los proteja con su potentado prestigio en cada currículum vitae.

La misión académica católica de la constitución apostólica no es competitiva porque está inspirada en la santidad, en esa inspiración que tiene su recompensa en el reino de los cielos. La investigación clínica, la docencia, la vocación de servicio y el involucramiento en los severos problemas de atención en salud de nuestro desigual país no constituyen un mercado suficientemente atractivo para inversiones con la marca de Jesús.

Es inquietante ver la imagen de un servidor de Cristo por ser, se quiera o no, trabajador de una institución de Cristo, crucificado por la dignidad de un reajuste salarial. Quizá si el viejo difisismo de la primera Iglesia hubiese prevalecido, tendríamos hoy la misma Iglesia pero más integrada a las ficciones de la carne y sincera con su voluntad mundana que por naturaleza no logra empalmar totalmente en el verbo divino: teniendo sexualidad, pudiendo generar emprendimientos y utilidades sin hacer penitencias, aceptando el pecado como una posibilidad. Así también podrían darles al fin su propio espacio a los que no necesitan ser líderes ni tener management para buscar su verdad lejos de lo suntuoso.

En estos tiempos queda claro que la ilusión apostólica romana de que existe una sola cruz no se sostiene y deja en evidencia a la nueva subjetividad ciudadana que la doctrina lejos de regular, funciona como un buen pretexto para dejar bajo la alfombra el exceso contra el que tanto han combatido.

12 de noviembre de 2012

Su Excelencia

Por Peter Molineaux

Con la salida de los ministros presidenciables de La Moneda y el inicio apurado de la campaña por definir al candidato de derecha, el presidente arriesga quedar en posición de lo que se ha llamado "el pato cojo." Este término, traducido del inglés lame duck, implica que un personaje saliente de su cargo y sin posibilidades de ser reelecto pierde poder en la esfera política porque las apuestas se hacen por los futuros ocupantes de su puesto.

Para evitar el cuak cuak, Piñera está intentando dar un último impulso a su reacomodado gabinete: terminar bien nuestro gobierno para asegurar un segundo período a la Alianza. Un gabinete fuerte le ayudaría a esconder la patita coja tras la idea de que sus ministros podrían continuar en el centro del próximo gobierno y que él podría ser de alguna influencia en el éxito del candidato de su coalición. Terminar con la frente en alto. De cualquier forma, la proclamación de Golborne y Allamand como candidatos marca el inicio del fin del gobierno actual.

Es tiempo de evaluar, de mirar hacia los últimos tres años...

Había un hombre exitoso, un multimillonario que además había sido senador y candidato presidencial. Había una figura política que aparecía en las encuestas como el único capaz de arrebatarle el poder ejecutivo a la Concertación. Un hombre hábil, un líder que hizo fortuna pensando un paso más adelante que tu y yo. Era un hombre de centro, de ideas modernas, de los pocos de su Alianza que podían ostentar la medalla de haber votado por el NO.

Y le ganó la elección al fome de Frei. Se venía un Gobierno de Excelencia, por fin la eficiencia del mundo privado empresarial iba a traer su éxito al burocrático y anticuado mundo público. Se les acabó la fiesta a estos zurdos flojos cantaban los trolleos.

¿Terremoto? No importa. Haremos más en 20 días que lo que hicieron los otros en 20 años. Chaquetas rojas, rebranding: el Gobierno es una marca renovada.

A pesar de la buena publicidad, duró poco la luna de miel entre el presidente y un país supuestamente unido por la tragedia. Críticas de un lado: es un gobierno con letra chica. Del otro: no hay conducción política entre ministros técnicos.

Bielsa lo esquiva en el saludo, él le dice "loco." La presión aumenta para que se deshaga de todas sus acciones, ¡las de Colo-Colo también!

Aparecen los tics, se suceden los marepotos. Los 33 mineros recuperaron la esperanza de tener un gobierno exitoso y popular tras la apuesta firme del presidente por salvarlos. Tiempos de gloria. Pero el gesto de Cecilia pidiéndole que guarde el papelito representó a todo el país que ya estaba fascinándose con el carismático, sonriente y sobrecogedoramente neutro Ministro de Minería. Golborne se mantenía sobre el 75% y Piñera iba cayendo estrepitosamente al enredarse en el rumor de que algo tuvo que ver con la partida del director técnico rosarino de la selección de fútbol. Finalmente el estallido social lo puso en un jaque ideológico del que nunca pudo salir.

La imitación de Kramer caricaturiza algo que todos vemos. El gesto corporal de incomodidad, de no estar bien puesta la ropa, ese tic que parece significar que quiere zafar, soltarse, pero que no puede. Los franceses dicen être mal dans sa peau, estar mal en la propia piel. ¿Qué le pasó a Piñera con la piel de presidente?

Primero habría que saber por qué ese hombre rico, influyente, una de las fortunas del país, quiso ser presidente. "Por vocación de servicio público," dirá. Bueno, eso no existe. Existe el narcisismo, el deseo, las pulsiones, los sueños. Cosas así. Es difícil saber lo que quería con la presidencia, incluso para él mismo. Lo que sí sabemos es que algo de lo que buscaba Sebastián Piñera en ser presidente no fue encontrado. O que se encontró con algo que no quería. Eso muestran sus gestos automáticos y sus lapsus.

Cuando Ollanta Humala visitó Chile como presidente electo, Piñera le dijo que esa etapa–la de ser presidente electo–era la mejor parte de la presidencia. Esa es la etapa en la que se goza del título pero no de la responsabilidad. Soy el elegido, el primer pato de la fila. En su otro momento alto, cuando se rescató a los mineros, el presidente se paseó con piedras de allá abajo entre jefes de estado de allá arriba. Una piedra pa' la reina. Soy el de las primeras planas de los diarios del mundo. Éxito. Chile über alles.

En la hiperactividad del éxito tras éxito, él parece estar bien. Para eso fue elegido, para transmitir su éxito privado a todo el país. Bajo su liderazgo íbamos directo al desarrollo antes del final de la década. Pero en lo público su liderazgo menguó porque en lo público ese deseo galopante de éxito se encuentra con la muralla del otro. En lo privado importa uno. En lo público hay otro, mucho otro.

En el mundo del business hay que seducir al otro para que compre o para que venda a buen precio. Simpático en las reuniones, firme en las negociaciones con los objetivos claros más allá de lo que quiera el otro. Y si no quiere, no hay negocio. Ser ejecutivo en lo privado es ser rápido, efectivo, asertivo. Arremangarse las mangas de la camisa y trabajar 24/7. En lo público, ser gobierno–el Ejecutivo–es tener cuidado con los tiempos, no decirlo todo, reunirse antes de tomar decisiones. Quedarse quieto con la banda puesta solemnemente mientras habla el otro.

Sebastián Piñera fue muy exitoso al ritmo de los deseos privados puestos a conquistarse 24/7, pero el compás público lo deja con el paso atorado, con ganas de salir a bailar a su acelerado tempo. La pulsión busca los caminos y Su Excelencia los bloquea. El cuello se retuerce, tu-sunami.

En este último tercio de presidencia La Moneda se juega por posicionar los éxitos de este gobierno en la consciencia pública. Post-natal de 6 meses, inscripción automática y voto voluntario, reforma tributaria... Luego, el impopular Primer Mandatario podrá pasar al fin a la esperada comodidad de ser ex-presidente y a recuperar sus bienes privados. Está por verse qué será de los ritmos de sus pulsiones en esa nueva posición que en primera instancia parece ofrecerle una cierta ecualización entre lo público y lo privado, entre lo del Otro y lo de Uno: una patita adentro, otra afuera. Está por verse, también, si baila como pato cojo en estos meses que quedan o si flota como pato en el agua sobre los logros que vaya recordándonos junto a su gabinete de cierre.